El embajador de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) en La Habana, Omar Bulsan, reafirma la determinación emancipatoria de su pueblo. Agradece la solidaridad de Cuba
De día, calor abrasador; y de noche, la vasta amplitud trae frío. En el Sahara Occidental se asienta una nación hermana vulnerada, si bien cuenta con el mayoritario reconocimiento de la comunidad mundial y del derecho internacional, cuyo expediente de descolonización sigue engavetado, ¿para las calendas griegas?
Semejante entorno natural adverso hace saltar “alarmas”. ¿Por qué alguien quiere vivir ahí?, ¿por qué se le disputa? En el marco de los 52 años del primer combate del Frente Polisario contra el puesto militar español de Janguet Quesat, este 20 de mayo de 2025, el diplomático de la RASD en Cuba despeja interrogantes.
En un sucinto recuento: la antigua metrópolis colonizadora de España al verse compelida a irse, en febrero de 1976, debido a la resistencia del pueblo saharaui, efectúa una última maniobra trampa: le “cede” la zona a Mauritania y a Marruecos. En 1978, la primera se retira, dadas las victorias militares saharauis, y firma la paz, reconociendo a la República árabe. Mientras, la otra aún reclama parte del desierto. ¿Y eso?

Dos años antes, Rabat despliega la llamada Marcha Verde, otro modo de camuflar la invasión, sostiene Bulsan; “guerra criminal contra el pueblo saharaui”. Y vuelven a martillar las preguntas: “No es que Marruecos quiera extenderse en el Sahara porque no tiene espacio y quiere extenderse, no, no, es por la riqueza”. Sobresalen los yacimientos diversos de oro, diamantes, fosfato, mármol; también tiene abundantes caladeros de pesca y la propia arena, dice el embajador.
“Este es uno de los puntos más importantes, donde las intervenciones francesas, americanas y otras pretenden quitar a ese pequeño pueblo de en medio y acaparar la riqueza del Sahara Occidental”. Insistió en la traición de España con la firma del acuerdo tripartito, el cual derivó en acciones usurpadoras del aliado marroquí. Bulsan, como periodista igualmente condena a profesionales del gremio occidental de la “gran prensa” de haberse posicionado históricamente del lado de los poderosos, haciendo la vista gorda ante crímenes y violaciones.
En cambio, a la gente nacida en esa “porción” de arena la anima la permanencia de tradiciones y cultura propias, el sentirse atados patrióticamente a un “lugarcito”, así muchos hayan tenido que volverse involuntariamente refugiados en algunas naciones. “¿Qué es lo que le queda a los saharauis?”, nos conmina a la reflexión.
Destaca la proclamación soberana del Frente Polisario, de la RASD, el 27 de febrero de 1976. Sin embargo, se vieron compelidos a realizar maniobras militares hasta 400 kilómetros dentro de Marruecos. Luego de 16 años, con asesoría de Henry Kissinger, el reino de Marruecos solicita un alto al fuego, auspiciado por la ONU; se firma el 6 de septiembre de 1991.
Vendría un largo período de “tregua”, pues el Consejo de Seguridad (CS) de la ONU y su mecanismo, el Minurso, a partir de 1991 dictaminaron la realización de un recuento poblacional y de un referéndum de autodeterminación, demostrativo, sin duda, de la autenticidad de la lucha independentista, y ello descartaría el plan de autonomía. Dicha propuesta de Rabat pretende transferir una serie de competencias propias a la ahora RASD, pero constitucionalmente las tierras saharauis estarían bajo control marroquí, supeditadas a su ejército.
El embajador manifiesta que la negativa de Marruecos a efectuar el Referendo tiene su raíz en la materialización de la libre decisión del pueblo saharaui, y su voto favorable a la independencia. En este aspecto pondera a aquellos países del lado de la RSAD, muy especialmente a Cuba, y el gesto de establecer relaciones diplomáticas en 1981. El diplomático agradeció a la Isla, a sus autoridades –especialmente a Fidel y Raúl– los años sostenidos de solidaridad, sus brigadas médicas y la oportunidad de poder estudiar aquí en distintos niveles de enseñanza, como él mismo lo hiciera en su momento.
Asimismo, planteó una verdad inquietante: “Quien lleva el lápiz de las resoluciones en el CS de la ONU son los americanos (estadounidenses), y por consiguiente no ha habido ningún avance”. Además, nos recuerda Bulsan, “cuando en 1984 la RASD logró ser miembro de pleno derecho en la Unión Africana, Marruecos sencillamente se opone y se retira de la organización”, actitud ejercida hasta 2017, cuando comprendió lo infructuoso de las presiones: “la silla vacía no daba ningún resultado”.
Aprovecha la ocasión para denunciar las actuales violaciones sistemáticas de los derechos humanos, habla de los presos políticos saharauis. Y enfatiza una circunstancia crucial: en pleno apogeo de la covid-19, Marruecos viola el alto al fuego. Entonces, el 13 de noviembre de 2020 volvieron a las armas. “Hoy en día hay bombardeos, incursiones, operaciones militares en todo el territorio, y a lo largo del muro en el desierto, edificado en los años 80 por Francia e Israel, donde el ejército marroquí está atrincherado”.
Reafirma pausadamente, pero firme, la decisión de “no hay vuelta atrás”. “Con las armas, con la lucha arrebataremos la libertad del pueblo saharaui”.




















