El portaviones más grande del mundo rumbo a Venezuela. / escenariomundial.com
El portaviones más grande del mundo rumbo a Venezuela. / escenariomundial.com

Una amenaza calculada

Venezuela es atenazada por Washington bajo pretexto de narcotráfico no probado

Por. / Ernesto Fernández Domínguez


El Comando Sur de Estados Unidos afirmó el pasado cuatro de diciembre que efectuó otro ataque contra una embarcación la cual supuestamente transportaba drogas en el Pacífico cercano a Venezuela, operación en la que murieron cuatro “narcoterroristas”.

Según un conteo realizado por el canal televisivo CNN, desde el 2 de septiembre hasta el cuatro de diciembre, suman 23 botes destruidos y más de 80 personas muertas en 22 ataques efectuados en aguas internacionales por naves estadounidenses contra embarcaciones presuntamente del Cártel de los Soles. CNN tampoco presentó pruebas de que pertenezcan a una organización en particular.

El Cártel de los Soles: el pretexto

La organización periodística y de investigación Insight Crime, especializada en analizar todo lo relacionado con el crimen organizado, narcotráfico y violencia en América Latina, señala: “el Cartel de los Soles es la denominación que se ha otorgado a un entramado de oficiales y facciones dentro del Estado venezolano, acusados de participar en una amplia gama de actividades criminales, incluyendo el contrabando de gasolina, la minería ilegal y el tráfico de drogas”. Pruebas: ninguna.

Pablo Escobar paseando frente a la Casa Blanca. / elpais.com

Los presidentes de Colombia y Venezuela niegan la existencia de tal cártel. Nicolás Maduro lo califica de total invención política, mientras el gobierno de Gustavo Petro sostiene que es una red de corrupción aislada y no existe como organización. “Es la excusa ficticia de la extrema derecha para derribar gobiernos que no les obedecen”, añadió Petro en un mensaje publicado en la red social X el pasado 25 de agosto de 2025.

La verdad olvidada

Análisis políticos sobre el tema como el del sitio web Carlos Verissimo Storace, opinan que Estados Unidos, con artilugios propagandísticos y militares, busca que la propia población venezolana logre un cambio de Gobierno y no considera la intervención: es un circo.

Señalemos lo siguiente: el pretexto de la Casa Blanca con el objetivo de coaccionar al gobierno bolivariano, basado en una alegada amenaza del Cártel de los Soles para la seguridad nacional de los Estados Unidos, es, cuando menos, irónica. Veamos por qué.

Estados Unidos tiene un amplio historial de complicidad con el narcotráfico. Su imperio ha sido arquitecto y gran beneficiario de ese flagelo mundial desde, al menos, la Segunda Guerra Mundial. Y acorde con el sitio misionverdad.com: “es, en realidad, el único gran narcoestado del planeta. La historia así lo demuestra. Ningún otro país ha desarrollado un vínculo tan profundo y sostenido en el tiempo con el narcotráfico como ese”.

Entonces.Terminada la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos, a través de la Oficina de Servicios Estratégicos (OSS) y la Oficina de Inteligencia Naval (ONI), antecesoras de la CIA, controló el denominado «Triángulo Dorado» -región fronteriza entre Tailandia, Birmania y Laos-, donde se concentraba la producción y distribución mundial de opio.

Después apoyó el tráfico de heroína en Francia y empleó a la mafia japonesa (Yakuza) para comercializar metanfetamina desde la colonia estadounidense de Hawái.

Siempre según el sitio misionverdad.com, en 1949, ante la victoria de la revolución china, EE.UU. expande el tráfico de opio desde Birmania -hoy Myanmar- hacia el norte de Tailandia. Un año más tarde, la CIA lanza el Proyecto Bluebird y utiliza la droga LSD como método de interrogatorios y torturas.

En la década de 1960, con el objetivo de financiar la iniciada guerra criminal contra Vietnam, Washington expande el tráfico de opio desde el «Triángulo Dorado» y, a partir del comienzo de los 70, refuerza esas operaciones desde Laos, debido a que unos 30 mil soldados norteamericanos se volvieron adictos a ese estupefaciente para poder lidiar psíquicamente con el infernal conflicto.

