Plenas satisfacciones siente una de las figuras más representativas de la cultura cubana, nuestra Omara Portuondo, reconocida en Cubadisco con el Premio a la obra de toda la vida
Espléndida, cálida, seduce, incluso en silencio la expresión invita al disfrute emocional de una gran artista cubana reconocida allende los mares. En la reciente edición de Cubadisco recibió el Premio a la obra de toda la vida. Precisamente, lideró en los festejos el fonograma Vida, diseñado y producido por la cantautora guatemalteca Gaby Moreno. En esta propuesta confluyen comuniones entre notables figuras y la Omara Portuondo de siempre. Es imposible resumir el acervo reunido en 11 canciones parlantes de ritmos, melodías y sabias palabras. Nada sustituye escuchar junto a la magistral intérprete los acompañamientos de Rubén Blades, Susana Baca, Natalia Lafourcade, Gonzalo Rubalcaba y Raphael. El complejo nexo entre el jazz vocal y la música popular nutren el caudal de cada existencia sin límites de épocas o fronteras.
“Esto es lo mío, la música, cantar”, confiesa Omara.
Historia y contemporaneidad resplandecen en dotes añejadas durante 70 años de carrera profesional. Es la “novia del filin” y “la diva de Buenavista Social Club”. Ambas experiencias validan su ejecutoria. En el fonograma defiende contra olvidos y ausencias la canción romántica, el son y el bolero, géneros representativos de la música popular.
Sin alardes gratuitos impresiona por la voz inconfundible, comunicativa. Vívidas experiencias le permiten llegar lozana, atrevida, al siglo XXI. Nunca olvida la orquesta Anacaona, ni al cuarteto de Aida Diestro, pues fue una sólida escuela en la proyección escénica.
Ningún logro llega de la noche a la mañana. Sentir los procesos en el alma y la conciencia le permiten decir como nadie más el precioso tema del disco Merecer la vida es erguirse vertical. Más allá del mal, de las caídas.

Sin duda, emerge del fonograma galardonado una filosofía de larga data. La hace recordar tantos nombres que le enseñaron la versatilidad, el perenne acto de decir algo nuevo. ¿Ejemplos? El maestro Adolfo Guzmán: “En él coincidían la caballerosidad, el rigor, transmitía paciencia, te miraba a los ojos. Otros imprescindibles, amigos entrañables, José Antonio Méndez y César Portillo de la Luz aportan calidad artística a mi repertorio. Debo agradecer a tantos ilustres cubanos. Alberto Vera me entregó canciones bellísimas, una de ellas, Lo que me queda por vivir, renació en Vida, junto a Raphael y la Faílde.
Otro imprescindible, Juan Formell, fundador de la orquesta Los Van Van, mantiene el ángel de la permanencia. Su canción Y tal vez descuella entre los clásicos. “Me emociona cantarla. Los jóvenes deben conocer lo bueno y lo bonito de nuestro país”, aprecia.
Omara acepta desafíos posibles e imposibles. Menciona el Festival Artes de Cuba en el Centro Kennedy de Washington. “Aunque he cantado en inglés, siento la cubanía. Viajo por el mundo llevando en el corazón el arte de compositores inspirados en el amor, las nostalgias, los sueños, la alegría, las pérdidas”.
Estremece mientras entona a capella La era está pariendo un corazón. La pasión y el gozo la animan. “Me gusta haber nacido en nuestra tierra donde crecen los aplausos y las muestras de cariño. Tal vez, por eso, prefiero el espectáculo en vivo, que siempre se graba. Suelo revivir ese momento al pasar el tiempo. En las giras comparto lo aprendido, las riquezas de los géneros musicales, y la intensidad de tantas maravillas. De ellas forma parte mi hijo Ariel Jiménez. Dice que soy su inspiración. Y él, definitivamente, es la mía”.





















