El papa Gregorio XIII dispuso en octubre de 1582 la supresión de 10 días al calendario para corregir el acumulado a lo largo de los siglos por el uso del calendario juliano./as.com
El papa Gregorio XIII dispuso en octubre de 1582 la supresión de 10 días al calendario para corregir el acumulado a lo largo de los siglos por el uso del calendario juliano./as.com

Los días que nunca existieron

¿Días robados al calendario? Es la interrogante de Rodrigo Sánchez, de Ciego de Ávila


Imagínese por un momento la siguiente escena: usted se acuesta a dormir un jueves por la noche, cierra los ojos y, al despertar a la mañana siguiente, el calendario en su pared le indica haber avanzado 11 días hacia el futuro. No ha estado en coma, ni ha sido víctima de un experimento de viajes en el tiempo. Simplemente, los días intermedios han sido borrados de la existencia por un decreto. Aunque suene a ciencia ficción, este es un hecho verídico el cual fragmentó la historia.

Si queremos entenderlo debemos viajar a la antigua Roma y observar las estrellas. Julio César, asesorado por el astrónomo Sosígenes de Alejandría, instauró el calendario Juliano, sistema el cual calculaba que la Tierra tardaba exactamente 365 días y un cuarto en dar la vuelta al Sol.

Sin embargo, según han explicado historiadores de la astronomía en el Journal for the History of Astronomy, este cálculo albergaba un error minúsculo, aunque implacable. El año solar real es aproximadamente 11 minutos y 14 segundos más corto que el año Juliano.

Durante siglos, nadie notó la diferencia, pero el tiempo se acumula. Año tras año, década tras década, ese tiempo sobrante se fue sumando hasta convertirse en días completos. En el siglo XVI, la primavera astronómica no coincidía con la fecha donde el calendario marcaba su inicio. Esto representaba una crisis monumental en la iglesia católica, pues la determinación de la fecha de la Pascua depende directamente del equinoccio de primavera.

Fue entonces cuando el papa Gregorio XIII decidió tomar cartas en el asunto y convocar a los intelectos más brillantes de la época. Según detalla la revista astronómica The Observatory, la solución definitiva fue propuesta por el médico y astrónomo napolitano Luis Lilio y perfeccionada por el matemático jesuita Cristóbal Clavio. Determinaron, con el objetivo de sincronizar de nuevo los astros con la fe y el papel, que era matemáticamente obligatorio mutilarle 10 días al año en curso.

Así, mediante la bula papal Inter gravissimas, se ordenó el gran salto temporal. En países católicos, entre ellos España, Italia y Portugal, el jueves 4 de octubre de 1582 fue seguido por el viernes 15 de octubre. En ese periodo no nació nadie, nadie murió, ni amaneció. Eran devorados por la burocracia celestial 10 días.

Las naciones protestantes y ortodoxas vieron en esta corrección astronómica un truco del papado romano motivado por ejercer poder y se negaron a adoptar el llamado calendario gregoriano. Esto provocó un caos cronológico sin precedentes en Europa continental. Si un viajero cruzaba la frontera de Francia hacia Inglaterra a finales del siglo XVI, literalmente viajaba en el tiempo, retrocediendo 10 días en el calendario.

No fue hasta casi dos siglos después, en 1752, cuando el imperio británico se rindió ante la evidencia matemática. En ese momento, el desfase ya había crecido y los británicos se vieron obligados a borrar 11 días de su mes de septiembre.

Estudios de la revista Annals of Science han documentado cómo esta transición generó un profundo malestar social. Los registros históricos relatan revueltas populares en las calles de Londres, donde multitudes enfurecidas gritaban exigiendo la devolución de sus 11 días, temerosos de que sus vidas hubieran sido acortadas mágicamente o se les cobrara un mes completo de renta por solo 19 días de trabajo.

Rusia tardaría aún más. Aferrada a la tradición de la iglesia ortodoxa, no dio el salto hasta 1918, justo después de la revolución bolchevique. En su caso, el retraso astronómico llegó a ser muy grande y fue necesario suprimir 13 días de golpe. De hecho, la famosa Revolución de Octubre rusa se celebra paradójicamente en noviembre para el resto del mundo occidental, precisamente por este desfase del calendario.

Los días robados de 1582 confirman al tiempo como flujo continuo dictado por la gravedad de los astros El calendario actual usado para medirlo es, y siempre ha sido, una frágil invención humana, sujeta a errores y correcciones.

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