¡Gloria a nuestros combatientes! Aquella madrugada del 3 de enero pareció interminable. En poco más de dos horas de desigual batalla, perdieron la vida 32 cubanos. Ahora, el Olimpo se apresta a recibir las almas de los héroes que tornaron la penumbra en luz, porque brillarán en la eternidad como soles infinitos
Fotos. / Gilberto Rabassa
De la misma forma que el 3 de enero mostró al mundo la resistencia y coraje de un grupo de combatientes cubanos, honorables y dignos, este día 15 nos permitirá reiterar aquella frase de Fidel pronunciada durante el sepelio de las víctimas del sabotaje a la nave de Cubana de Aviación, el 6 de octubre de 1976: “Cuando un pueblo enérgico y viril llora, la injusticia tiembla”. En ocasiones como esta, el llanto, más que tristeza, expresa resolución, el grito silencioso, la denuncia a la barbarie que pretende establecerse en la Tierra. Y, sobre todo, un llamado de alerta: los hechos de la República Bolivariana de Venezuela, son una amenaza contra toda la Humanidad.
Hoy el duelo está con nosotros. Acompañamos en su dolor a las madres y padres que perdieron a sus hijos; a las esposas y novias, que han visto desvanecerse los planes para el regreso; a los hijos que no pueden entender semejante injusticia y la falta de acción de gobiernos a los cuales pudiera suceder lo mismo que a Venezuela. Tanta tristeza nos hermana, porque no solo se enfrentaron al imperio para defender la causa bolivariana, sino también la nuestra -con el pueblo acosado y amenazado desde el triunfo mismo de la Revolución y apretando cada vez más fuerte bloqueo- porque el enemigo principal de todos los pueblos que han decidido forjar sus destinos, sin injerencias, es el mismo, que hoy se jacta al señalar y pronosticar plazos para doblegar a las futuras víctimas.

En su informe central al I Congreso del Partido Comunista de Cuba, celebrado entre el 17 y el 22 de diciembre de 1975, el Comandante en Jefe Fidel Castro se refirió a la sempiterna aspiración del imperio de anexarse a Cuba, como expresión lógica -según ellos- de los principios del “destino manifiesto” que Estados Unidos se consideraba llamado a jugar en este hemisferio.
Hace medio siglo, cuando se celebró el importante foro, de los 32 miembros del Ministerio del Interior (Minint) y de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), caídos en desigual combate, el 3 de enero último, solo 14 habían nacido. El mayor era el coronel Humberto Alfonso Roca, quien tenía 17 años; y el menor, el capitán Bismar Mora Aponte, con apenas meses de vida.

Las Fuerzas Armadas Revolucionarias y el Ministerio del Interior, dijo Fidel en el informe: “han jugado un papel excepcional en estos años heroicos: el Ejército Rebelde fue el alma de la Revolución. De sus armas victoriosas emergió libre, hermosa, pujante e invencible la patria nueva. Sus soldados reivindicaron la sangre generosa vertida en todas las contiendas por la independencia y, con la suya propia, cimentaron el presente socialista de Cuba.
Cuando la reacción y el imperialismo comenzaron a golpear con amenazante fuerza las primeras obras del pueblo abnegado y humilde, que se empeñaba en construir una sociedad justa, fue “el Ejército fue factor de cohesión y unidad de todo el pueblo y garantizó el poder de los trabajadores y la existencia de la Revolución”.

Herederos de sus mayores de las FAR y el Minint, y de las mejores tradiciones de este pueblo, son los combatientes a los que honraremos hoy y siempre. Ejemplos de modestia, abnegación y fidelidad a su revolución. Hermanos de ideales, simbolizan la
los sentimientos de solidaridad, desinterés y compañerismo. En cumplimiento de sus deberes internacionalistas, no vacilaron en hacer frente a la intromisión imperial, sin medir que el precio podía ser el de sus vidas. Y las ofrendaron de forma valiente y generosa para que el mundo no prescinda de la fraternidad y justicia.

Ahora, el Olimpo se apresta a recibir las almas de los héroes que tornaron la penumbra en luz, porque brillarán en la eternidad como soles infinitos. Ellos nos llevan a recordar el criterio martiano que expresa: “Cuando hay muchos hombres sin decoro, hay siempre otros que tienen en sí el decoro de muchos hombres. Esos son los que se rebelan con fuerza terrible contra los que les roban a los pueblos su libertad, que es robarles a los hombres su decoro. En esos hombres van miles de hombres, va un pueblo entero, va la dignidad humana”.



















