La paciente es atendida en el Instituto Nacional de Oncología y Radiobiología. / Instagram
La paciente es atendida en el Instituto Nacional de Oncología y Radiobiología. / Instagram

Esperanza de una niña frente al bloqueo

Una paciente pediátrica es atendida mientras su familia enfrenta viajes constantes y escasez de recursos en medio de un sistema sanitario tensionado por el bloqueo


Una niña es operada de cáncer. Con ella también es operada la política rota, la hostilidad ambiciosa. La pequeña es atendida en el Instituto Nacional de Oncología y Radiobiología (INOR), en Cuba. Su mamá, Solanch Pupo Pompase, viaja constantemente desde la Isla de la Juventud para garantizar que su hija reciba tratamiento. Cada traslado es un desafío, cada kilómetro depende de un recurso que escasea.

“Yo soy natal de la Isla de la Juventud; viajé a La Habana en avión… me preocupa el combustible, me preocupan los medicamentos para estos niños, hay medicamentos que son muy necesarios”, relató en entrevista para la serie Asfixia, de Naturaleza Secreta y Mundo Latino.

Su historia revela que detrás de las sanciones hay vidas reales: familias que sostienen tratamientos complejos y niños que enfrentan enfermedades graves en condiciones difíciles.

El equipo médico del INOR atiende casos pediátricos de alta complejidad en medio de limitaciones técnicas y materiales. / Instagram

En el sistema sanitario cubano, los equipos médicos y de enfermería del INOR trabajan en medio de escasez de recursos. La doctora Mariuska Forteza Sáez, jefa del servicio de Oncopediatría, describía en la misma serie una rutina marcada por interrupciones eléctricas y limitaciones técnicas. Durante la entrevista, un corte de fluido eléctrico interrumpió la grabación, mientras una bomba de infusión dependiente de la electricidad dejaba de funcionar.

Cada año, en Cuba, entre 350 y 400 niños y adolescentes son diagnosticados con cáncer. Los casos más complejos llegan al INOR, donde los equipos médicos enfrentan además la escasez de piezas de repuesto, la obsolescencia tecnológica y la dificultad para acceder a medicamentos e insumos de última generación.

En un contexto marcado por el recrudecimiento del bloqueo económico, comercial y financiero de Estados Unidos, el sistema de salud cubano enfrenta afectaciones derivadas de una política de cerco que acumula pérdidas por más de 4 183 millones de dólares en el sector.

El pasado 29 de enero, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó una orden ejecutiva que facultó a Washington a imponer aranceles a bienes procedentes de países suministradores de petróleo a Cuba, lo cual agrava el impacto de las sanciones económicas ya existentes sobre la economía y la vida cotidiana del país.

La inestabilidad del sistema eléctrico afecta la continuidad de tratamientos como la quimioterapia y el funcionamiento de equipos vitales, entre ellos las bombas de infusión.

Restricciones previas complicaban los pagos internacionales y llevaban a proveedores médicos estadounidenses y europeos a suspender contratos, lo que profundizaba estas limitaciones. Sería inexacto e irresponsable atribuir todos los problemas no resueltos exclusivamente al bloqueo. Existen errores, limitaciones y deficiencias internas, inherentes a cualquier sistema complejo.

No obstante, no puede ignorarse el impacto del castigo impuesto por EE. UU., en un sistema de salud que, en décadas anteriores, logró indicadores destacados: la mortalidad infantil en Cuba se situaba en niveles comparables a los de países desarrollados, y la relación de médicos por habitante figuraba entre las más altas del mundo.

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