Pese a que muchos saben que las drogas hacen mucho daño a la salud, a la familia y el entorno social, hay quienes las retan, coquetean con ellas y consideran que pueden tener esa acción supuestamente lúdica, bajo control; se equivocan y se adentran en un laberinto, cuya salida –aunque no imposible– es difícil de encontrar
Cuando Jonathan Valdivia Sánchez contaba con solo 13 años de edad, su mamá, Arminda, decidió emigrar a España. El niño, que tenía en ella su pilar más importante, se sintió desorientado, porque quedaba bajo la tutela de su papá, un hombre tan adicto al alcohol, que -cuando se sumía en la bebida-, olvidaba hasta las más sencillas obligaciones parentales. Nunca hablaba con el adolescente acerca de sus deberes estudiantiles: si iba o no a la escuela daba igual, y el muchacho solo contaba con la preocupación y la ayuda de los vecinos más cercanos, quienes, de vez en cuando, se encargaban de alistarle los uniformes y darle un plato de comida, siempre que fuera posible.
Ya nada era igual. Arminda le hacía mucha falta. El padre falleció a consecuencia del alcoholismo cuando Jonathan tenía 15 años. Las notas comenzaron a bajar, sus amigos empezaron a ser otros. Y mientras muchos pensaban que se había adaptado a su nueva situación, Jonathan había encontrado refugio en sustancias que lo hacían “hallar la necesaria tranquilidad”. Empezó como un juego que creyó poder controlar y terminó sumido en una depauperación penosa, en condición de deambulante.
Es una entre muchas historias de las que han proliferado a consecuencia de las adicciones. Un tema muy debatido en la actualidad, porque este como cualquier asunto de incidencia social, vale si deja enseñanzas, a partir de la explicación abierta de lo que las transgresiones pueden afectar desde el punto de vista judicial y de salud.
En el barrio debate realizado en el consejo Popular Alturas de Alamar –muy bien concebido y organizado– los vecinos de esa comunidad recibieron amplia información acerca del tema. Antes de seguir adentrándonos en ese acontecimiento hay que tener en cuenta algunos elementos:
Bajo el título de “El consumo de drogas, ¿un peligro presente?”, el periódico Granma, en su edición digital del 9 de abril de 2024, publica una entrevista al doctor Alejandro García Galceran, director del Centro de Salud Mental de Centro Habana, quien llamaba a todas las personas, desde todos los enfoques y posibilidades, a enfrentar el alza evidente del consumo en los últimos años, teniendo a los adolescentes y jóvenes como el grupo más vulnerable.
Aseguró el galeno que el consumo de sustancias se va volviendo, hasta cierto punto, un estilo de vida en grupos poblacionales. Pero lo que está pasando es que cada vez más se comienza a consumir más temprano. Las primeras experiencias se encuentran entre los 13 y 14 años, a partir de los 17 y 20 pueden hacerse adictos, y a los 25 años hay un incremento.
“Se evidencia –agregó– un alto índice de mujeres jóvenes que consumen drogas, y embarazadas; también el marcado policonsumo, porque, históricamente, lo que más se consumía en algunos municipios de La Habana era el crack, mas en los últimos tiempos se han incorporado nuevos químicos que a veces desconocemos, y así es más complicado de enfrentar y atender”.
Las drogas son sustancias tóxicas que generan un daño en las estructuras del cerebro; causan adicción, cambia el comportamiento humano y crea esclavitud, dependencia; una vez que la persona comienza a consumirla, le crea un mecanismo de necesidad psicológica de volver a ellas. Se produce un consumo compulsivo y lleva al individuo a no poder parar.

