Desde sus primeras aplicaciones experimentales por la década del 70, hasta su reciente impulso dentro del sector del transporte, el uso del biogás ha evolucionado como solución energética sostenible en el país
En el municipio de Martí, Matanzas, se encuentra en fase final de puesta en marcha una singular iniciativa que promete marcar un hito en la región: la incorporación de ómnibus propulsados por biometano o biogás refinado al sistema de transporte público.
Los orígenes de esta novedad se remontan a un camino mucho más largo, construido entre investigaciones, experiencias y desafíos tecnológicos ya anticipados por BOHEMIA hace décadas como una alternativa que hoy comienza a materializarse.
Cimientos de una apuesta nacional

Aunque actualmente se abre paso hacia sectores más complejos, el uso del biogás en Cuba no es un fenómeno reciente. Sus inicios datan de la década de los 70, cuando se instalaron de forma experimental los primeros biodigestores en zonas rurales, con el propósito de aprovechar los desechos orgánicos –principalmente de la ganadería– para la obtención de energía.
Aquellos inicios mostraron un empleo limitado de esta tecnología, concentraban experiencias aisladas; sin embargo, sentaron las bases de una opción que cobraría mayor relevancia tiempo después.
Ya en junio de 1982, la sección Panorama de la Ciencia y la Técnica de nuestra revista (No. 23), establecía los fundamentos teóricos de lo hoy exhibido en Matanzas. Ese número, no solo explicaba desde la óptica del ingeniero Edgardo González Alonso las etapas biológicas de la metanogénesis –el proceso de biodescomposición en ausencia de aire–, sino vaticinaba que el desarrollo de esta fuente renovable podría ahorrarle al país hasta 200 000 toneladas (t) de petróleo al año.
El recurso, poco a poco, dejaba de ser una curiosidad de laboratorio para transitar hacia un proyecto de programa de desarrollo nacional coordinado.
Esa transición de lo experimental a lo cotidiano fue captada por la pluma de Alberto Pozo en agosto de 1982 en nuestras páginas (No. 33). Bajo el título “¡No hay idea pequeña!”, se documentó cómo en la vaquería La Unión, de Villa Clara, las excretas de apenas 25 vacas podía iluminar el centro y alimentar fogones, con una potencia de llama similar al gas de la calle. La publicación defendía cómo a través del uso de tecnologías pequeñas la eficiencia podía nacer desde el corazón del campo aprovechando lo desechado por otros.

De pasivo ambiental a motor de desarrollo
Otra arista importante del proyecto gestado hoy en el municipio matancero es su aporte a la descontaminación. A propósito, resulta necesario remitirse al aviso lanzado por BOHEMIA en agosto de 1987 (No. 35) al analizar el cebadero El Galope, en el municipio de Candelaria –mayor de Latinoamérica en esa fecha y principal foco de contaminación de la agricultura cubana.
Ante esa situación se proponía el biogás como la solución definitiva, pero iba más allá. Se señalaba que el biofertilizante obtenido durante el proceso –con abundante nitrógeno, fósforo y potasio– “ennoblecía el suelo” y aumentaba la resistencia de los cultivos a las plagas.

