El 29 de noviembre se conmemora el Día Internacional de la Solidaridad con su Pueblo. En este 2025 cobra una mayor significación
En 1947, el 29 de noviembre, la Asamblea General de la ONU aprobó la conocida resolución de partición de Palestina, la cual tuvo como principio establecer un Estado árabe –o palestino– y uno judío. Pero en el terreno solo derivó en un Estado sionista, de cariz guerrerista y colonialista. Entonces, desde 1978, en esa fecha se estableció el Día Internacional de la Solidaridad con el Pueblo Palestino, como un llamado para alcanzar una nación independiente y soberana.
Quienes seguimos las noticias veraces, conocemos sobre las inmensas atrocidades de Israel. El mayor ejemplo es el genocidio contra la población de Gaza, asesinada en masa con más de 65 000 víctimas, la mayoría mujeres y niños. El pretexto es acabar con la resistencia de ese pueblo árabe; sin embargo, sabemos que se trata de aprovechar la oportunidad para exterminarlos. En ese sentido se sigue apabullando a los pobladores de la Cisjordania ocupada. Sin ir más lejos, este 18 de noviembre, y según el boletín digital Resumen Latinoamericano, “colonos judíos llevaron a cabo dos ataques de gran magnitud en los que incendiaron viviendas y vehículos palestinos”.
Por su parte, el jefe de la Comisión de Resistencia a la Colonización y al Muro de la Autoridad Palestina, Muayyad Shaban, afirmó que en octubre de este año las fuerzas israelíes llevaron a cabo 2 350 ataques, incluidos incursiones en viviendas, tala de olivos y destrucción de campos agrícolas. En la actualidad más de 250 000 colonos viven en la ocupada zona de Jerusalén oriental y otros 500 000 en el resto de la Margen Occidental (Cisjordania), de espaldas a los reiterados reclamos internacionales. Es de suponer que las áreas en cuestión sean parte del futuro Estado palestino.
Es cierto, la inmensa solidaridad mundial reciente se ha concentrado alrededor de Gaza, aunque a estas alturas de la historia, a Palestina en su conjunto le urge la continuación de la denuncia. Así es como esta comentarista aprecia lo sucedido con la Resolución 2803 del Consejo de Seguridad de la ONU, adoptada por mayoría este 17 de noviembre, y donde se establece una fuerza internacional “temporal” (hasta el 31 de diciembre de 2027) y una administración de transición de tecnócratas palestinos. Asimismo, estipula el “Consejo de Paz”, es decir, un organismo internacional de transición cuyo objetivo será la reconstrucción, la coordinación de la financiación y la supervisión de la gobernanza de transición hasta que se complete una proyectada reforma de la Autoridad Palestina.
Y si bien parece que me contradigo, el devenir de la llamada franja costera es esencial para el futuro de todo un pueblo, porque Gaza no puede separarse de Cisjordania: son un mismo universo. Lo acontecido en el Consejo de Seguridad es reflejo de la ganada influencia de los Estados Unidos y, específicamente, de Donald Trump; incluso, aceptan la resolución el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, y el gabinete sionista de extrema derecha, pero la incumplen con cualquier pretexto cuando les viene en ganas, al tener el propósito de levantar el Gran Israel en las ruinas de Palestina.
La controvertida sentencia contó con la abstención digna de Rusia y China, al notarle demasiadas lagunas en ese supuesto buen y “bello” plan de pacificación. Las fuerzas de resistencia, salvo la Autoridad Nacional, la han objetado, por considerarla una “camisa de fuerza” sin ventajas concluyentes para los palestinos en relación con sus derechos inalienables.
Bohemia reiteradamente ha recordado el 29 de noviembre, Día Internacional de Solidaridad con el Pueblo Palestino. Ahora el mundo vuelve a tener una magnífica oportunidad de mostrar respeto hacia aquellos decididos a proteger los valores patrimoniales, las costumbres, la dignidad y el espíritu rebelde y justiciero de Gaza y Cisjordania. La postura histórica cubana es clara: Palestina merece tener un Estado soberano, con Jerusalén como capital y en las fronteras anteriores a 1967. Alcemos nuevamente las voces a favor de ese hermano pueblo.



















