Foto. / cubadebate.cu
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Homenaje al heroísmo

 El patriotismo y el internacionalismo, dos de los más hermosos valores que han sido capaces de crear los hombres, se unieron para siempre en la historia de Cuba


El Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, hace 35 años, pronunció un discurso equivalente a una clase magistral sobre los sentimientos que laten en los corazones de las personas agradecidas, cuyo contenido es digno de ser retomado.

Lo hizo en circunstancias de una visible emoción imposible de ocultar, en uno de los rincones más solemnes del país, lugar en el que descansan los restos mortales del Titán de Bronce Antonio Maceo y su ayudante, Panchito Gómez Toro, hijo del Generalísimo Máximo Gómez. Es el Cacahual, en Santiago de Las Vegas, municipio habanero de Boyeros, donde una representación de nuestro pueblo despedía a los combatientes caídos en Angola y otros confines del orbe.

“La Revolución no vaciló en arriesgarlo todo”, declaró Fidel en su magistral discurso el 7 de diciembre de 1989, ante el panteón del mausoleo que guarda los restos mortales de Antonio Maceo y Panchito Gómez Toro, en El Cacahual. / cubadebate.cu

En el acto político Fidel pronunció un revelador discurso que formó parte de la Operación Tributo, el mejor nombre que pudo dársele al programa conmemorativo concebido, primero para recibir y luego a la hora de despedir a los valientes internacionalistas, antes de ubicarlos definitivamente en los nichos de un selecto e íntimo monumento donde descansan inolvidablemente.  

El jefe de la Revolución Cubana habló de una manera visiblemente apasionada, como si estuviera refiriéndose a un grupo muy querido integrado por sus padres, sus hijos, sus hermanos, amigos y demás familiares entrañables.

Utilizó expresiones hasta poéticas, acordes con la fecha exacta señalada por el calendario en aquel instante, el 7 de diciembre de 1989.

A partir de aquel oportuno y merecido acto público de homenaje transmitido a Cuba entera y a todos los sitios donde llegaba el mensaje de la Revolución, la fecha escogida se convirtió en un día de perenne recordación a los que entregaron su vida con decisión y honor, no solo en defensa de un pueblo y una tierra amiga, sino también de los demás. Martí lo había dicho: “Patria es humanidad”. Y ellos viajaron rumbo a esos lugares remotos como si fueran a pelear por su propia Patria. Nuestro himno nacional lo enfatiza: “Morir por la Patria es vivir”.

Pedimos permiso para utilizar una frase dicha por un compañero oficial de las Fuerzas Armadas Revolucionarias cuando personalmente escuchó el inolvidable discurso. Ese militar amigo nos confesó lo siguiente: “Nos pareció ver a Fidel haciendo un esfuerzo grande en aras de controlar las lágrimas. Nos vino a la mente aquel bolero cubanísimo donde se afirmaba: “Lágrimas de hombre, que son tan amargas, por estar condenadas a nunca brotar”.

El máximo líder, en su discurso expresó con firmeza: “Creía el enemigo imperialista que ocultaríamos las bajas en Angola, la misión más prolongada y compleja, como si fuera una deshonra o una mancha para la Revolución. Soñaron durante mucho tiempo que resultaría inútil la sangre derramada, como si pudiera morir en vano quien muere por una causa justa. Mas si solo la victoria fuese el vulgar rasero para medir el valor del sacrificio de los hombres en sus nobles luchas, ellos regresan, además, con la victoria. Los espartanos decían: ‘Con el escudo o sobre el escudo’. Nuestras tropas gloriosas regresan ahora con el escudo”.

La Operación Tributo evocada hoy, a 35 años, no podemos soslayarla, por ser aquella actividad impostergable, sincera, honesta, honrosa y enaltecedora, entre otras cosas, porque Martí nos legó esta humanísima sentencia: “Honrar, honra”.

Precisamente el tributo de aquella operación surgió de la idea de Fidel, de su cubano corazón, “el único músculo sonoro, la única maquinaria que sufre”, como escribiría con curiosa razón un poeta.

Por ser así, el artífice tenaz y audaz de nuestra libertad y soberanía, expresó con la fuerza de su corazón de patriota: “La Revolución no vaciló en arriesgarlo todo. Cuando las amenazas imperialistas contra nuestra propia Patria eran más grandes, no vacilamos en enviar al Frente Sur de la República Popular de Angola muchos de nuestros más modernos y certeros medios de combate. Más de 50 000 combatientes cubanos se reunieron entonces en aquella nación hermana, cifra verdaderamente impresionante si se tiene en cuenta la distancia a recorrer, el tamaño y los recursos de nuestro país. Allí se logró una notable hazaña de nuestras gloriosas Fuerzas Armadas Revolucionarias y de nuestro pueblo. Pocas veces se ha escrito una página igual de altruismo y solidaridad internacional”.

Y recalcó más adelante en su rotundo mensaje de lucha: “La Revolución no se puede importar ni exportar. Un Estado socialista no se puede fundar por inseminación artificial o simple trasplante de embriones. La Revolución es igualmente un proceso en que se puede avanzar o retroceder, que incluso se puede frustrar. Pero un comunista, ante todo, tiene que ser valiente y revolucionario. El deber de los comunistas es luchar en cualquier circunstancia, por adversa que sea. Los comuneros de París supieron luchar y morir defendiendo sus ideas. Las banderas de la Revolución y el Socialismo no se entregan sin combatir. Rendirse es de cobardes y de gente desmoralizada”.

El incansable Comandante invicto, luchador del Moncada, digno joven de la prisión fecunda, del duro exilio, del yate Granma, el gigante de la montaña, con palabras no menos claras y fieles como su nombre propio:

“Estos hombres y mujeres a los que hoy damos honrosa sepultura en la cálida tierra que los vio nacer, murieron por los más sagrados valores de nuestra historia y de nuestra Revolución. Contra el colonialismo y el neocolonialismo, el racismo y el apartheid, el saqueo y la explotación de los pueblos del Tercer Mundo, por el derecho al bienestar, al desarrollo de todos los pueblos de la tierra, para que no existan hambrientos, mendigos, enfermos sin médicos, niños sin escuelas, seres humanos sin trabajo, sin techo, sin alimento”.

Dijo más el hijo de Ángel y Lina, el hermano de Ramón y Raúl: “Ellos murieron para que no haya opresores ni oprimidos, explotadores ni explotados, por la dignidad y la libertad de todos los hombres, la verdadera paz, las ideas de Martí, Maceo, Marx, Engels, Lenin, por el ejemplo que la Revolución de Octubre expandió en el mundo, por el socialismo, el internacionalismo, la Patria revolucionaria y digna que hoy es Cuba. ¡Sabremos ser capaces de seguir su eterno ejemplo!”.

Sirvan estas líneas de BOHEMIA como un brevísimo, pero sincero homenaje de recordación a la noble Operación Tributo.

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Fuente Consultada 

El libro, La Revolución Cubana 45 momentos, selección y presentación de Julio García Luis

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