Casi 34 millones de sudaneses necesitan ayuda urgente. La mitad de su infancia sufre abandono. El acceso de ayuda humanitaria se reduce y la asistencia es escasa. ¿Por qué? ¿Por estar en África?
Las cifras pueden estremecer. Llegar a movilizar conciencias y recursos. Esa es la intención de quienes denunciamos las injusticias; lo hacemos con Palestina y ahora nos auxiliamos de ellas para tocar uno de esos tantos asuntos relegados, e incluso despreciados: Sudán.

Esta nación del noroeste africano ha transitado por dos guerras civiles, golpes de estados, conflictos diversos, terrorismo. Uno de esos conflictos tiene lugar ahora mismo, con más de mil días de una devastadora crisis que provoca no solo hambre, también desolación.
Diversas organizaciones del mundo y organismos del sistema de la ONU alertan sobre el terrible escenario de más de 33,7 millones de personas con necesidad urgente de asistencia humanitaria. Según Caritas Internacional, prácticamente dos de cada tres personas sufren hambruna; se llora a decenas de miles de muertos y se han debido desplazar hacia otros países más de 14 millones de individuos, siendo sobrecogedor observar en las fotografías la fragilidad de las tiendas de campañas o las ollas semi vacías, con la comida justa para sobrevivir a la inanición.
Desde Ciudad del Vaticano se sostiene que, hasta el 6 de enero de 2026, la violencia persistente ha provocado el colapso de los servicios y del trabajo, pues alrededor del 80 por ciento de los hospitales y centros de salud están fuera de funcionamiento, con lo cual el 65 por ciento de la población sudanesa carece de acceso a la atención médica.
En 2025, Bohemia publicó dos comentarios alusivos: “Sudán, el primer olvidado”, fechado en enero, y “Sudán o el relato postergado”, de junio. En el intervalo nada cambió y tampoco lo ha hecho en lo que va de 2026, y lo peor: sigue sin ser desvelo mundial.

¿Será porque sucede en África, donde hay tantos intereses extractivistas? Salvo las riquezas del Continente Madre o las potencialidades de mercado de sociedades africanas muy jóvenes en términos demográficos, no parece importarle a mucha gente, a pesar de los intentos en la ONU y de la Unión Africana (UA) de hallar salidas y soluciones negociadas entre los grupos en pugna; incluso en algunas zonas se han desplegado fuerzas internacionales. Mientras esas mediaciones ocurren con muy poca efectividad, la conflagración de mediana intensidad continúa entre el grupo paramilitar Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF) y las Fuerzas Armadas Sudanesa.
El sitio mexicano LíneaDirectaPorta, en relación al creciente deterioro de la situación de niñas y niños, lanza la siguiente pregunta el 15 de febrero 2026: ¿Por qué la crisis infantil en Darfur podría agravarse aún más en los próximos meses? He aquí la explicación: “Porque el hambre no actúa sola. En Al Tina, casi la mitad de los niños ha padecido recientemente fiebre, diarrea o infecciones respiratorias. La baja cobertura de vacunación, el consumo de agua contaminada y la ausencia de servicios médicos funcionales crean un entorno donde la desnutrición se combina con enfermedades infecciosas, elevando de manera significativa el riesgo de mortalidad infantil”.
Ricardo Pires, del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), opina que la pobreza infantil en Sudán “alcanza niveles sin precedentes”. Para él, “se encuentran en el epicentro de la mayor catástrofe humanitaria del mundo, que empeora día a día. En algunas zonas de Darfur del Norte, más de la mitad de los niños padecen malnutrición aguda. No es una proyección; no es un modelo; está confirmado”.


















