Preocupa y ocupa la inflación en Cuba (II Parte)

Existe en nuestro país una preocupación legítima por la inflación, los precios elevados y descomunales: es casi imposible mantener a la familia. Se impone la defensa soberana de nuestro pueblo


Hagamos un acercamiento a este proceso sensible, conscientes de que enfrentar estos desafíos es parte de la batalla diaria por preservar y perfeccionar nuestro proyecto socialista, bajo la dirección del Partido Comunista de Cuba y del Gobierno Revolucionario.

  La inflación en Cuba no es un fenómeno técnico aislado, sino una manifestación aguda de contradicciones estructurales profundas, agravadas por el recrudecimiento del bloqueo económico, comercial y financiero de Estados Unidos, que constituye el principal obstáculo para nuestro desarrollo.

  En julio de 2026, la inflación interanual oficial se situó en el 20,70 por ciento, aunque economistas independientes y la percepción popular la sitúan en niveles muy superiores. Detrás de esta cifra hay un proceso que reconfiguran las clases y el poder en Cuba. Una batalla contra la inflación que no se aborde desde la defensa del socialismo y del poder popular corre el riesgo de ser superficial e incluso funcional a las fuerzas que se benefician de esta crisis, incluidas aquellas que, desde dentro y fuera, intentan desestabilizar nuestra Revolución.

¿Quién gana y quién pierde con la inflación?

Para entender la inflación desde una perspectiva marxista y revolucionaria, el primer paso es preguntarse: ¿quién gana y quién pierde con ella? La respuesta revela una verdad incómoda: la inflación actual tiene un fuerte carácter clasista, que profundiza la desigualdad y desdibuja el proyecto socialista si no se contrarresta con medidas firmes y participativas.

  Los que se benefician: La inflación es el caldo de cultivo perfecto para los sectores vinculados al mercado informal, la especulación y la gestión de remesas. Quienes operan en el mercado cambiario informal, los grandes acaparadores de divisas y los actores que fijan precios en un mercado desregulado obtienen enormes ganancias, muchas veces al amparo de ilegalidades y conductas que atentan contra la estabilidad económica.

  La depreciación del peso cubano en el mercado paralelo (que supera 100 veces la tasa oficial en algunos momentos) es un mecanismo que, al encarecer los productos importados, beneficia a quienes tienen acceso a divisas y controlan su flujo. Un cartón de huevos, que a inicios de 2021 costaba 150 pesos, puede alcanzar hasta los 200 cup por unidad en el mercado informal, un incremento que no refleja un aumento del valor, acaso la capacidad de ciertos actores para fijar precios en un contexto de escasez. Cabe señalar que no nos referimos a todos los actores económicos no estatales, sino a aquellos que abusan y lucran con los precios súper elevados y especulativos.

  Los que pierden: En el polo opuesto se encuentran los sectores más vulnerables y aquellos que sostienen la economía productiva. Los trabajadores del sector estatal, cuyos salarios promedio rondan los 5.839 pesos mensuales (menos de 100 dólares al cambio oficial), ven cómo su poder adquisitivo se reduce.

   Con ese ingreso es “imposible mantener a la familia”, y deben recurrir a las remesas o al trabajo en el sector informal para sobrevivir. Los jubilados, que viven con pensiones fijas en un contexto de precios desbocados, es otro grupo gravemente perjudicado. En definitiva, la inflación funciona como un impuesto regresivo que transfiere el ingreso de los trabajadores y los sectores fijos a los especuladores.

Las 176 medidas

Las 176 medidas económicas y sociales aprobadas en 2026 no son un simple recetario técnico: es una respuesta integral y soberana que busca corregir distorsiones, potenciar la producción nacional e incentivar el trabajo productivo. Estas medidas, agrupadas en 23 ejes temáticos, pretenden reordenar nuestra economía, otorgar mayores facultades a las empresas estatales socialistas y fomentar el cooperativismo.

   Un ejemplo concreto: En el sector agrícola, las medidas del Eje 7 («Transformaciones para incentivar la recuperación agrícola») han impulsado la entrega de tierras en usufructo y la eliminación de trabas burocráticas para la comercialización de excedentes. En varias cooperativas de la provincia de Artemisa, este estímulo ha permitido incrementar la producción de viandas y hortalizas, con un impacto directo en la oferta de los mercados locales. Aunque los precios siguen siendo altos, la mayor disponibilidad de productos ha comenzado a moderar la especulación en algunas plazas.

   Sin embargo, la implementación ha sido desigual. En mayo de 2026, el aumento acumulado de precios al consumidor (9,16por ciento) superó al del mismo período de 2025 (7,45 por ciento), lo que indica que las medidas aún no logran contener la inflación. El propio primer ministro Manuel Marrero Cruz ha reconocido la necesidad de «elevar la exigencia en la implementación del Programa» y de buscar «fórmulas innovadoras potenciando al máximo el uso de las capacidades y recursos endógenos». Es un camino que recién comienza.

¿Qué hacer con la dolarización?