La iniciativa propuesta, evaluada junto a la Organización Latinoamericana de Energía, era un complejo industrial de diseño modular. Se preveía una producción de 10 000 metros cúbicos diarios de biogás, representativo de un ahorro de 4 300 t de fuel oil al año, además de la eliminación de focos críticos de contaminación.
Al releer esas páginas, se percibe que el modelo de economía circular impulsado hoy es la culminación de un anhelo de sostenibilidad que nuestra publicación ha acompañado en su desarrollo.
Fue por los años 90, durante el llamado Período Especial, cuando la nación –enfrentada a una profunda crisis energética– halló en esta variante una opción viable, económica y sostenible.
La instalación de biodigestores se extendió hacia cooperativas y fincas, en las que la disponibilidad de materia prima garantizaba su funcionamiento. El gas comenzó a utilizarse, fundamentalmente, en la cocción de alimentos y, en menor medida, para la generación eléctrica en comunidades rurales.
Aunque en 2026, el uso de biometano en cinco ómnibus Yutong parezca una novedad del siglo XXI, esta revista ya rastreaba antecedentes similares hace cuatro décadas. En octubre de 1986, BOHEMIA (No. 44) informaba sobre la colaboración entre expertos del entonces Instituto de Investigación de Técnicas Agrícolas Checoslovaquia con la Planta Forrajes de la ciudad de Trebon para implementar tecnologías donde los residuos porcinos, tras un tratamiento especializado servían como carburante para camiones.
En aquel reporte se celebraba un logro que hoy resuena en la municipalidad matancera: el empleo del biogás no solo en la cocinar, sino para generar electricidad y mover el transporte.
Con la llegada de los años 2000, Cuba inició un proceso más estructurado para fomentar el uso de fuentes renovables. Instituciones científicas, universidades y programas estatales impulsaron el desarrollo de tecnologías asociadas, promoviendo su aplicación en sistemas productivos y su integración a estrategias locales de desarrollo.
Durante la última década, este recurso ha pasado de ser una solución doméstica a formar parte de una visión más amplia de soberanía energética. Proyectos apoyados por la cooperación internacional y entidades nacionales han permitido avanzar hacia la producción de biometano –una versión refinada del biogás con mayores prestaciones.
El salto hacia la autonomía local
En el caso específico de Martí, el combustible proviene de los desechos generados por centros porcinos del territorio. Declaraciones al periódico Girón de Sobeida María Reyes Martínez, directora de Desarrollo de Martí y coordinadora del proyecto, develan que la elección del territorio respondió a la existencia de una infraestructura previa, vinculada a proyectos internacionales, que incluía dos biodigestores de gran escala.

A partir de esa base instalada, la estrategia fue optimizar su utilidad. Durante etapas anteriores, el fluido generado se destinaba exclusivamente a la producción de electricidad, quedando excedentes sin empleo. Hoy, tras su purificación, puede emplearse en propulsar un grupo de medios de transporte.
El proceso de transformación fue detallado al periódico Girón por Ramón Castellarnau Font, representante de la empresa española Gecrio, parte del proyecto. “El gas surtido a la planta viene por unas tuberías de los biodigestores. Tenemos los gasómetros, donde se acumula todo ese biogás “sucio”. La planta le quita la parte de sulfhídrico y de dióxido de carbono. Ese gas limpio lo comprimimos a alta presión, pasamos a 200 bares y lo almacenamos en unas botellas en el área de abastecimiento de los vehículos. Además de los cinco ómnibus, también hay dos furgonetas funcionando con él, con una autonomía de 300-400 km”.
Así que lo que comenzó como una alternativa experimental, apartada de las ciudades, se consolida hoy como una opción estratégica dentro de la matriz energética nacional.
La instalación del norteño municipio cuenta con una capacidad de procesamiento de 150 metros cúbicos de gas, equivalentes a una producción de 40 kilogramos por hora.
La sostenibilidad de este flujo energético, no obstante, está condicionada por la actividad dentro de las naves de cría. El nivel de masa porcina y la calidad de su alimentación determinarán el rendimiento final de la planta.
Se trata de un modelo reductor de la dependencia de hidrocarburos y promueve el aprovechamiento de recursos endógenos. La iniciativa se enmarca en el proyecto “Acción Global para el Cambio Climático en la municipalidad de Martí hacia un modelo de desarrollo sostenible carbón neutro”, implementado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y el Ministerio de Economía y Planificación.
El biometano es una fuente renovable en pleno crecimiento, con amplias perspectivas de extensión a otros territorios y sectores. La puesta en funcionamiento de la iniciativa en el municipio yumurino lo posicionará como un referente en el uso de energías limpias aplicadas al transporte.
A la postre, el impacto de esta experiencia trasciende la movilidad y la generación de energía –servicios históricamente afectados por limitaciones energéticas. La producción del combustible renovable permitirá, además, la eliminación de pasivos ambientales, en correspondencia con las políticas de desarrollo territorial y enfrentamiento al cambio climático.
Martí, en beneficio de sus más de 20 000 habitantes, materializa un anhelo de sostenibilidad que durante décadas ha sido el destino trazado para el biogás cubano.





















Un comentario
Excelente!!! ojalá se generalice en todo el país!!!