Lo que se llevan las drogas
“El camino de las adicciones nunca va a conducir a la satisfacción, ni a la felicidad, ni a poder materializar los planes y proyectos de vida. Las drogas, irremediablemente, llevan a la enfermedad. Las drogas hay que rechazarlas, pues no solucionan problema alguno; por el contrario, la adicción es una seria enfermedad”, destacó la doctora Tania Pentón Valdés, jefa de los servicios de Salud Mental, Adicciones y Asistencia Social en La Habana durante el barrio debate.
Habló de la angustia provocada, en ocasiones, al ver cómo hay adolescentes y jóvenes que llegan a las instituciones de salud tras haber cometido un intento suicida, por estar viviendo momentos de desesperanza, al pensar que se acabó la vida. Presentan síntomas sicóticos –viendo a personas que no existen, escuchando voces; sienten que los están siguiendo y les quieren hacer daño; es decir, con síntomas de demencia.
“Esas adicciones generan daños físicos importantes, como los trastornos cardiovasculares, que ponen en serio peligro la vida; enfermedades respiratorias y gastrointestinales, al tiempo que se daña la esfera sexual, justamente en edades en que adolescentes y jóvenes cuentan con la mayor plenitud de capacidades para poder disfrutar de relaciones sexuales sanas y se ven frustrados. No solo enferman ellos, sino también su familia, que sufre mucho, se desgasta, al ver al hijo o al nieto u otro pariente joven perder la dignidad, los compromisos y hasta el amor”, afirmó la doctora Pentón.
El precio de la transgresión
Optar por el vínculo con las drogas puede impedir que el adicto goce de buena salud, a la vez que propicia que el traficante goce de su libertad. Hay preceptos que la vicefiscal jefa de La Habana, Yaimara Angulo González, expuso para que los participantes en la discusión puedan disponer de elementos jurídicos que les permitan esclarecer por qué es preciso sancionar.
Lo primero que dejó claro es que, teniendo como instrumento la Ley 151 de 2022, no hay formas de asociarse a las drogas sin que se esté cometiendo delito.
Términos tales como “poseer”, “traficar”, “comercializar”, “suministrar”, “consumir” están contenidos. Se habla también de “procurar”, “trasladar”, “transportar”, “introducir”. Todas colocan a cualquier ciudadano ante una conducta delictiva, por el solo hecho de asociarse a las drogas. Por eso, lo mejor es no acercarse, no llegar, no infringir la norma penal. ¿Por qué? Porque la política en Cuba es de “Tolerancia cero” frente a las drogas.

“Esto significa un enfrentamiento multifactorial a todas las conductas asociadas a las drogas: Educación, Salud, los órganos de enfrentamiento del Ministerio del Interior (Minint), la Fiscalía. Ello se traduce en severidad a la hora de apreciar cuál es la medida cautelar a disponer contra una persona que comete un ilícito asociado a las drogas, medida que hoy, por lo general, es la prisión provisional; ataca a uno de los principales bienes de un ciudadano: la libertad. Lo aparta de la familia, lo aleja de la crianza de sus hijos, de la sociedad y su progreso, lo que les impide, como ciudadanos, seguir reaccionando y acometiendo acciones en función del desarrollo económico social.
“No solamente con las más severas medidas se enfrenta la fase investigativa. Esta severidad se aprecia en el momento en que la Fiscalía solicita sanción, cuando presenta las actuaciones al Tribunal. Las sanciones previstas para este tipo de conductas transitan entre los seis meses y 30 años de privación de libertad. Incluso prevé la privación perpetua de libertad y hasta la muerte
“Se comete delito de tenencia de drogas en Cuba, cuando se posee una sustancia con efectos similares a las drogas o cuando se posee una sustancia que en su composición química tiene implícito la cocaína o marihuana; por mínima que sea la cantidad, constituye delito.
“Esta sanción será gravada cuando se cometen acciones asociadas a procurar, compartir, traficar, transportar e introducir en el país este tipo de sustancias. Estamos todos expuestos y lo principal es evitar, abrir los ojos, evaluar cuándo desde nuestras casas notamos modificaciones en las actitudes de nuestros hijos, cómo varía el comportamiento de ser cercano…”.
En los asuntos relacionados con este tema hay que estar alertas, porque al decir de la vicefiscal de La Habana, cuando se inicia un proceso penal, todo lo que no se ha hecho en materia de prevención no tiene remedio y se pasa al enfrentamiento. Entonces, es importante saber que se comete delito y se sanciona de cuatro a 10 años de privación de libertad, pero cuando se emplean menores de 18 años de edad, en la ejecución de esos hechos se grava la sanción. Cuando la actividad que se realiza afecta el ámbito internacional es más fuerte la pena y se está ante acciones sancionables desde 10 y hasta 30 años de privación de libertad, privación perpetua de libertad e, incluso, la muerte.
Fuertes implicaciones tienen las adicciones para el ser humano, porque, en esencia, nada aportan y es tanto lo que restan que se puede perder la vida en ese juego sórdido.



























Un comentario
Conmueve la dolorosa historia que abre este interesante, amplio y útil acercamiento a uno de los problemas sociales y de salud que más preocupan a la sociedad y autoridades cubanas. Excelente aprovechamiento de las fuentes y el educativo y profiláctico Barrio Debate para informar y movilizar la opinión, y las acciones, para combatir con toda la fuerza necesaria y cerrarle el paso a ese flagelo destructor de vidas y sueños. Agradezco esta publicación. con la certeza de que somos y seremos muchos los agradecidos.