La dolarización parcial de la economía es uno de los temas más espinosos. Oficializada en diciembre de 2025 mediante el Decreto-Ley 113 y otras normativas, permite el uso de divisas extranjeras en transacciones entre actores económicos. El gobierno insiste en que es una medida “temporal” “hasta tanto se solucionen los desequilibrios macroeconómicos existentes” y se pueda retomar “el peso cubano como la única moneda de curso legal”.

  El dólar y el euro tienen desde hace años un peso creciente en las transacciones en efectivo, debido a la inflación, la depreciación del peso y la dependencia de las importaciones (que suponen el 80 por ciento de lo que se consume).

  ¿Se combate, se regula o se acepta? La estrategia actual es una combinación: se regula estableciendo un mecanismo de Asignación de Capacidad de Acceso a la Divisa (ACAD) para cada actor económico, priorizando las actividades exportadoras y la sustitución de importaciones. Se controla reteniendo un 20 por ciento de las divisas de ciertos actores y operaciones. La escasez de divisas es tan aguda que se necesita que fluyan para mantener un mínimo de importaciones.

   El gran riesgo es que la dolarización parcial termine siendo permanente, erosionando la soberanía monetaria y consolidando una economía de dos velocidades: una para quienes tienen acceso a divisas y otra para los que solo tienen pesos. Para nuestro gobierno es una tarea de orden a resolver.

Control obrero: mecanismos participativos concretos

La solución no puede ser un retorno al pasado ni una aceptación pasiva de las leyes del mercado. El camino es la transformación estructural que haga real el control obrero y popular. Pero el «control obrero» no puede quedar en una consigna.

  Se requieren mecanismos concretos: primero, consejos de trabajadores con poder de decisión; no solo consultivos, también con facultades para aprobar o rechazar planes de producción, inversiones y distribución de utilidades en cada empresa estatal. La experiencia de las empresas intervenidas en los años 90 demostró que el control obrero puede aumentar la producción y la productividad.

  Segundo, presupuestos participativos a nivel municipal: que las comunidades decidan, en asambleas abiertas, cómo se gastan los recursos del presupuesto local destinados a obras y servicios. Esto ya se impulsa con el movimiento “Mi Barrio por La Patria”, que tiene frentes como Barrio Participativo” y “Barrio Productivo”.

  Tercero, fiscalización popular de precios: crear brigadas de control integradas por delegados del Poder Popular, trabajadores y amas de casa, con facultades para inspeccionar precios en mercados y bodegas, y denunciar la especulación ante las autoridades. Los órganos del Poder Popular tienen un papel clave en el control de la actividad económica local.

  Cuarto, auditorías sociales: que los trabajadores y la comunidad puedan exigir rendición de cuentas a los directivos de empresas y organismos, con derecho a solicitar la remoción de funcionarios incompetentes o corruptos.

Autocrítica constructiva: errores y correcciones

Ningún proceso revolucionario está exento de errores y la dirección del país ha sido la primera en reconocerlo. El Ordenamiento Monetario de 2021, pese a haber sido necesario para eliminar los subsidios distorsionantes, se implementó sin una estrategia paralela para contener la inflación, lo que disparó los precios y redujo fuertemente el poder adquisitivo del salario. La inflación de ese año cerró por encima del 70 por ciento.

  La dolarización parcial se fue adoptando de facto antes de ser regulada, creando un vacío legal que favoreció la especulación. La burocracia y la lentitud en la toma de decisiones han frenado la implementación de muchas medidas.

  ¿Cómo se están corrigiendo estos errores? El propio Programa Económico y Social 2026 reconoce las “distorsiones críticas” y los “desequilibrios macroeconómicos internos”. Se han creado comisiones de seguimiento a nivel nacional, provincial y municipal. Se está descentralizando competencias hacia los municipios. Y se insiste en la participación popular como herramienta de control y corrección.

   El desafío es pasar del reconocimiento a la acción efectiva. La autocrítica solo es válida si se traduce en cambios concretos que fortalezcan la confianza del pueblo.

El poder popular en la economía: no es una consigna, es una herramienta

La batalla contra la inflación solo se ganará si se libra como una batalla por la profundización democrática del socialismo, donde el «poder del pueblo» no sea una consigna, sino una herramienta viva para el control de la economía. Los órganos del Poder Popular, los delegados y las asambleas municipales y provinciales tienen un papel clave, y se les ha llamado a ejercer ese protagonismo con firmeza. La participación popular no es un adorno: es el único antídoto contra la burocracia y la especulación.

  Como dijera nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz: “El socialismo es el único sistema que puede garantizar la plena igualdad y la plena justicia social, y el único que puede garantizar la supervivencia de la especie humana; y nosotros vamos a demostrar que es posible”. Con esa fe y esa certeza, seguimos adelante, convencidos de que venceremos.

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Un comentario

  1. excelente artículo, bien sustentado. la participación activa de las comunidades en el quehacer productivo con carácter protagonizó es vital para la defensa del proceso revolucionario. Los tiempos de dificultad exigen medidas audaces y profundas, ka transferencia horizontal del quehacer económico y el retorno al pensamiento utópico y revolucionario como guía de cualquier futuro. comunidad o nada. Un saludo. Enzo Moreno.

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