La búsqueda de alternativas ante la desigualdad y presiones imperiales reúne a 1 500 delegados de 63 países en la capital cubana. / Yasset Llerena
La búsqueda de alternativas ante la desigualdad y presiones imperiales reúne a 1 500 delegados de 63 países en la capital cubana. / Yasset Llerena

Fidel convoca

El I Coloquio Internacional “Fidel: legado y futuro” responde al imperativo ético y político de no dejar morir el pensamiento y la obra del Comandante en Jefe en el año de su centenario

Por. /Héctor Alejandro Castañeda Navarro y Ricardo Gómez

Fotos. / Yasset Llerena


Cien años son, en la escala de la historia, apenas un instante; pero en la vida de una nación representan el umbral exacto para medir la continuidad de una idea. Con esa certeza como punto de partida, el I Coloquio Internacional “Fidel: legado y futuro” abre sus puertas en La Habana para proyectar la herencia intelectual del líder cubano hacia las encrucijadas del siglo XXI, articulando una respuesta colectiva ante los desafíos de un mundo unipolar.

Convocado por el Centro Fidel Castro Ruz en coordinación con diversas instituciones académicas y culturales de Cuba, el evento reúne en el Palacio de Convenciones a más de 1 500 delegados de 63 países -de los cuales más de un millar son extranjeros.

Paneles, presentaciones de libros y foros temáticos complementan el intenso programa de trabajo desarrollado durante la cita internacional.
El análisis del ideario martiano como raíz ética del pensamiento de Fidel integró los debates teóricos del Coloquio.

Entre los asistentes se cuentan historiadores, investigadores, politólogos, líderes sociales, diplomáticos, periodistas y comités de solidaridad de distintas latitudes, quienes participan en paneles, talleres, foros y presentaciones de libros, al tiempo que un programa de actividades colaterales se extiende por otros espacios de la capital.

Durante la primera jornada destacaron los paneles “José Martí en Fidel Castro. Ética, valores y formación humana”, “Fidel: Juventud y Guerra de Liberación”, “Raíces históricas, pensamiento y liderazgo en la Revolución cubana” y “Fidel, visión de país”. De igual modo, concentraron la atención los espacios dedicados a la dimensión internacional, entre ellos “Raíces históricas y fundamentos del internacionalismo fidelista” y “Fidel y el mundo: miradas cruzadas”.

El evento llama la atención por su articulación generacional. Junto a las voces veteranas que compartieron batallas con el Comandante en Jefe, resalta el protagonismo de estudiantes, comunicadores y jóvenes académicos; un empuje que asume el relevo indispensable que precisa su obra para seguir latiendo.

Delegados de todo el mundo mostraron su agradecimiento al modelo humanista cubano, que continúa enarbolando la solidaridad pese a los desafíos que enfrenta.

La dimensión de un siglo

Durante el discurso de apertura, René González Barrios, director del Centro Fidel Castro Ruz, instó a los presentes a apoyarse en la obra fidelista como herramienta analítica para hallar respuestas a las batallas contemporáneas y edificar, desde la acción colectiva, un futuro que pertenece por derecho a nuestros pueblos.

A la apertura del Coloquio asistió el primer secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, junto a los miembros del Buró Político: Esteban Lazo Hernández, presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular y del Consejo de Estado; Manuel Marrero Cruz, primer ministro de la República; Roberto Morales Ojeda, secretario de Organización del Comité Central del Partido, y Bruno Rodríguez Parrilla, ministro de Relaciones Exteriores, así como otros invitados.

La participación de estudiantes, comunicadores y jóvenes investigadores marcó el debate generacional sobre la vigencia del legado de Fidel Castro Ruz.

Díaz-Canel hizo un recuento de la huella del líder histórico de la Revolución Cubana en varios ámbitos, destacando su preocupación por el bienestar de los pueblos, el internacionalismo, la lucha por un mundo mejor y contra la globalización neoliberal, la preservación del medioambiente y la importancia de poner la ciencia al servicio de todos.

“Porque en Fidel Castro Ruz encontramos una escuela solemne de trabajo revolucionario: estudiar, analizar, prever, escuchar al pueblo y actuar con audacia y honestidad”, expresó.

Recordó cómo Fidel dirigió los destinos de Cuba con una coherencia sin paralelo en la historia contemporánea: no fue solo un dirigente y un líder, sino un trabajador incansable, un estudiante permanente, un orador capaz de mover multitudes y un estratega anticipado al futuro.

Asimismo, rememoró los diagnósticos y propuestas realizados por Fidel Castro en su alegato de defensa tras los asaltos a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes en 1953, cuando diseñó los pasos a dar en la reforma agraria, los derechos laborales, la reforma urbana, la confiscación de bienes mal habidos y la participación industrial. Se refirió también a la manera de articular la lucha armada con la construcción económica y la forma de convertir la soberanía en propiedad colectiva.

