Mientras el “imperio del mal” hace de las suyas, el mundo cambia muy a su pesar. Los pueblos mesorientales pagan un alto precio
Atravesada de punta a cabo por una filosofía heredada del rancio fascismo de los años 20 del siglo pasado, Asia Occidental le rinde pleitesías a los bombarderos y misiles. Unos al atacar y otros en pleno ejercicio defensivo. Es como si el “¡Viva la muerte!” del legionario español Millán-Astray se hubiera extrapolado de época y resurgieran esas imágenes dantescas de destrucción a través de métodos de última generación tecnológica, o mediante un cinismo bárbaro y una frialdad enorme.
Estados Unidos e Israel necesitan demostrar fuerza y prefieren hacerlo mediante las armas y no con el despliegue de la ciencia al servicio de la vida. Bien mirado, estas dos naciones mucho podrían aportar al mundo si se decantaran por lo “bueno”: al contrario, deciden guerrear.
Tel Aviv tiene frentes abiertos además del de la República Islámica de Irán, los de Palestina y Líbano. Ambos Estados han sido dejados de “la mano de Dios” en tanto a atención mediática occidental se refiere: el Parlamento de Israel ha colocado en letras doradas de su jurisprudencia una de las leyes más atroces referidas a los palestinos, la cual se inscribe como una de las últimas fechorías del régimen sionista contra los verdaderos dueños de las tierras del Canaán. No les basta haber asesinado a cientos de miles de niños en Gaza y hacerlo con la perversa justificación de cortar de raíz a futuros combatientes por la soberanía.
Y es precisamente contra estos la nueva ley: se instaura pena de muerte por defecto para los palestinos de Cisjordania convictos por haber matado a ciudadanos israelíes. Es ella una vía expedita para formalizar “un sistema punitivo diferenciado que se aplicará exclusivamente bajo criterios de nacionalidad y origen étnico”. Sin embargo, a aquellos israelíes autores de homicidios diversos contra árabes y persas ni siquiera se les “halan las orejas”; al contrario, se les considera dignos hijos de Israel.
Un editorial del diario mexicano La Jornada, titulado “Israel: barbarie legalizada”, sostiene: “aunque el Ejecutivo presenta esta norma como un instrumento de disuasión frente a la resistencia armada en los territorios ocupados, su implementación fractura los mínimos estándares de justicia internacional al imponer el castigo capital de manera automática”.
Asimismo, puntualiza: “Esta decisión profundiza el régimen de segregación que impera en la región y consolida una estructura legal donde la vida de las personas tiene un valor distinto dependiendo de su origen, lo que anula cualquier pretensión de equidad ante la ley”. De las garras de este apartheid no van a librarse entonces ni los infantes encarcelados por dar muerte a un ocupante, quien puede ser cariñoso con su prole en casa, mas en la calle se vuelve una bestia feroz contra los colonizados.
El gobierno ultrareaccionario del primer ministro Benjamín Netanyahu se siente por encima de la Ley e incluso se especula sobre sus muchas guerras como una víade evadir la justicia debido a acusaciones de corrupción. ¿Y qué hace?: comete genocidio en Gaza y ahora da luz verde a esta nueva Ley vestida con el traje largo del racismo extremo. Pero ni así logrará quebrar la resistencia del pueblo palestino, el que, al unísono de rechazar el nuevo engendro, salió a las calles de esa misma Cisjordania reocupada en conmemoración de otra jornada por el Día de la Tierra Palestina.
