De la vocación visionaria de nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz dan fe sus pensamientos y acciones que nutren la conciencia del pueblo cubano
Fotos. / ARCHIVO BOHEMIA
De ningún modo necesitamos la savia del recuerdo para traerlo al presente. Su inmenso legado fija la brújula del día a día en Cuba; fortalece el sentido de la Patria como conciencia, alma y baluarte mayor. Decimos nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz por sentirlo vívido cuando hacemos memoria y en la obra grande de un pueblo en constante resistencia.

Una, otra vez, el registro de imágenes, ideas, palabras, pensamientos reveladores de sus pasiones vuelven a la cotidianidad de generaciones en Cuba y el mundo. Él fue consciente de simientes históricas crecidas en árboles frondosos. Sintió hondamente un precepto La cultura es la Patria; pues en raigales dimensiones reconoce el nexo entre cultura y nación con el que Don Fernando Ortiz describió una sólida relación al decirnos: “La cultura no es un ornamento, ni un lujo, es una energía creativa. Y el signo mayor de la Patria”.
Valiosos testimonios de ilustres artistas, intelectuales, creadores en diferentes manifestaciones nutren lo que deben conocer la niñez, la juventud, las familias, las sociedades en lugares recónditos. Cada obra habla por quienes expresan cómo la cultura está presente en nuestro quehacer desde los inicios del proyecto revolucionario cubano.
Fidel, así, sencillamente, preservó ese potente acervo batallador. Su ingenio lo reconoció, para sobrevivir y desarrollarse la Revolución tenía que ser un hecho cultural. Este concepto evidencia, pensémoslo, ir más allá de la toma del poder político a fin de fundar una nueva cultura superior a la del capitalismo. Construirla ha sido y es un proceso creciente, cotidiano. Por eso la institucionalidad de la cultura comenzó a crearse desde 1959.
Ese baluarte que antes y hoy de manera exacerbada está en la mira de la potencia imperialista del Norte ha hecho posible un sistema institucional en provecho de una de las tantas ideas hermosísimas de Fidel: “La Revolución significa, precisamente, más cultura y más arte”. Visionario entrañable avanzó sin pausa. Nacieron la Casa de las Américas y el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) en un país inmerso en la Campaña de Alfabetización. Y él lo avizoró enseguida: “No le decimos al pueblo cree, le decimos lee”.
Quizás, al rememorar dispersas tantas palabras sabias no las aprehendemos en toda su perspectiva transformadora. Cambiar lo que tenía que ser cambiado. La cultura como una forma de vida llegó para tocar las fibras del ser humano.

Imposible olvidarlo, la prima ballerina assoluta Alicia Alonso, maestra de bailarines jóvenes y consagrados lo expresó a BOHEMIA: “Fidel creyó que la cultura de la Revolución no podía ser una creación imperfecta.
Defendió el Ballet Nacional de Cuba y llevarlo al pueblo sensible. Estimuló el crecimiento de espacios y de diálogos para seguir forjando el ser de la nación y su dimensión espiritual”.
La propia creación de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac), la jerarquía de Palabras a los intelectuales, abrir ventanas de estímulo al pensar e imaginar mediante una política cultural que nunca será estática sino fuente de avances, análisis e interpretaciones sientan pautas en los reinos de conocernos y reconocernos a cada momento. A veces, sorpresivamente, jamás el descanso será lo requerido; la voluntad tiene que combatir la intolerancia y la complacencia.

Escuchar al trovador Silvio Rodríguez redescubre metáforas y la verdad válida para todos los tiempos en su célebre pequeña serenata diurna.
Nos confesó en una oportunidad: “Yo me siento Cuba”. Y lo reafirma en su intención de hacer poesía, indagar en la realidad sin complacencias mediante contribuciones éticas y culturales en beneficio de la justicia social.

Amar con intensidad lo que hacemos nos pidió Fidel. Ese verso en prosa que crece alimentado por la inteligencia colectiva tiene en la obra de Noel Nicola una energía renovadora que en el siglo XXI debe llegar a los oídos y al entendimiento del pueblo de manera sistemática. Igual que Sara González, quien al recibir la réplica del Machete del Generalísimo Máximo Gómez nos expresó: “Con él defenderé siempre a la Patria, la Revolución, el socialismo y a Fidel.”

Ese cierre reafirmó la lealtad a los principios. Comprenderlo significa entender por qué en los años más difíciles del Período Especial Fidel defendió con calidez, fuerza y orgullo: “la cultura es lo primero que hay que salvar”. Advirtió el riesgo de perder nuestra mayor fortaleza, la unidad y la identidad. Sabía del peligro de la avalancha colonizadora en los tiempos de la globalización y del acceso masivo a las nuevas tecnologías, promovidos, ajustados a sus intereses por mercaderes empeñados en empobrecer la capacidad crítica y el pensamiento liberador.
¿Cómo robustecemos la vocación de servicio en cualquier lugar de Cuba? Volviendo a la inmensidad del Poeta Nacional Nicolás Guillén, presidente Fundador de la Uneac:
¡Aquí estamos!
La palabra nos viene húmeda de los bosques,
Y un sol enérgico nos amanece entre las venas.
El puño es fuerte
Y tiene el remo.
Sentir el gozo de la cultura en tiempos difíciles es estar junto a
Fidel porque Fidel es un país.





















