En la Plaza Roja de Moscú, cada 9 de mayo, Rusia rinde honores a los defensores de la Patria y a los luchadores antifascistas de todos los frentes. / lavanguardia.com
En la Plaza Roja de Moscú, cada 9 de mayo, Rusia rinde honores a los defensores de la Patria y a los luchadores antifascistas de todos los frentes. / lavanguardia.com

La sencilla grandeza de una hazaña

La URSS ofrendó 27 millones de hijos en la guerra contra el fascismo. El presidente ruso le recuerda a los “olvidadizos” tan soberbia victoria


La derrota parecía inminente si volteamos la mirada hacia atrás y vemos el despliegue de la Alemania nazi desde el Ártico hasta el mar Negro: 190 divisiones, cinco millones de soldados, 4 000 tanques, 4 980 aviones, 192 barcos. La URSS se enfrentaba a uno de los cataclismos más grandes de su historia. Pues no: los soviéticos vencieron.

Todavía hay quien se pregunta cómo lo hicieron sin apenas comida y rigurosos inviernos, con frentes de guerra abiertos en zona antes apacibles. Las respuestas habituales casi siempre giran en torno a los acertados liderazgos y las adecuadas estrategias de luchas, lo cual es cierto, pero el sustrato fundamental radica, creo yo, en esa arcilla que todo pueblo lleva dentro: el patriotismo.

El presidente ruso reitera su deseo de paz “como la inmensa mayoría de los habitantes del planeta”, pero también recalcó que siguen sin tolerar el fascismo. / diariobarricada.com

Aun con la determinación de la defensa hasta las últimas consecuencias, la Unión Soviética llegó a ser ocupada en parte, y entonces surgieron las guerrillas (partisanos) para tejer en la retaguardia operaciones de leyenda.

Las calamidades padecidas fueron enormes y ahí está hoy la ciudad de San Petersburgo (Leningrado) para atestiguarlo: Hitler se proponía capturar uno de los centros estratégicos, económicos y culturales de mayor relevancia, incluso más allá de la URSS, lo que se avenía con su “Doctrina del espacio vital” para los alemanes.

El asedio fascista duró 900 días y se estima en 1 000 000 y medio las víctimas civiles, casi todas muertas de frío y hambre. Y aunque este es uno de los pasajes más recordados de la Gran Guerra Patria (1941-1945) es pertinente “traerlo” si vamos a hablar sobre los desfiles de la Rusia actual en memoria de heroínas y héroes.

La nación nunca dejó atrás la liberación de Leningrado y entre las acciones más hermosas y difíciles estuvieron el trayecto ferroviario “Ruta de la Victoria” o las del “Camino de la vida”, esta última atravesando el lago helado Lagoda, por donde llegaban víveres, medicinas y hasta armas.

El teniente general de las fuerzas técnicas Zajar Kondratiev, al frente de la Administración Principal del Servicio de Transportes y Carreteras durante la guerra, rememoró: “Se construyeron caminos de acceso, se cortó madera para los suministros, se construyeron almacenes y bases, varios edificios para la calefacción, la alimentación y los puntos de ayuda médica y técnica. Preparamos señales de tráfico, hitos, tableros portátiles y puentes en caso de grietas en el hielo. Se equiparon talleres de reparación de vehículos, estaciones de telégrafo y teléfono, y se preparó el equipo de camuflaje. En la orilla oriental del lago se realizaron obras similares.

“Más de 300 agentes, en su mayoría mujeres, se situaron a lo largo de la `Carretera de la Vida `, vestidos todos de blanco con banderas y antorchas. Estos ‘ángeles blancos’ claramente visibles no sólo para los conductores soviéticos, sino también para los francotiradores y pilotos enemigos”; a pesar de ello llevaron a cabo su labor.

En el Moscú de 2026, el 9 de mayo se celebró el Desfile 81 del Día de la Victoria sobre la Alemania nazi, habitual cada año en la Plaza Roja. El presidente Vladímir Putin, en respuesta a la rusofobia extendida en Europa, muy alentada por un fascismo moderno, enfatizó en su discurso algo crucial: “Preservar la memoria de los acontecimientos de la Gran Guerra Patria, su historia auténtica, sus verdaderos héroes, es para nosotros una cuestión de honor. Siempre recordaremos la hazaña del pueblo soviético, que fue precisamente él quien hizo la contribución decisiva a la derrota del nazismo, salvó su país, salvó al mundo, puso fin al mal total e implacable y devolvió la soberanía a aquellos Estados que capitularon ante la Alemania hitleriana y se convirtieron en dóciles cómplices de sus crímenes».

Ante enemigos ausentes, aunque “presentes” en un nuevo ambiente de hostilidades crecientes, ya sea en el frente ucraniano o en las sanciones externas, el mandatario aseguró que el pueblo soviético fue “la encarnación del valor, la nobleza, la fortaleza y la humanidad”. “Parecería que los estrategas nazis tuvieron en cuenta todo, salvo una cosa: lo que se llama el carácter ruso y la fuerza del espíritu del pueblo soviético”. Un espíritu que nuevamente se pone a prueba, dijo.

Al cubano no le ha sido nunca indiferente esta proeza, incorporada al ideario de los comunistas y al del pueblo en general, que incluso ofrendó tres de sus hijos a combatir en ese capítulo de la II Guerra Mundial. Los soviéticos pelearon como un solo haz de fuego y convicciones. Y es este el mensaje perdurable para el presente y el futuro de Cuba: tener convicción plena en la victoria.

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