Jorge Elías, el ajedrecista que convierte sus nervios en hielo y ganó el título nacional
En un amanecer tibio de Camagüey, donde en algunas regiones la brisa lleva ecos de potreros y de son, nació Jorge Roberto Elías Reyes. Un niño nervioso, de manos temblorosas y ojos que buscan precisos, entre inquietud y esperanza, el siguiente movimiento de su destino.
Creció en Las Cupertinas, ese barrio menudo del municipio de Santa Cruz del Sur donde el reloj parece colgarse de los sueños de los muchachos y el juego ciencia es un rompecabezas que se resuelve con fe y disciplina.
Empezó a jugar a los siete años, cuando la vida es aún una partida nueva y cada pieza una promesa de futuro. No vino de la noble cuna de los trebejos, ni de academias en las que se respira ambición; su tablero fue, al principio, la escuela, el azar… el destino.
Puede que esa característica suya nunca lo haya abandonado del todo –dicen que aún en las finales importantes le tiemblan las manos–, pero en el tablero, bajo la presión y el sudor mudo de la competencia, se transforma en hielo, en esa frialdad estratégica que alguna vez admiró del propio Anatoli Karpov.
Así, tras años de preparación callada, llegó a la cúspide: campeón nacional absoluto a los 25 años, sin haber alcanzado todavía el título de Gran Maestro, algo que en Cuba no ocurría desde 1999.
Fue en el Campeonato Nacional de 2025 donde Jorge selló su destino. Casi nadie apostaba por él: su nombre, aunque respetado, no levantaba las apuestas bullangueras de la afición. Entonces, como en una novela en la que el héroe remonta y calla a los sabios, encadenó victorias claves y terminó empatando en la cima después de 10 rondas con el entonces favorito, el Gran Maestro Dylan Berdayes.
“Estoy feliz, muy feliz. No solo por la victoria, sino porque gané en partidas rápidas, que no son mi punto fuerte”, confesó todavía con la emoción de la hazaña reciente.
Y entonces quedó pendiente en BOHEMIA “jugar con el campeón”; es decir, entrevistarlo…
Movemos un peón
–Eres conocido por tu temple bajo presión, si bien siempre reconociste cierta, digamos, ansiedad. ¿Cómo logras transformar esa tensión en concentración sobre el tablero?
–La verdad es que, desde pequeño, he sido inquieto. Mis padres me dicen que me cuesta quedarme en un lugar fijo. Cuando hablo por teléfono, siempre camino. Eso pudiera llamarse nerviosismo, pero no creo que me afecte en la concentración durante las partidas.
“Es cierto que me muevo mucho, que me levanto a ver otras partidas, mas sigo atento a la mía: a la posición, al reloj. Lo que sí sucede es que, cuando me queda poco tiempo, esos movimientos y gestos se acentúan. No es desconcentración, es la tensión del apuro.
“Claro que la falta de tiempo provoca errores. Les pasa a todos, incluso a los más serenos. Yo diría que son cosas distintas: puedo moverme por el salón y seguir pensando en mi posición. El problema real entonces es el reloj”.
Un caballo al frente
–¿Cuál ha sido el momento más desafiante de tu carrera y cómo saliste adelante ante la adversidad?
–Sin duda, al terminar el 12 grado, con 18 años, cuando debía elegir carrera universitaria. En décimo, con 16 años, llegué a 2400 de coeficiente ELO; me encontraba entre los primeros juveniles de Cuba y medallista nacional juvenil. Todo iba bien… en 2017 y 2018 mis resultados fueron muy malos. Bajé de 2427 a 2291 o 2292. Perdí puntos torneo tras torneo. Solo en uno o dos logré recuperarlos. Fue muy desmotivador, justo cuando debía decidir mi futuro académico.
“Al final, opté por seguir en el ajedrez. También me gustaba la Informática, pero había jugado toda mi vida. Mi familia me apoyó. Lo que cambió, gracias a Dios, fue que encontré métodos de entrenamiento que no conocía. Al salir de la Escuela de Iniciación Deportiva Escolar uno queda por su cuenta y cuesta hallar las herramientas correctas. Di con un sistema que me ayudó mucho: análisis de errores, más disciplina, mejor organización.
“Conté con la ayuda de personas como Omar del Río, entrenador aquí en mi provincia, el profesor Noslen Zamora, mi familia, mi esposa y mi amigo el Gran Maestro Carlos Albornoz, que siempre estuvo ahí. La unión de todo eso me sacó del bache. A partir de ahí, mi forma de entrenar y de pensar cambió… y poco a poco, los resultados también”.
Y salió, también desde el corazón, ese agradecimiento que nunca debe olvidarse: “No puedo dejar de mencionar al primer entrenador que tuve: Juan Molina. Es una persona que me ayudó mucho, sobre todo en mis inicios, y por el hecho del lugar apartado donde estaba, en el municipio Santa Cruz del Sur. No es lo mismo venir a competir contra los muchachos acá en la capital provincial, siempre tienen un mayor respaldo ahí entre los profesores, más competitividad. Todavía conservamos una relación buena”.
En el ajedrez moderno ya no hay partidas selladas. Mas, esta entrevista, incluido lo que falta, se ha extendido un poco. Será mejor volver después con otros movimientos en este tablero que prometemos va a seguir muy interesante…



















3 comentarios
Buena entrevista, pero quiero rectificar un error que he visto en otras publicaciones con Jorge Elías y que corroboré con él mismo. ELÍAS NACIÓ EN MANZANILLO, NO EN CAMAGÜEY.
Sí es cierto, que a los pocos días de nacido su familia se trasladó para Camagüey donde creció y vive actualmente.
Gusto saludarlo amigo Leandro, soy Roberto, el papá, Manzanillero de pura cepa, su mamá Rebeca Camagüeyana, gracias a Dios se traslado a Manzanillo a llevar a término el embarazo y dar a luz, asistida por el ginecólogo Dr Filiberto Remon Elías que es su cuñado y tío de Jorgito, al darles el alta volvimos a Camaguey donde se inscribió, para su mamá es un Camagüeyano que nació en Manzanillo y para mí es un Manzanillero nacionalizado en camaguey, el usa ambos términos indistintamente por motivos odvios!?.
ACLARACION: Jorge Elías, de padre manzanillero naturalizado en nuestra provincia y madre camagüeyana.
Fue concebido en la Cupertina pero su nacimiento ocurrió en Manzanillo por estar a cargo de un destacado Doctor en Ginecologia del Hospital Materno Filito Elías, por demás primo del Ajedrecista. A los 20 días del nacimiento retornaron a la Cupertina. Elías Camagueyano Granmense!