Revela con belleza la muestra expositiva El Movimiento Moderno desde la dimensión del Lente Artístico en la galería El Reino de este mundo de la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí
Fotos. / Yasset Llerena
¿¡Quién no siente la necesidad de degustar imágenes fotográficas captadas ante piezas arquitectónicas y escultóricas tras verlas instaladas en escenarios públicos!? En escenarios del mundo cotidiano el ser humano capta durante su travesía múltiples instancias del tiempo. Cada viaje permite apreciar paisajes y culturas construidas en espacios donde se establecen relaciones dialógicas con generaciones diferentes.

Al mostrar y narrar lo que pudo ser transitorio, la muestra El Movimiento Moderno desde la dimensión del Lente Artístico protege la condición del ver hoy y en el porvenir. Como parte del Noveno Salón de Fotografía de Arquitectura y Patrimonio Construido, 52 piezas ilustran el quehacer de quienes observaron activamente contextos, atmósferas, edificaciones, texturas, símbolos, metáforas; desde estéticas particulares los hicieron visibles para dejar constancia de valores implícitos en el Movimiento Moderno.
Por su parte, el doctor Rafael Acosta de Arriba al conocer estas contribuciones del Proyecto Lente Artístico propuso la exposición al director de la institución, Omar Valiño. Destacó el despliegue visual logrado, el sentido social del conjunto fotográfico y la excelencia creativa de los participantes.
Un interesante periplo acoge la galería El Reino de este mundo donde emergen los tiempos; el pasado y el presente coinciden animados por presencias vivientes, estas le aportan sentido al despliegue de entornos en una conjunción polifónica nutrida por silencios parlantes y códigos de la trama urbana.

El curador de la muestra y artista expositor Yasset Llerena consideró: “La disposición morfológica responde a la integración en el espacio de puntos de vista y planos espaciales considerando diferentes concepciones fotográficas.”. Así logro una relación armónica al contar el relato que se distingue por el balance y el equilibrio en función de los contrastes, el uso del color y la presencia del blanco y el negro en las claves altas y baja del registro visual.
Durante el proceso, de ver, reconocer y descubrir, sugerido en la galería apreciamos la densa carga cultural de una cartografía en la que coinciden piezas singulares, dípticos y trípticos. De ningún modo la uniformidad es protagonista en el acontecer de esta narrativa construida para captar la atención y el logro de la absoluta circulación social. Cada obra tiene su impacto en el lugar de la recepción pública; y esto sustenta la acción comunicativa de creadores que ven y hacen ver con sus ojos lo no “apresado” por los demás.



Seduce la perspectiva de Lourdes Guerra Mesa en Antítesis de la espiral. Ella siempre hace una lectura de lugares y sale a buscar. Es consciente de que la fotografía acontece. Demuestra su hábil perspicacia cuando muestra una escalera que no es solo utilitaria, sino el instrumento elegido para contar una historia particular. Su “ver” el detalle motiva en el espectador conclusiones privadas. Ese nexo cómplice instaura la larga duración de lo efímero sin obstáculos o límites.
Instantes fragmentados elaboran imágenes capaces de desvelar la posible quietud de arquitecturas y patrimonios construidos. La exploración de las potencialidades simbólicas de las fotografías depende de quien crea y de los públicos. El tiempo de la imagen es un tiempo movimiento, cierto instante del devenir. A Florentino Acosta su hallazgo lo cautivó: “Se trata de un edificio muy alto de hormigón armado en el parque Leoncio Vidal de Santa Clara. Elegí determinado ángulo de toma con intención premeditada del plano general específico que jerarquiza la luz fría en el momento de la captura. Tal vez, en el futuro, las personas redescubrirán otras dimensiones de este edificio, el Santa Clara Libre.

Incentiva el peregrinar la muestra El Movimiento Moderno… Los encuadres diferentes, la utilización de las perspectivas, el énfasis en la condición del sujeto observador, describe escenas, objetos, claroscuros, picados o contrapicados; huellas y lenguajes que hacen pensable el advertir la apertura de otros mundos posibles. Poco a poco varían los modos de circulación del saber. Pueden reconocerse a cielo abierto. Solo es preciso estar atentos; pues los valores son inmutables y se enriquecen con el paso del tiempo y como ocurre.
Transgresiones y límites constituyen pares indisolubles, uno no existe sin el otro. Los expositores de la fotografía no copian la realidad, la crean. Necesitan técnica, investigación, saberes, cultura y experimentación. Ningún aspecto se debe improvisar. Ese proceso demanda talento, intelecto. Nunca ansiar el ascenso hasta la cúspide para contentarse. Los inicios de viajes siempre deben ser una ascensión perenne sin pensar que hemos llegado. Cada día los nuevos periplos diseñan nuevos desafíos.


















