El fértil cauce del río Zaza ha venido descendiendo, con la correspondiente repercusión en la presa homónima: la mayor del país
Fotos. / PASTOR BATISTA VALDÉS
La imagen que un tiempo atrás ofrecía el río Zaza, al transitar sobre él, entre Sancti Spíritus y Jatibonico, nada tiene que ver con lo que se aprecia hoy.
La intensa sequía que azota al territorio ha provocado un notable descenso en su cauce.
Obviamente, ello repercute directamente en el vaso del mayor embalse cubano, la presa Zaza.
Baste saber que apta para retener unos 1 020 millones de metros cúbicos de agua, en estos momentos apenas contiene 112 millones, aproximadamente el 9 por ciento de su capacidad.
Ello, desde luego, pone contra la pared a programas como el del arroz, cuyo fomento tiene lugar en la zona del Sur del Jíbaro.

Tal y como transcendió en el reciente Ejercicio Meteoro 2025, unas 7 000 hectáreas del grano corren peligro, del mismo modo que se afectan la producción de alevines y otras actividades de la acuicultura.
Afortunadamente, los tres embalses que tributan al abasto de la población no presentan todavía una situación crítica o de emergencia.
No obstante, las principales autoridades políticas, administrativas y directivos relacionados con Acueductos y con el Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos insisten para que usuarios estatales y del sector residencial extremen las medidas en contra del derroche o despilfarro de ese líquido imprescindible para la vida humana, para procesos productivos y económicos en general.





























