El 8 de mayo se celebra el día de la victoria contra los nazis. Los crímenes monstruosos cometidos por la horda hitleriana en el continente europeo no solo fueron efectuados por hombres; mujeres imbuidas en la pervertida filosofía nazifacista también perpetraron viles torturas y horrendos asesinatos en campos de concentración y exterminio. BOHEMIA le ofrece las más crueles
Sobre el Holocausto nazi contra la población judía europea existe una extensa documentación. Solo aportaremos algunos detalles que realzan la magnitud tóxica del fenómeno.
Del rechazo dimanado por el pueblo judío se supo aprovechar Adolf Hitler para iniciar una conflagración de amplitud internacional y asentar un imperio. Parte de ese odio estuvo basado en cuestiones de índole religiosas.
Los romanos expulsaron a los hebreos de Judea en el año 135 d. C. (la Diáspora). Sin embargo, los judíos no desaparecieron como los babilonios y los hititas: sobrevivieron a las persecuciones y políticas en su contra.
En las naciones donde pudieron asentarse, fueron considerados forasteros, exóticos e incluso malvados.
A diferencia de la fe cristiana en sus inicios, en la que la palabra de Dios era transmitida al pueblo por sus sacerdotes –único grupo letrado–, todos los varones judíos debían saber leer y escribir para asimilar la Torá y debatir su contenido. Entonces encontramos dos factores importantes para la sobrevivencia grupal: primero, la capacidad de leer –en la Alta Edad Media era escasa–; segundo, no aceptar ciegamente lo que se leía, sino también debatir. Ellos eran quienes formaban gran parte de las clases profesionales de la sociedad, incluyendo médicos, abogados, asesores y banqueros.
Los judíos recibían su pago en efectivo, porque no se les permitía comprar tierras, y terminaban con el capital acumulado necesario para administrar casas de cambio y bancos.
En el siglo XIX, la persecución religiosa dio paso a la racial. Los hebreos eran vistos como parásitos, porque, presuntamente, se tornaban ricos a costa de la extorsión, el garrote y el drenaje de la riqueza nativa. La transformación del rechazo al odio feroz surgió de un creciente nacionalismo europeo. Se consideraba a los de esa etnia mesoriental como forasteros; no pertenecían a la sociedad y debían ser eliminados por ser una amenaza para ella. De ese sentimiento se adueñó Hitler cuando vivía en la antigua Viena imperial antes de 1914. En conclusión, el antisemitismo no fue una creación de Hitler, ha integrado el pensamiento de la sociedad europea durante más de 2000 años.
Vino la Primera Guerra Mundial y Alemania perdió. La derrota fue difícil de asimilar para muchos proalemanes, entre ellos, Hitler. Surgió entonces el mito infundado de que el II Reich (1900-1919) había perdido la guerra por la traición de los judíos, los socialdemócratas y los comunistas.
El antisemitismo de Adolfo Hitler
En los tempranos años de la década de 1920, Hitler comparó a los judíos con gérmenes malignos y afirmó que su influencia jamás desaparecería sin eliminar su origen. Estas ideas, sin fundamento, allanaron el camino para el asesinato en masa de esa etnia en toda Europa 20 años después.
En su paranoia antisemita, Hitler sostenía que el comunismo también era una conspiración judía. Esta idea del “comunismo judío” tendría terribles repercusiones en la guerra con la Unión Soviética en 1941. La población civil y los prisioneros de guerra de ese país fueron tratados brutalmente por los alemanes.
Durante la década de 1930, el Führer hizo todo lo posible por expulsar a los judíos de la sociedad alemana. Una vez iniciada la guerra el 1⁰ de septiembre de 1939, los nazis recurrieron al asesinato en masa. Casi seis millones de judíos fueron ultimados durante el Holocausto.
Hubo sádicas mujeres alemanas y austríacas que contribuyeron a esta innoble causa:
Ilse Koch
Conocida como “La perra de Buchenwald”, fue la esposa de Karl Koch, el comandante de las SS de los campos de concentración/exterminio nazi de Buchenwald y Majdanek. Fue acusada de brutales crímenes de guerra: elegía a ciertos prisioneros del campo con tatuajes únicos para ser asesinados y luego despellejados. Con los trozos de pieles humanas con tatuajes hacía pantallas de lámpara. Ilse además se paseaba por el campo con los senos desnudos. Si un recluso la miraba, era azotado de manera brutal.
Ella y su esposo eran tan terriblemente malvados que fueron detenidos por las propias SS en 1943 bajo cargos de malversación de fondos y asesinato de presos sin justificación.

Su esposo fue declarado culpable y ejecutado por un pelotón de fusilamiento en 1945 y ella fue absuelta por falta de pruebas y expulsada del campo.
En Ludwigsburg fue detenida por las autoridades estadounidenses en junio de 1945 y juzgada por un tribunal militar en Dachau, Alemania. A pesar de su embarazo, el tribunal la declaró culpable y sentenciada a cadena perpetua.
En 1948, la gobernadora militar de la zona americana en Alemania redujo su sentencia de cadena perpetua a cuatro años. Esa decisión causó indignación en todos los sectores de la sociedad alemana. Fue detenida de nuevo en 1949, encausada en 1951 y nuevamente condenada a cadena perpetua. El 1⁰ de septiembre de 1967, padeciendo de delirios, se suicidó ahorcándose en su celda de la prisión de mujeres de Aichach. Tenía 60 años.

Campos de exterminio (con cámaras de gas)
Auschwitz-Birkenau (Polonia)
Belzec (Polonia)
Majdanek (Polonia)
Chelmno (Polonia)
Sorbibór (Polonia)
Treblinka (Polonia)
Varsovia (Polonia)
Janowska (Ucrania)
Jasenovac (Croacia)
Maly Trostenet (Bielorrusia)
Neumgamme Alderney (Alemania)
Ohrdruf (Alemania)
Sajmiste (Serbia)
En los campos de concentración, supuestamente concebidos solo para trabajos forzados como el de Ravensbruck, en Alemania, el número de fallecidos eran tal altos o más que los de exterminio.
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Fuentes consultadas
Enciclopedia del Museo estadounidense en Memoria del Holocausto, (encyclopedia.ushmm.org).




















