Trump y Von der Leyen rubrican en Escocia un acuerdo que profundiza la subordinación de Europa. / elpais.com
Trump y Von der Leyen rubrican en Escocia un acuerdo que profundiza la subordinación de Europa. / elpais.com

Washington dicta, Europa obedece

El nuevo acuerdo refleja una dependencia estructural de Bruselas, disfrazada de cooperación comercial


El pacto sellado a finales de julio entre la Unión Europea y Estados Unidos, rubricado en Escocia por Donald Trump y Ursula von der Leyen, no es un simple ajuste arancelario: es la consagración de una relación de dominación.

Automóviles, acero y vino: exportaciones europeas bajo aranceles en un pacto que no protege. / bloomberg.com

Bruselas aceptó, sumisa, que la mayoría de sus exportaciones estratégicas (automóviles, acero, aluminio, aceite de oliva, vino y productos agrícolas) quedaran gravadas con un arancel fijo de 15 por ciento, en lugar del 30 que Washington amenazaba con imponer el 1⁰ de agosto. A cambio, el Viejo Continente abrió sus puertas sin restricciones a los productos norteamericanos, completando el círculo de la dependencia.

El acuerdo incluyó, además, compromisos leoninos: compras energéticas por más de 700 mil millones de dólares y promesas de inversiones en armamento –salvo aeronaves o medicamentos genéricos–. Pero su esencia no reside en lo técnico ni en lo comercial: es un acto político de sumisión. No hay aquí un diálogo entre iguales, sino un diktat de Washington aceptado por las elites europeas.

Esta subordinación, sin embargo, no es novedosa. Desde 1945, Europa ha sido un satélite del poder estadounidense. Bajo el pretexto de la “amenaza compartida”, las clases dominantes occidentales tejieron, a través de la Organización del Tratado del Atlántico Norte y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, una arquitectura de control que subordinó el desarrollo del continente a los intereses del capital norteamericano. El verdadero temor nunca fue una quimérica “invasión soviética”, acaso el fantasma de la emancipación: que los pueblos, inspirándose en la resistencia partisana o en el socialismo yugoslavo, eligieran caminos de transformación social. El precio: soberanía a cambio de “protección”, mas solo para la oligarquía de los imperios decadentes europeos y frente a sus propios pueblos.

Comparte en redes sociales:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Te Recomendamos