Fotos. / Pastor Batista Valdés

Ciego de Ávila, madrugada de este sábado 26 de julio. Cuba entera parece estar sentada en la Plaza de la Revolución Máximo Gómez Báez, de esta ciudad, a la espera de que comience el acto central que, como cada año, vuelve a dignificar, de Punta a Cabo, la hazaña del Moncada.
A mi derecha, dos hermosas palmas parecen aguardar también.
No sé si a otros les llamará la atención. A mí, desde el primer instante.
Por momentos, el efecto de las luces de ambientación o de escenografía, tornan sus troncos de un hermoso color verde, para luego pasar a otras tonalidades, a veces con la base de un rojo que en verdad invita a la acción.
¿Será que alguien lo concibió así, con toda intención, o será solo fruto de esa interpretación individual que no a todos nos lleva a ver “lo mismo” que todos vemos?
No lo sé. Lo cierto es que creo haber visto antes, varias veces, esa misma imagen. A medida que el amanecer va bañando en luz la Plaza también yo voy ganando en “claridad”.
Pues claro que sí –concluyo al fin. Cómo no me percaté antes. Por supuesto que he visto en numerosas ocasiones esa misma efigie: cada vez que Raúl (en este caso a la derecha) tomaba la mano de Fidel para alzar, en un solo puño, ambos brazos, en gesto de victoria… y de saludo a todo tiempo futuro.


















