
¿Por qué nos interesan las historias ajenas repletas de conflictos? ¿Prevalece en nuestro fuero interno la necesidad de conocer, comprender al otro?
Sin duda, la revalorización de historias y personajes defiende el derecho del televidente a establecer dinámicos juegos con la fantasía. Los relatos aportan por doquier diversos contenidos, fábulas, moralejas, que mediante tramas atrayentes producen múltiples sensaciones, estas alcanzan su clímax en narraciones concebidas para explorar la dimensión afectiva del ser humano.
Obras contemporáneas y clásicas que transmite la TV revisitan las confrontaciones familiares, los bandos en lucha por el poder, la primacía económica, las confrontaciones generacionales.
Detractores de las ficciones audiovisuales no reconocen en ocasiones su trascendencia comunicativa, ni la mediación cultural del medio como institución que produce y reproduce sentidos sociales, propone mundos posibles aceptables o rechazados por los públicos. Desde la pantalla se aporta al conocimiento de la realidad y la valoración de los sujetos de esa realidad, se reafirma la dimensión antropológica de la cultura en tanto un mundo heterogéneo, híbrido, donde confluyen repertorios populares, masivos, cultos.
En una oportunidad, los primeros actores Eslinda Núñez y Benicio del Toro expresaron a BOHEMIA que “una telenovela puede motivar la reflexión mediante el entretenimiento y esto, de ningún modo, es sinónimo de superficialidad”.
Tanto en las narrativas actuales como en la Poética de Aristóteles, la intriga no es estática, forma parte de un proceso integrador que requiere la participación del televidente. Incluso Hitchcock lo incorpora a su estética en su versión del Edipo de Sófocles en cuanto antecedente directo.
Unos, otros preceptos, con algunas variaciones, asume el equipo de realización de la telenovela turca Te alquilo mi amor (Multivisión, de lunes a viernes, 3:00 p.m.) En ella la fe del amor es sostenida por Omer y Defne; sabemos que, al final, en el clímax de la historia, la satisfacción interna y externa vencerá los obstáculos posibles.

Igual ocurre en la puesta brasileña Dulce ambición, en la que María de la Paz y Amadeo afrontan disímiles impedimentos para reencontrarse y ser felices, pero lo lograrán.
A partir de una sugerente simbiosis de realidad e invención, las narraciones contraponen lo viejo y lo nuevo desde la perspectiva del antiguo orden patriarcal, las nuevas demandas sociales, el deseo voraz. En dicho contexto, los personajes-tipos femeninos defienden su identidad durante batallas a veces glamorosas o iracundas, siempre con el fin de zarandear añejas ataduras.
Todo tiene que ver al construir el punto de vista de la ficción donde la telenovela puede ser reina en la pantalla si consigue la fidelidad y el placer de los televidentes, aspiraciones tan complejas como las soluciones dramatúrgicas que caracterizan la intencionalidad de la historia y de sus realizadores. No obstante, una “reina buena” puede seducir a los interesados y propicia el acercamiento al otro humano.
Tampoco lo olvidemos, para que el contenido sea artístico debe transformarse en y desde la forma. Muchos creadores acuden a la experimentación, esta es válida si no atenta contra el discurso; o sea, el instrumental de imágenes o palabras mediante las cuales la comunicación llega a las audiencias.
Ciertamente, la digitalización y las nuevas prácticas de uso de la TV indican cambios acelerados; los de menos edad pasan del consumo lineal hacia tablets, computadoras o celulares y -mediante las redes sociales- los sujetos dejan de ser pasivos para convertirse en productores-difusores o productores-consumidores.
Quien se involucra en el hecho estético debe ser consciente de que es un productor simbólico, creador de sentido de visualidades no siempre explícitas. Interpretar y escuchar el silencio son imperativos de estos tiempos convulsos saturados de violencia, en los que la decencia, la comprensión, el bien social merecen prevalecer en cualquier latitud.





















Un comentario
Sesudo análisis psico-social de la tele-novela. Felicitaciones para su autora.