Un juego muy serio que reclama justicia y sinceridad

Filmes, telenovelas, series, puestas teatrales colocan en la mira diferentes agresiones hacia el ser humano: pensarlas en profundidad ayuda a meditar sobre nuestra existencia, aquí y ahora


¿Suelen las obsesiones obnubilar los juicios y que se tome partido a favor o en contra de lo que está bien o está mal? El tema de la violencia de género emerge en redes sociales y otros ámbitos y contextos. Cada quien dice lo que considera: tal vez sin reflexionar mucho en por qué y para qué. No obstante, constituye un eje imposible de soslayar, pues forma parte de las vidas-otras presentadas en el cine, la televisión y otros medios, y en la existencia real, la diaria, que puede ser propia o ajena, pero que siempre duele, mortifica, angustia y hace pensar.

¿Lo que vemos en las pantallas es como es o lo imaginaron guionistas, directores y equipos creativos? La literatura busca en los mundos reales o posibles al interesarse por personajes, conflictos y sucesos. Por su parte, las ficciones audiovisuales tienen anclajes en contradicciones que propician la identificación del espectador con experiencias socioculturales.

Lamentablemente, por doquier las violencias aparecen. Al parecer, sin muros de contención, aunque existan programas, leyes, proyectos que alertan de manera urgente a la ciudadanía.

Quizás gana terreno la dramaturgia de las violencias. De ningún modo. Toda la dramaturgia, como la esencia misma de la vida que quiere atrapar, se mueve dentro de esa dialéctica del acto comunicativo y del lenguaje, la tradición y la ruptura, lo viejo y lo nuevo, sobre todo por novedoso y significativo en el ser y el quehacer. Lo cierto es que las violencias se hallan en los nervios argumentales de puestas cinematográficas y audiovisuales.

El abandono es un acto de violencia. / YASSET LLERENA.  

Hay que ver y comprender el filme Calle 232 del director Rudy Mora para entrar en el meollo de la condición humana. Sobre su propuesta conmovedora y sugerente volveremos en estas páginas de BOHEMIA, ya que exige un pensamiento críticoen provecho de conocernos mejor.

¡Y qué transmiten la telenovela cubana Ojo de agua y en otra dimensión la turca Ciudad cruel?  Son realidades diferentes caracterizadoras de sociologías y estéticas de dramaturgias centradas en las almas, las conciencias y las perturbaciones del pensamiento para moverlo sin dilación.

Ninguna obra se parece a otra. Tampoco abogo por la comparación. Necesitamos centrar el ver y la reflexión en las consecuencias de hostigamientos, agresiones y situaciones límites. En esas violencias que como el silencio dañan la integridad personal y colectiva. El abandono, la angustia provocada, los celos, el castigo psicológico y físico dañan la piel y las honduras del individuo.

Nunca renunciemos al sentimiento que une, fortalece y hace pensarlo todo de nuevo. Quizás, alguien recuerde ahora un bocadillo registrado en su mente. “El amor siempre es un riesgo, eterno precipicio”, dice don Pedro (Víctor Laplace) en el filme Cartas del parque (1988),uno de los seis relatos escritos por Gabriel García Márquez, Premio Nobel de Literatura. Lo incluye la serie Amores difíciles, del proyecto cinematográfico auspiciado por TV Española y la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano. El director de la puesta, Tomás Gutiérrez Alea, Titón, junto a García Márquez y Eliseo Alberto Diego, reinterpretaron en el guion, el texto literario para la TV, donde la representación de la modernidad se hace accesible a las mayorías.

La retroalimentación entre los medios audiovisuales de comunicación, convertidos en sólidos vasos comunicantes, hace posible la visualidad de realidades-otras desde diferentes perspectivas. En este caso, en lugar de compartir lo recóndito de la intimidad, el escribano mediador en la historia asume filosofías de poetas, acuciosos buceadores del alma: aprehende esencias humanas, las cuales incorpora a razonamientos personales.

Este puede ser un camino, no es el único. La estructura del argumento gira en torno a la verosimilitud de la narración audiovisual o, como diría Kant: “sin que se den las condiciones de posibilidad para que algo suceda no hay producto posible”.

Hay que hacer, hay que transformar, hay que crear. Los relatos son jerarquías de instancias; consciente de esta máxima, quien escribe y dirige asume en el punto de vista una provocadora regulación del foco, que orienta la perspectiva dramatúrgica, a partir de relaciones de saberes e intuiciones, entre narrador y personaje. La poesía es una imagen hablante en este espectáculo sonoro y visual, el cual no solo representa personajes con motivaciones y caracterizaciones en espacios y tiempos determinados, sino que defiende una verdad humana: al amor no se le puede hacer trampas, es el amor quien domina en este juego. Sí, como un actuante pasional, activo, transformador de hechos y circunstancias. La incitación a redescubrir el más universal de los sentimientos puede abrir rutas al entendimiento entre las personas.

Pensar la cultura, la espiritualidad, la paz que tanto necesitamos desde el arte, beneficia el conocimiento y la complacencia de los públicos, a los cuales se deben creadores y obras. Esta relación nunca pasa de moda. Estamos en las pantallas ante juegos muy serios que reclaman justicia y sinceridad.

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