Francisco Riverón, en el año 1956, fue el primer poeta que se inspiró en el ejemplo de Fidel con una espinela de agradecimiento. /Archivo de BOHEMIA
Francisco Riverón, en el año 1956, fue el primer poeta que se inspiró en el ejemplo de Fidel con una espinela de agradecimiento. /Archivo de BOHEMIA
Francisco Riverón, en el año 1956, fue el primer poeta que se inspiró en el ejemplo de Fidel con una espinela de agradecimiento. /Archivo de BOHEMIA
Francisco Riverón, en el año 1956, fue el primer poeta que se inspiró en el ejemplo de Fidel con una espinela de agradecimiento. /Archivo de BOHEMIA

La primicia de Carilda y Riverón

Las primeras décimas dedicadas al Comandante en Jefe las escribieron dos grandes poetas; ambos, sin ponerse de acuerdo, le expresaron gratitud en nombre del pueblo


Nunca he olvidado una honda impresión provocada por un escrito de Celia Hart Santamaría, la hija de Armando Hart Dávalos y de la heroína del Llano y de la Sierra Haydée Santamaría, que fue publicado el 15 de septiembre de 2004, donde aseguraba lo siguiente: “Fidel hablaba de Cuba como si hablase de un barrio”.

Y dijo mucho más, la inquieta y simpática joven revolucionaria que conocimos personalmente y a la que entrevistamos en una oportunidad por esos días precisamente: “Fidel tiene eso; hacernos sentir que está de visita en nuestra casa, cuando empiezan a flaquear las esperanzas. Este hombre mágico llega a límites inimaginables, su voz seca lágrimas y abre los corazones, con la serenidad y la convicción guerrera y rebelde de haber vencido mil veces, y todavía seguir en campaña. Hemos tenido la dicha de vivir como testigos de su pericia y audacia, de tal manera que en Cuba y con Fidel, sin duda de ninguna clase, la “locura es la mayor de las sensateces”.  

Las primeras décimas a Fidel

Por ser así es que se nos ocurre decir que Fidel era y es una motivación poética constante no solo para los poetas profesionales.

Escritores de versos prominentes como Carilda Oliver Labra y Francisco Riverón, siendo Fidel un estadista hecho de otra cosa, de los que se preocupa enormemente por un futuro que no sabemos si existirá, se sintieron muy atraídos por una personalidad tan vigorosa y resonante y, sin mirarse, dirigirse la palabra, verse los dos en un espejo, ni formularse preguntas poéticas de ningún tipo, escribieron ambos, cada uno por su parte, unas décimas sobre el mismo tema y casi con un mismo título, con esa sana idea de darle las gracias por su obra y ejemplo.

Hoy nuestro pueblo –igual que siempre– aprecia, valora, guarda y protege su legado y memoria, y lo quiere mostrar a los niños, adolescentes y jóvenes, que no lo conocieron personalmente, su impronta, hidalguía, sensibilidad, y amor al otro.

¿Faltarían más argumentos para justificar plenamente la acción poética de Carilda y Riverón? Aquí están, si no completos, dos de las espinelas que nacieron en las almas de ambos bardos.  

Si el dinámico, estoico y entusiasta Samuel Feijóo, recolector de canciones, refranes, proverbios de la tradición cultural cubana, hubiera conocido los dos poemas escritos a Fidel por el habanero Francisco Riverón Hernández y la matancera Carilda Oliver Labra, los hubiera incluido sin consultarlo con nadie en su interesante libro Contactos poéticos, publicado por la Editorial Unión, de la Uneac, en 1980, en el que, precisamente, el gran investigador, antólogo y compilador cubano hablaba y habla de las “coincidencias literarias casuales”.

Al menos una estrofa de cada uno

Esos dos poemas, escritos en décimas e inspirados en la figura y el actuar del Comandante en Jefe. Si bien los autores eran amigos, ellos nunca los comentaron entre sí, ni siquiera los compararon.

