Palabreando: Familias curiosas

Por. / María Luisa García Moreno


Por lo general, en una familia de palabras los diferentes términos mantienen la misma ortografía. Así ocurre, por ejemplo, con alambre, alambrar, alambrada, inalámbrico. Por supuesto, valen las excepciones que responden a los habituales cambios ortográficos que sufre nuestro idioma (organizar, organicé; mecer, mezo; coger, cojo).

Esa similitud resulta un buen recurso ante la duda de cómo escribir una palabra. Así, por ejemplo, si no recuerda qué va primero, la c o la s en decisión,con analizar otros miembros de su familia –indeciso, por ejemplo– se resuelve el problema.

Sin embargo, no siempre ocurre así y aquí veremos dos casos curiosos, que resultan también excepciones:

Mover procede del latín movere, derivado del indoeuropeo meu- “empujar lejos”, “mover de un lugar”, y entre sus derivados se cuentan movedizo, movible, movimiento, mueble –del latín mobilis, forma sincopada o abreviada de movibilis, del verbo movere y que significa “no se mueve”–, amueblar, inmueble, mobiliario. Es probable que esté precisamente en el proceso de síncopa o abreviación el cambio de grafía, pues si bien movibilis lleva v y b, su forma sincopada –mobilis– perdió la v.

Mueble apareció en el diccionario de la lengua en el 1030, aunque con posterioridad se registraron variantes muebele (1084) y muebre (1250). Mantuvo siempre el sentido de “que podía ser movido, trasladado”, a diferencia de tierras y edificaciones, que más tarde se llamarían inmuebles (que no se mueven).

Algo similar ocurre con la palabra masa procede del latín massa, del griego madza, “pastel hecho de harina”. Entre sus derivados se cuentan masita, masilla, amasar, masivo y macizo: “que tiene mucha masa”. En este caso, el empleo del sufijo -izo, que viene de los sufijos latinos para formar adjetivos –icius / -itius, pudiera explicar el cambio ortográfico.

Otra curiosidad tiene la palabra masa y son sus acepciones que no guardan relación entre sí: “magnitud física que expresa la cantidad de materia de un cuerpo […]”, “mezcla que proviene de la incorporación de un líquido a una materia pulverizada […]”, “mezcla de harina con agua para hacer pan y otros alimentos”, “volumen”, “muchedumbre o conjunto numeroso de personas”, entre otras.

Nada, hay que recordar que los idiomas se fueron formando a través del tiempo y con múltiples influencias.

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