Valoraciones sobre la exposición fotográfica Trance del artista Renato Arza, que acoge la galería El Reino de este Mundo, en la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí
Fotos. / Tino Acosta

El epicentro es el cuerpo, el desnudo o semidesnudo femenino y todo lo inquietante contenido en el decir del artista. Su afán despierta sensaciones comunicativas; aviva voces interiores en el lugar de la recepción donde ocurre la trascendencia social de esta propuesta.
Ante la muestra fotográfica Trance de Renato Arza expuesta en la galería El Reino de este Mundo de la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí seguimos un periplo fascinante. Propone continuos descubrimientos; y lo excitante no es la posibilidad del recorrido previsible, sino la sorpresa de concretar ideas, pensamientos, evocaciones, escenas. Durante el proceso emerge lo íntimo y apremia al desplegar 43 piezas impresas en papel fotográfico. A este momento le antecedieron otros inolvidables, sus exposiciones en Santiago de Cuba, Oníricas y silentes; Desajustes del alma y Espacio de cimarronas, en el museo habanero Casa de África.
La narrativa del relato establece una relación dialógica que invita preguntarle a las obras; se distinguen por valores de profunda connotación antropológica. La filosofía de Renato Arza, joven curioso, imaginativo, propenso a la búsqueda del ser, alerta contextos creados para dejar constancia de historias particulares, únicas, irrepetibles, propias del sentir hondo transido de dolor sin pesimismo.
Motiva al espectador cautivado. Quizás es consciente de que la fotografía acontece en una superficie de apariencias, ellas rozan la piel, capturan el interés y lo retienen produciendo desvelos.
Tal sentido lo intuyo el doctor Rafael Acosta de Arriba, curador de la muestra. Reconoce: “Arza se revela como un gestor de símbolos culturales, los que vienen marcados por una sutil e inteligente combinación de efectos visuales”.
Durante el recorrido lo efímero no es silenciado, pues las imágenes conservan su eternidad y nos hablan.

Emociones al ver
Suscita indagaciones el viaje dado por Renato Arza en un Trance ajeno a cualquier fugacidad. Apreciamos en la propuesta la dualidad de su mirada, actor y locutor en la emisora CMKC de Santiago de Cuba. Ese acervo nutre la arquitectura del tiempo de las imágenes que despliega en un tiempo-movimiento, dan vida al instante devenir. La plasticidad inmanente alimenta texturas y atmósferas; nos hace ver las relaciones estéticas que vinculan el cuerpo no solo con un atributo del sujeto fotográfico; su contribución movilizadora implica significaciones de un basamento humanista, sensitivo, intenso, espiritual.

Luces y sombras, claroscuros, arraigan intenciones dramatúrgicas en la puesta de cada escena fotográfica que construye sentidos mediante encuadres expresionistas. Arza nos hace recordar la referencia dada por el semiólogo Roland Barthes en la validación del punctum, ese elemento de la imagen que rompe o desgarra su unidad. Ahí está, lo propone Renato cuando visualiza en el detalle de la imagen ese pinchazo movilizador del alma en el ver propio.

Las complicidades estimuladas por el artista no desatienden la palabra –locutor al fin– y sus títulos instan a ir Más allá del naufragio, Más allá de la verdad. Combina las imágenes como textos discursivos donde los planos expresivos y los planos de contenido logran coherencia en composiciones icónicas fieles a los principios del contraste, la continuidad y la repetición de elementos favoreciendo el carácter unitario de su propuesta.
Trance hace meditar. Recrea paisajes ignorados, el mestizaje de la mujer que ve un cubano que vive en Cuba. Lo dice durante la secuencia expositiva apelando a la fuerza colectiva de la sensibilidad potencial en otros seres humano.
Incluso ese desenfoque premeditado del cierre en este periplo estimula emociones. Deja abierta la interrogación perenne del infinito que Renato Arza presenta en lo realista simbólico de su escritura. Sigue pendiente de mundos posibles en lo instantáneo definitivo sin ánimo de que acabe.
Él lo sabe, la fotografía no representa, sino que denota presencia del acontecer propio y ajeno.




