Otros analistas opinan que durante esa guerra, los consumidores habituales de marihuana ascendieron hasta el 65 por ciento de los militares estadounidenses destinados en la nación indochina.

No es todo. Sin pensar en su “seguridad nacional”, Estados Unidos promovió el tráfico de drogas desde Bolivia y participó en el denominado «golpe de la cocaína» a cargo del narco militar Luis García Meza en los años 70.

Tampoco creyó en la “seguridad de sus ciudadanos” cuando, desde 1982 al 1989, aceleró la producción de opio en Afganistán como parte de su encono indirecto contra la Unión Soviética, lo cual convirtió al país centroasiático en el mayor productor mundial de ese narcótico.

Más cercano a los años 90 del pasado siglo, la Central de Inteligencia estadounidense expandió el tráfico de heroína hacia Estados Unidos y Europa occidental. El aumento de la producción estimulada por Washington supuso la mitad de la heroína consumida en Norteamérica y 75 por ciento de la consumida en Europa.

También por esa época Estados Unidos convirtió Haití en un importante polo del tránsito de cocaína por el Caribe, en colaboración con el Cártel de Medellín y con la logística proporcionada por la CIA y la DEA.

Lo descrito solo son hitos del rol desempeñado por Washington en la red mundial de estupefacientes prohibidos. Completaremos este panorama con lo narrado en el libro Asesinando la esperanza (Killing Hope), publicado en 1995 y actualizado en 2003, del exfuncionario del Departamento de Estado, William Blum.

Argumenta el exfuncionario que la CIA ha estado involucrada en el tráfico de drogas a lo largo de la historia de sus intervenciones. En el capítulo sobre las operaciones de la CIA en Haití, en apoyo a la dictadura de Jean-Claude Duvalier, precisa que la principal agencia estadounidense de inteligencia manejó los hilos a favor del comercio ilegal de narcóticos…A confesión de parte.

Transición hacia las drogas sintéticas

Un drástico cambio se produjo en el país norteño en relación con los tipos de drogas comunes que se traficaban. Tomaron popularidad las sintéticas como la metanfetamina y el MDMA (éxtasis).

La producción de metanfetamina en laboratorios clandestinos en Estados Unidos propició su consumo generalizado, especialmente en zonas rurales. Mientras tanto, el MDMA se convirtió en un elemento común de clubes nocturnos y conllevó a su inclusión en la Ley de Sustancias Controladas en 1985 como una droga de la Lista de fabricación y distribución ilegal.

Los cárteles de la droga mexicanos, en particular el de Sinaloa, cobraron relevancia. Debido a su proximidad con la frontera con Estados Unidos -el principal consumidor mundial-, establecieron rutas de tráfico que siguen impactando a la sociedad estadounidense. Sin embargo, las «víctimas» nunca se plantearon sitiar militarmente ni acosar al gobierno mexicano por esa causa tal como lo hacen con Venezuela.

Sin embargo, lo descrito no es todo. En el ámbito interno, sin intervención de ningún cártel u organización foránea, Estados Unidos se enfrenta en la actualidad a una nueva ola de tráfico de drogas con opioides recetados, como el OxyContin.

Las compañías farmacéuticas domésticas comercializan intensamente los opioides, provocando una adicción generalizada y más consumo de heroína y drogas sintéticas baratas, especialmente el fentanilo, el cual se ha convertido en una de las más traficadas y mortales en la nación norteña.

En fin, endilgarle la culpa del incremento del tráfico y consumo de sustancias farmacéuticas ilegales en Estados Unidos a Venezuela, topa con lo risible. Ese «gran consumidor histórico» tiene varias fuentes de alimentación. Algunas ya las hemos señalado; otras son las mafias radicadas en suelo estadounidense, las cuales tienen el narcotráfico dentro de su «menú» de operaciones. El propio Hollywood se ha encargado de divulgarlo.

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