El primer secretario del Partido explicó cómo Fidel demostró en 1961, con el triunfo de Playa Girón, que un pueblo armado y consciente puede derrotar al imperialismo. Amplió acerca de la manera en que esas ideas alumbran el actuar de los cubanos de hoy en medio del recrudecimiento del bloqueo económico, financiero, comercial y energético ejercido por Estados Unidos y sus gobiernos aliados, convencidos de que la lucha es el único camino a la victoria.

El jefe de Estado, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, enfatizó que la inteligencia colectiva del pueblo cubano se impone a las presiones económicas y financieras externas.

Ante más del millar de delegados presentes, el jefe de Estado repasó el severo impacto de lo que calificó como un genocidio milimétricamente calculado contra áreas vitales de la nación: la salud, la educación y el sector energético. En su intervención, expuso realidades complejas, entre ellas, la disponibilidad reducida a apenas un 30 por ciento del cuadro básico de medicamentos, las presiones contra empresas navieras para frenar la llegada de insumos esenciales, la inflación, la escasez de combustible y los constantes cortes del servicio eléctrico. Sin embargo, enfatizó que estas agresiones no han logrado ni lograrán doblegar la voluntad del pueblo cubano, aseverando que “la resistencia no es pasiva, es activa” y recalcando que la inteligencia colectiva siempre superará los recursos financieros de cualquier imperio.

Frente a esta política de privaciones, el Presidente contrapuso las conquistas sociales y la capacidad de la estructura socialista para proteger al ser humano aún bajo condiciones de cerco total. Como evidencia de un modelo estatal que mantiene los medios de producción en manos del pueblo y rechaza las fórmulas de privatización a ultranza, destacó la reciente incorporación de 30 185 jóvenes graduados universitarios, entre los cuales figuran 735 profesionales procedentes de 62 naciones –incluidos 23 médicos palestinos y 5 estadounidenses formados en las aulas cubanas.

En este marco, trazó cuatro tareas estratégicas fundamentales para la labor de los delegados. La primera llama a difundir la verdad superando el monopolio mediático y combatiendo el analfabetismo tecnológico para visibilizar tanto las dificultades cotidianas como las victorias de la nación. La segunda exige articular redes efectivas que trasciendan el discurso y se concreten en campañas de denuncia contra el bloqueo, alianzas de cooperación científica y esquemas de comercio justo. La tercera premisa, instó a profundizar en el pensamiento crítico, recordando que Fidel Castro dejó preguntas abiertas para que las nuevas generaciones aporten respuestas en materia de poder popular digital, autonomía territorial y resiliencia ante el cambio climático. Por último, la hoja de ruta enfatiza la urgencia de fortalecer la unidad, superando divisiones secundarias dentro de los movimientos progresistas para concentrar el esfuerzo colectivo en la lucha contra el imperialismo.

Al abordar la dimensión socioeconómica, situó a la juventud como el motor impulsor sobre cuyos hombros descansa la continuidad y la transformación del proyecto social cubano. Precisó que el desafío económico central radica en producir riquezas para redistribuirlas con justicia social, lo que requiere actualizar el modelo mediante una articulación eficiente entre la empresa estatal socialista y el sector no estatal. Esta integración busca dinamizar la economía y preservar las conquistas revolucionarias sin instaurar el capitalismo ni ceder la soberanía nacional.

En este escenario, convocó a las nuevas generaciones a asumir frentes estratégicos como la transición energética hacia matrices eficientes, la sustitución de importaciones para reducir la dependencia externa y la preparación para la defensa nacional, ratificando la vigencia de las palabras del Comandante en Jefe al afirmar: “Creer en los jóvenes es ver en ellos responsabilidad, pureza y heroísmo”.

Concluyó su discurso reafirmando la convicción de victoria y la fe en la capacidad de superación del pueblo ante los escenarios de asfixia económica, sentenciando ante el auditorio:

“El futuro no está escrito. Sí, el imperio es poderoso, pero la historia está del lado de los pueblos. Cada acto de supervivencia diaria es una victoria anticipada contra la asfixia. Se demuestra en cada niño que aprende a leer, en cada campesino que cultiva con agroecología, en cada científico que investiga sin patentes mercantiles y en cada madre que defiende a sus hijos en un país de paz”.

Las reflexiones expuestas durante la jornada encontraron eco en oradores de disímiles naciones de América Latina, Europa, Asia, Oceanía y África, quienes manifestaron la trascendencia mundial de la obra y el ejemplo del líder cubano.

Sobre esas temáticas giraron los contenidos de las ponencias presentadas en los paneles, las cuales estuvieron antecedidas por debates en provincias, instituciones, organismos y organizaciones durante el año del centenario del natalicio del Comandante en Jefe.

En los salones del Palacio de Convenciones, frente a los delegados, ondeaban las banderas defendidas por ellos, acompañadas de boinas verdes y pañuelos rojos: la expresión viva de los sueños, la ética y el ejemplo de un hombre cuyo legado permanece indeleble.

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