Presidente sudafricano clausura Cumbre en Johannesburgo/prensa-latina.cu
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¿“Rebelión” en el G20?

Sudáfrica acaba de celebrar histórica reunión de alto nivel. Veamos por qué


A instancias del exmandatario estadounidense George W. Bush, el Foro del G20 transitó de curia de expertos de las 20 economías más importantes a cónclave de sus jefes de Estado. En 2025, sin embargo, hubo las significativas ausencias de Donald Trump, Vladímir Putin y Xi Jinping, lo cual no fue óbice para proyectar rumbos.

El G20 nació como resultado de la crisis financiera asiática de 1999, con el propósito de que los ministros de finanzas y gobernadores de bancos centrales debatieran sobre temas económicos y financieros globales. En la actualidad, la agenda comprende temas de comercio, desarrollo sostenible, salud, agricultura, energía, cambio climático, lucha contra la corrupción y deuda externa.

Como se aprecia, se trata de un diapasón amplio, en el que participan 14 organizaciones internacionales socias, cuyas presidencias también integran el foro, lo cual pudiera hacer pensar en perspectivas favorables, aunque hasta esta fecha los ricos se siguen haciendo más ricos. Esa condición de base es fuertemente rechazada por los movimientos antiglobalización, con el reclamo de “mirarse menos el ombligo” y atender verdaderamente las urgencias de los pueblos sin horizontes a la vista.

Este año, la cita -aparentemente- dio un golpe de timón, al concentrarse en “Promover la solidaridad y ayudar a los países en desarrollo a adaptarse a las catástrofes meteorológicas, el paso a la energía limpia y reducir los costos de endeudamiento excesivos”. Fue sorprendente la tónica de los oradores, quienes reverenciaron al multilateralismo y demandaron bajos aranceles.

Pero aquí es preciso detenerse, porque, en mi opinión, se trata de una actitud pragmática a la luz de los acontecimientos mundiales, en los que China y Rusia marcan pautas: la primera en materia económica, financiera y comercial; y la otra en lo militar, siendo ambas naciones “sombrilla” para nuevas alianzas. Ahí están la Unión Económica Euroasiática y la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS). Ni qué decir de la ascendencia de ambos países en el Brics; así, el G20 ha aquilatado las nuevas coordenadas bajo esos otros boyantes liderazgos mundiales.

En cuanto a los aranceles, este asunto denota una protesta semivelada a los afanes de Trump de ir contra todos en la carrera en hacer a “América grande otra vez”. En general, puede decirse que el tono de la declaración final fue positivo, pues se enfatizó en más atención global a cuestiones específicas de los países pobres, la necesidad de ayuda financiera para esfuerzos de recuperación después de desastres climáticos, encontrar formas de aliviar sus niveles de deuda y apoyar la transición a fuentes de energía verde. Sin tapujos, hubo advertencias contra el proteccionismo y la volatilidad en los mercados globales.

Según reporte de Prensa Latina, el texto insiste en sistemas de gobernanza comercial “transparentes y predecibles”, en aras de adaptarse rápidamente a las crisis. Se plantea una reforma profunda de la arquitectura financiera global, y se señalan las inequidades entre países desarrollados y en desarrollo. Se propuso revisar los sistemas de calificación crediticia, los marcos del Fondo Monetario Internacional (FMI) y los modelos de asignación de Derechos Especiales de Giro.

Otra novedad es haber incluido una propuesta de institucionalizar la participación ciudadana y garantizar que las voces amplificadas durante la presidencia sudafricana permanezcan incorporadas en la futura toma de decisiones globales, añade PL. De cualquier manera, las declaraciones finales del G-20 no son vinculantes.

El presidente sudafricano y anfitrión de la cumbre, Cyril Ramaphosa, no obstante, se mostró orondo del resultado: “Hemos utilizado esta presidencia para colocar firmemente las prioridades de África y el Sur Global en el corazón de la agenda del G20, en dar a las comunidades de todo el mundo una plataforma para hablar por sí mismas, en lugar de ser habladas”.

Puede decirse que hubo cierta “rebelión” o una toma de conciencia sobre las acuciantes realidades. El reto sigue siendo dejar las apariencias, pasando a resolver los problemas a favor de quienes menos tienen, en un baño de equidad y dignidad, quizás en los asuntos medioambientales, toda vez que son los ricos los mayores contaminantes. Si bien, es necesario señalar: el G20 se fundó para los prósperos. Veremos el desenvolvimiento en el futuro inmediato.

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Un comentario

  1. Excelente resumen sobre un evento que por distintos motivos no tuvo la cobertura habitual. Atinado el enfoque de la rebelió que de hecho significa la preparación de contenidos y conducción sudafricana. La referencia a los BRICS y otros foros de influencia ascensional sugiere que no estamos ya en la época del unilateralismo en que se concibió la arquitectura de los 20 y los siete.

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