Seguramente el poema de Riverón no era conocido por Carilda cuando ella concibió el suyo; sin embargo, ambos seleccionaron la misma estrofa –la espinela– e, increíblemente, redactaron esas joyas de la poesía cubana en la misma época y con asuntos y títulos parecidos.

Realmente esos creadores participaron juntos en varios eventos literarios en Matanzas, en particular en los llamados Festivales de la Décima, a los que asistieron los principales cultores de esa estrofa de origen español, entre ellos, Agustín Acosta, Rafael Rubiera, Néstor Ulloa y otros grandes.

La décima final de Carilda

Una buena parte de su sensibilidad poética la volcó Carilda en sus décimas a Fidel, en el año 1957/ Archivo de BOHEMIA

El 2 de diciembre de 1956 tuvo lugar el desembarco del yate Granma,que el Che llamó “naufragio”; Riverón, al siguiente día 3 fue el primero en hacerle un poema en décimas a Fidel, el jefe de aquella expedición.

Carilda, después, no menos poeta que aquel, sintió lo mismo y concibió igualmente su verso espineliano.

Ya se sabe que la autora de Al sur de mi garganta y de Me desordeno, amor, me desordeno, escribió el 5 de marzo de 1957 su contundente poema Canto a Fidel.

La autora recordó, en memorable momento, cómo se inspiró al caer en sus manos una revista estadounidense Life ese mismo día, en la que se desmentía la muerte del jefe de la expedición del yate Granma.

Además, explicó en aquella ocasión cómo le recitó sus décimas a su amiga peluquera Teresita Rodríguez y ella la impulsó a enviarlas a la Sierra Maestra. Por cierto, alguien se puso en función de tal idea y las hizo llegar a la jefatura rebelde, ocultas dentro de una bota.

Justamente por esa audacia, el oportuno poema se dio a conocer sin demora a través de una emisora rebelde, a fines de 1958. Luego el periódico El Imparcial, de Matanzas, lo hizo público cuando Fidel entró a la ciudad en la denominada para la historia Caravana de la Victoria.

En El Imparcial el poema de Carilda tenía ocho décimas, pero en las ediciones posteriores ha tenido y mantiene hoy solo seis tal vez porque ella misma desechó dos de ellas que creyó innecesarias.

Esta es la espinela final del poema de Carilda:

Gracias por ser de verdad, / Gracias por hacernos hombres, / Gracias por cuidar los nombres / que tiene la Libertad. / Gracias por tu dignidad, / Gracias por tu rifle fiel, / por tu pluma y tu papel, / por tu ingle de varón. / Gracias por tu corazón. / Gracias por todo, Fidel.

El poema de Oliver Labra está en el libro Los huesos alumbrados, publicado por la Editorial Letras Cubanas. En el texto se recuerda que fue escrito en 1957, enviado a la Sierra Maestra y transmitido el 3 de septiembre de 1958 por la Emisora del III Frente Mario Muñoz Monroy.

Según Urbano Martínez Carmenate, todo indica que el poema se redactó alrededor de febrero de 1957, a raíz de que apareciera publicada en The New York Times la entrevista de Herbert Mathews a Fidel.

Cómo termina Riverón su poema

Por su parte, el propio Francisco Riverón comentó entre vecinos y amigos detalles desconocidos acerca de sus décimas: “Este trabajo fue escrito el 3 de diciembre de 1956, el día siguiente al desembarco del doctor Castro en Oriente, y enviado a la Sierra Maestra a través del fraterno Carlos D’Man”. No obstante, en la edición de su libro Caimán sonoro, debajo del poema, se afirma: “Diciembre 2 de 1956”.

A pesar de ese día de diferencia, no cabe la menor duda: el poema fue escrito por Riverón en diciembre de 1956 y ya han pasado más de 50 años de concebido por el gran poeta, fallecido en La Habana el 13 de enero de 1975, quien está considerado, junto con Jesús Orta Ruiz, el más importante decimista cubano de la primera mitad del siglo XX.

