Trabajadores de diversos sindicatos y autoridades del municipio evocan un pasaje de onda significación y la carta enviada por el Comandante en Jefe para los habitantes de la localidad
Fotos. / Pastor Batista Valdés
La movilización, hace unas horas, de una representación del pueblo jatiboniquense, por medio de los 10 sindicatos que tiene el municipio, no obedeció –como ocurre en cualquier momento del año– a la necesidad exclusiva de limpiar de malas hierbas cultivos varios en áreas agrícolas del territorio.
Esta vez hubo un ingrediente adicional, de sensible motivación: evocar y honrar, con labores productivas, la carta que en 2002 Fidel Castro Ruz les dirigió a todos los habitantes de la localidad.
Aquella misiva no había estado motivada por aniversario alguno del surgimiento de ese pueblo, coronación del plan de producción de azúcar en el coloso Uruguay u otro suceso similar.
Un deslizamiento en el talud de la cortina de la presa Lebrije ponía en riesgo la vida de miles de personas, aguas abajo. Era preciso resolver cuanto antes la urgente situación, no sin evacuar de inmediato al pueblo entero.
Mediante una operación sin precedente, signada por un altísimo grado de organización y de disciplina, en menos de tres horas fueron evacuados, fundamentalmente hacia Sancti Spíritus y Ciego de Ávila, los 25 000 habitantes.

Desde la capital cubana, Fidel se mantenía –como siempre– al tanto de los más mínimos detalles: preguntando, sugiriendo, impartiendo orientaciones… Una vez eliminado el peligro, de su genial puño y letra el Comandante en Jefe redactó la breve carta, cuyo contenido sigue enorgulleciendo a los jatiboniqueneses y espirituanos en general.
“Aprovecho esta mañana –escribió–, que deja atrás riesgos y preocupaciones, para hacerles llegar mi reconocimiento y felicitación a todos los que de una manera u otra participaron y vivieron estos acontecimientos”.
La jornada de voluntario aporte en pleno agro, ahora, no solo propició recordar aquel trascendental momento y la sensibilidad humana de Fidel, sino también reafirmar, sin altisonancias, la voluntad de continuar poniendo rodilla en tierra para impulsar programas y tareas estratégicas dentro del territorio.
Hace mucha falta. La producción de alimentos, por ejemplo, está lejos aún de cubrir lo que en realidad demandan miles de familias y el consumo social en todo el municipio.





















