Trump de vuelta al tablero 

Cada vez es más evidente que, más allá de los discursos de los dos partidos dominantes, sus fundamentos son similares: ambos representan las mismas expresiones políticas del «establishment» 


Donald Trump regresará a la Oficina Oval de la Casa Blanca. Tras un fallido intento de atentado y la reiteración de sus posturas racista, xenófoba y chovinista, el candidato republicano logró ganar las elecciones. El magnate y expresentador de reality shows, quien personifica al empresariado capitalista agresivo, recurrió al chantaje y las amenazas para infundir miedo durante su primer mandato.

Donald Trump parece decidido a promover el proyecto de los poderes que lo respaldaron. / actualidad.rt.com

Ahora, con una imagen renovada, parece decidido a impulsar el proyecto de los poderes que lo respaldaron. Este enfoque no busca cambiar el sistema, sino reforzar la lógica del imperialismo.

Horas antes de los comicios, el reconocido economista británico Michael Roberts advirtió que la victoria de cualquiera de los candidatos no tendría mayor relevancia para los banqueros, los fondos de inversión y las grandes fortunas del sector tecnológico, incluidos los líderes de las Siete Magníficas (Apple, Microsoft, Alphabet, Amazon, Meta, Nvidia y Tesla). Ambos aspirantes están comprometidos con el sistema capitalista y su funcionamiento.

El CEO del fondo de inversión BlackRock, Larry Fink, concordó con esta postura y aseguró que, a largo plazo, la realidad económica es más poderosa que cualquier política gubernamental. En consecuencia, el triunfo de cualquiera de ellos beneficia a las grandes corporaciones.   

Después del resultado, todos ganaron. Pero en particular dos multimillonarios de Silicon Valley, contratistas de los servicios de inteligencia: Elon Musk, el hombre más rico del planeta; y Peter Thiel (Palantir), quien puso como vicepresidente a su ahijado, J. D. Vance.

El primer ejecutivo de Tesla y propietario de la red social X (antes Twitter), Musk, pasó de proyectar una reputación de genio tecnológico excéntrico y libertario a convertirse en un actor político activo y uno de los mayores donantes individuales a la campaña y al movimiento MAGA (Make America Great Again), con 118 millones de dólares.

Si hubo un gran ganador fue Elon Musk, el hombre más rico del planeta. / politico.com

Los demócratas confiaron en que la percepción de Trump como un criminal convicto acusado de fascismo y nazismo sería suficiente para frenar su regreso a la Casa Blanca. Sin embargo, la victoria del neoyorquino indicó que el discurso sobre la “democracia”, con sus mitos fundacionales difundidos en el imaginario popular, quedó en segundo plano. La economía, como reza el dicho, se convirtió en el factor determinante: millones de ciudadanos corrientes (incluido el 45 por ciento del voto latino) sufragaron con el bolsillo, diezmado por una inflación anual de ocho por ciento que provocó una subida de precios (promedio).

Un amplio sector de la población cree que las causas penales contra Trump son un ataque político («lawfare«) y que, aunque el asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021 fue un hecho grave, no tiene la misma relevancia que el estancamiento económico. Estos ciudadanos sostienen que su principal objetivo es alcanzar el “sueño americano”.

El magnate logró obtener casi 5 millones de votos más que Harris, lo que sugiere que su estrategia de comunicación fue más efectiva. El Partido Republicano ganó el Senado y con gran probabilidad la Cámara de Representantes. De ser así, gobernará con el control del poder legislativo y judicial, además de una Corte Suprema ultraconservadora.

Trump pretende implementar una política migratoria restrictiva, que incluye la revocación de la política de puertas abiertas de Biden y la finalización del muro fronterizo en el sur. Con el objetivo de reforzar la vigilancia, prometió desplegar personal altamente capacitado y tropas actualmente ubicadas en el extranjero. Además, planeó reimponer las prohibiciones de entrada desde países que considera “indeseables” y restaurar las políticas “Quédate en México” y “Título 42”, que mencionaban la expulsión de personas.

Para llevar a cabo estas medidas, conformó un equipo antimigrante de alto nivel, encabezado por Stephen Miller, arquitecto de sus políticas de transición durante su primera administración, quien ahora ocupará el cargo de subjefe de gabinete.

Carta geopolítica

Es bastante probable que el triunfo del expresidente, tal como lo prometió, signifique un alejamiento del camino guerrerista y una atenuación de los conflictos, tanto en Ucrania como en el Mediterráneo Oriental. Esto fue parte de su promesa electoral y una política firme durante su primer mandato, en el cual retiró las tropas del Ejército en el mundo y disminuyó la intensidad de los conflictos bélicos existentes.

En el caso de Europa, el triunfo se produce en un contexto de auge de las extremas derechas, lo que podría fortalecer a estos sectores en su postura contra la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

Si alguna región puede sentirse en ascuas por la nueva llegada es el Oriente Medio, donde cualquier cosa podría pasar.

América Latina también observa con expectativa el panorama. Los sectores más conservadores del área, especialmente en Brasil, Chile y Colombia, utilizarán la victoria como un impulso para volver al poder político. Podríamos anticipar un giro más acentuado hacia la derecha en el subcontinente, al estilo del exmandatario de Brasil Jair Bolsonaro y del presidente argentino, Javier Milei.

Con respecto a Venezuela, la situación podría ser más compleja. Es bien conocido el interés del político en el control del petróleo, mientras su administración dedicó grandes esfuerzos para respaldar al gobierno autoproclamado de Juan Guaidó, sin el resultado deseado.

En cuanto a nuestro país, si durante su primer mandato Trump fue considerado “una desgracia”, al arreciar las “éticamente inaceptables” medidas coercitivas unilaterales impuestas por Washington, en un segundo mandato podría ser aún peor. Esto sería especialmente probable si se incorporan a su gestión personas vinculadas al lobby de Florida como Marco Rubio.

Más allá de la incertidumbre que esto pueda causar, a 90 millas de la Florida los cubanos recuerdan que el bloqueo económico ha cumplido más de 60 años y es hora de conocer otra realidad.

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