Líbano otra vez

Netanyahu va en serio en sus pretensiones de dejar el legado histórico del Gran Israel, empeño máximo del sionismo. Y similar a atacar a Irán el 28 de febrero, acompañando a su compinche imperial, en marzo de este año siguió hostigando al Líbano, al cual odia por la derrota sufrida hace 20 años, cuando las milicias de Hezbolá demostraron que son un gigante con pies de barro…
Cada cierto tiempo, Israel se “vuelve loco” y arremete diferentes flancos de la Nación de los Cedros, más específicamente el sur, y declara estar preparado para una “operación prolongada”. En la edición de este 22 de marzo del Resumen Latinoamericano y del Tercer Mundo. Diarios de Urgencia se lee: “Un bombardeo israelí destruye el puente Qasmiyeh, un punto de conexión clave entre el sur y el norte del Líbano. El presidente (libanés) Joseph Aoun manifestó que la agresión se enmarca “en tramas sospechosas para establecer una zona de amortiguación a lo largo de la frontera israelí, consolidar la realidad de la ocupación y buscar la expansión israelí dentro de territorio libanés […] amenaza la integridad territorial del país y pone en riesgo la vida de los civiles en la región”. Aoun denuncia: “los ataques representan una peligrosa escalada y una flagrante violación de la soberanía del Líbano”.
El ministro sionista Israel Katz se jactó en público de semejantes acciones bélicas, pues en su opinión hay mucho trabajo pendiente de la mano de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), cuya misión es acometer la demolición de viviendas en las aldeas fronterizas del Líbano, “siguiendo el modelo que aplicamos en Rafah y Beit Hanoun, en la Franja de Gaza”.
Según el medio consultado, la actual oleada “es el evento más mortífero en el país desde la guerra de 1975-1990. El Ministerio de Salud del Líbano ha informado que los ataques aéreos israelíes han causado la muerte de más de 1 000 personas, incluidos 118 niños (además de más de 350 menores heridos), y el desplazamiento de un millón de personas”.
Guerra y más guerra

Los estadounidenses e israelíes, al arremeter contra Irán, sin una justificación real, han puesto en riesgo de supervivencia a la Humanidad entera. La nación persa se ha defendido y reiteradamente ha señalado que no depondrá las armas hasta tanto desaparezcan las amenazas de los dos rivales. Pudiera llamarse a todos los actores involucrados a moderación, pues en este conflicto debería hallarse un cierre para restaurar una frágil paz en busca de una definitiva. Dejemos el tiempo correr.
El investigador argentino José Luis Carretero Miramar escribió un texto esclarecedor: “El día después de la guerra en el Golfo Pérsico todo habrá cambiado”. Veamos algunos pasajes: “La agresión de Trump contra Irán ha provocado una de estas bifurcaciones irreversibles en el sistema-mundo. Cuando todo esto acabe, el escenario geoeconómico global ya no será el mismo. Las posibilidades de prever el futuro con solvencia son ahora mínimas. El caos, la incertidumbre y la volatilidad son ahora los elementos esenciales para cualquier intento de análisis racional de la situación”.
Incluso sostiene una tesis ya planteada por Bohemia: “Gaza ha sido el experimento previo que ha convertido en plausible la demolición trumpista de todo el edificio del Derecho Internacional construido tras la Segunda Guerra Mundial. Un genocidio televisado diariamente y acompañado del silenciamiento de los organismos globales encargados de su prevención, como el Tribunal Penal Internacional y la Corte Internacional de Justicia. Estados Unidos, incluso, mantiene sancionados a los actores jurídicos encargados de hacer cumplir (menesterosamente, cuando menos) el ordenamiento jurídico”.
“Y el crimen de agresión de la presidencia estadounidense finiquita también la era de la globalización económica, que ya estaba herida tras los aranceles lanzados unilateralmente por Trump contraviniendo todos sus acuerdos bilaterales anteriores y el régimen de la Organización Mundial de Comercio. Los misiles en el Golfo anuncian el espectro brutal de la estanflación (inflación sin crecimiento) y escenarios de recesión en Estados Unidos, Asia y la Unión Europea”.
El desenlace de la guerra civil española derivó en la prolongada dictadura de Francisco Franco, a quien se le opusieron con valentía miles de mujeres y hombres. En opinión de Carretero Miramar, hoy en día “se multiplican las señales de inicio de una nueva oleada de lucha de clases a nivel global. La reorganización del mundo sindical en muchos países (como el propio Estados Unidos), las revueltas recurrentes en el Sur del mundo, la articulación de un movimiento internacional creciente de solidaridad con Gaza… Todo ello anuncia un tendencial despertar de las luchas sociales”. De momento, la muerte señorea.




