Francisco Riverón fue el que más influyó, en unión de Naborí, en la renovación tropológica de la espinela a partir de 1940; eso es algo no discutido: escribió 12 libros de poesía en versos libres y también clásicos, con rimas y métricas fijas.

El poema de Riverón a Fidel, con siete espinelas, se publicó primero en Caimán sonoro en 1959 y después en la segunda edición aumentada de José de los cubanos, en 1960.

EL poema fue elogiado por Pablo Neruda en la entrevista que le hiciera al poeta chileno el colega Fayad Jamís.

Neruda apreció en las décimas de Francisco la gracia de la poesía popular española del Siglo de Oro, lo cual es un elogio que, por venir de quien venía, resultó toda una evaluación literaria y poética de enorme reputación y prestigio.

Esta es la espinela final del aludido poema de Riverón sobre el líder máximo de la Revolución Cubana, bajo el título de Gracias, Fidel:

Su gesto salva el honor / de este tiempo avergonzado, / ya es como un dolor lavado / nuestro perenne dolor. / La anchura de su valor / tiene la de su papel, / y van creciendo por él / y por lo que el alma lleva, / un ansia de Cuba nueva / y un: ¡Muchas gracias, Fidel!.

Feliz coincidencia

Tiene una gran relevancia que dos poetas de esa envergadura, y en la estrofa que más arraigo tiene en el corazón de los cubanos, hayan escrito poemas a Fidel.

No importa que nunca los dos versificadores hayan intercambiado criterios sobre sus respectivas obras literarias. No importa que Riverón lo haya escrito 74 días antes, el 2 de diciembre de 1956, y que Carilda haya hecho el suyo el 5 de marzo de 1957. Lo que de verdad interesa a la historia, a los cubanos, a la América Latina y al mundo, es que las sensibilidades poéticas de estos autores hayan coincidido en un mismo tema, y que en el título de ambas joyas aparezcan una misma admiración y estas mismas palabras: GRACIAS, FIDEL.

Esta foto recorrió Cuba y el mundo. /Alberto Korda

El poeta Riverón

Nació en Güines, el 2 de abril de 1917. Realizó en esta localidad los estudios primarios, pero tuvo que abandonar la escuela en el octavo grado y colocarse de aprendiz de zapatero, oficio útil a la economía familiar. En su tiempo libre se dedicó a leer a los grandes maestros de la poesía y aprendió así la técnica del verso.

Cultivó distintas estrofas; sin embargo, en la décima logró los mejores aciertos líricos, aunque otros poemas suyos fueron muy conocidos, tal es el caso de Epístola a José Martí, que tuvo un gran impacto social por el tema abordado.

Su poesía tenía la gracia indispensable de toda expresión poética. Los temas más recurrentes fueron la belleza de la naturaleza de nuestra patria y las tradiciones del campesino cubano.

En la época prerrevolucionaria su poesía social denunció la explotación del pueblo cubano, en especial del hombre del campo. Integró una promoción de decimistas de la mejor formación cultural, los que a partir de los años 40 comenzaron a dirigir esfuerzos hacia el enlace de las tradiciones populares y cultas de la décima cubana, mediante el desarrollo de una tropología autóctona, tomando de modelo las figuras surgidas espontáneamente en el habla del campesino.

Cuando falleció en La Habana, Riverón Hernández dejó publicadas muchas espinelas que fueron traducidas al ruso, alemán, chino y rumano. Sobre él expresó Jesús Orta Ruiz: “Francisco Riverón Hernández, joven poeta de Güines, acaso vio el Mayabeque con unos ojos afines a los del andaluz Federico, que viera o soñara”.

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Fuentes consultadas

Narrar la nación, de Ambrosio Fornet, Letras Cubanas, 2009 y Las primeras décimas al Comandante en Jefe,deJuan Carlos García Guridi,2008, y Cien soledades en un año, deLuis Hernández Serrano,ambos publicados en Juventud Rebelde, 2003.

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