Entre la tensión sobre el sistema sanitario y el desabastecimiento, miles de cubanos intentan frenar el avance silencioso del glaucoma
La pérdida de la visión rara vez aparece de forma repentina. Al inicio, los bordes empiezan a perder nitidez. Luego, el entorno parece ir cerrándose de a poco. Lo que antes era un paisaje amplio termina convertido en un túnel estrecho, hasta que apenas queda un punto de claridad el cual también acaba por extinguirse. Así avanza el glaucoma: una enfermedad silenciosa que daña el nervio óptico y figura entre las principales causas de ceguera irreversible en el mundo.
No avisa. No duele en sus primeras etapas. Y ahí reside parte de su amenaza: cuando aparecen los síntomas, el daño ya suele ser irreversible. Por eso, los especialistas repiten una advertencia que parece sencilla, pero puede marcar la diferencia entre conservar o perder la vista: el chequeo oftalmológico periódico sigue siendo la única barrera real contra el avance de la enfermedad.
Para muchos pacientes en Cuba enfrentar el glaucoma no depende únicamente de un diagnóstico temprano. Para miles de pacientes, la lucha continúa después de salir de la consulta médica. Fármacos, entre ellos el timolol, el latanoprost o la dorzolamida desaparecen con frecuencia de farmacias y hospitales, mientras solo pueden encontrarse en sitios de comercio electrónico a precios inalcanzables.
En esos casos, el tratamiento deja de ser una rutina médica y se convierte en una carrera de resistencia: buscar medicamentos, recorrer farmacias, depender de familiares o esperar reposiciones que a veces nunca llegan. Cuando los colirios faltan o dejan de ser suficientes, la cirugía entra en escena. Pero operar un glaucoma no es un procedimiento cualquiera. Es una intervención de precisión extrema, donde cada milímetro importa. En ese escenario, cualquier factor externo –desde la falta de insumos hasta los apagones– añade una tensión adicional que nadie en un quirófano quisiera enfrentar.

Datos oficiales cifran en más de 4 183 millones de dólares las pérdidas acumuladas en el sector sanitario debido al bloqueo. En oftalmología, estas restricciones impactaron directamente en la disponibilidad de colirios hipotensores, esenciales para el control del glaucoma.
Durante años, Cuba fue referente en la atención oftalmológica en América Latina y otras regiones. Mediante programas de cooperación médica, especialistas cubanos llevaron servicios de diagnóstico y tratamiento de enfermedades oculares, incluido el glaucoma, a diferentes países: Venezuela, Bolivia, Nicaragua, Ecuador y varios del Caribe. Sin embargo, el sistema oftalmológico en la actualidad está marcado por la escasez de insumos, las restricciones tecnológicas y el impacto acumulado del bloqueo, y esto limita su capacidad.
El endurecimiento de las sanciones y medidas coercitivas contra la economía cubana ha sido sostenido y cada vez más agresivo. El 29 de enero de 2026, Donald Trump firmó una orden ejecutiva –en vigor desde el día siguiente– autorizando la imposición de aranceles adicionales a cualquier país que suministre petróleo a Cuba. La medida afectó de manera directa el flujo de crudo venezolano y aumentó la presión sobre otros posibles proveedores, como México.
En mayo de 2026, otra orden ejecutiva amplió las sanciones a personas y entidades vinculadas con los sectores energético, minero, de defensa y seguridad de Cuba, además a quienes brinden apoyo material, financiero o tecnológico al gobierno cubano o a individuos previamente sancionados.





















