Hay escrituras que nacen de la necesidad de contar y otras que convierten la palabra en una forma de exploración. En María Karla Larrondo González, poesía, narrativa y periodismo dialogan desde una misma inquietud: mirar, nombrar y transformar la experiencia a través de la palabra.
Nacida en La Habana, en 1998, es periodista, poeta y narradora. Se graduó de Ciencias de la Información en la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana y es miembro del Laboratorio de escritura creativa dirigido por Elaine Vilar Madruga.
Cultiva la poesía, la novela, el cuento y la entrevista, territorios diversos que le permiten acercarse a la literatura desde diferentes formas y registros. En agosto de 2023 obtuvo la segunda mención en la categoría de poesía de la III edición del premio del laboratorio “Encrucijada”.
Su obra ha sido publicada en diversas plataformas nacionales e internacionales, entre ellas, Omega poética, Herederos del Kaos, Gente que cuenta y La jeringa. En mayo de 2023, su obra “Mar” fue seleccionada para integrar la antología del V concurso de poesía “Libripedia Poesía”.
También desarrolla su labor como colaboradora de la Revista cultural La Jiribilla, mientras continúa construyendo una obra que transita entre distintos géneros y maneras de decir.
En ese recorrido, una frase resume con particular fuerza su relación con la escritura: “Escribir es el arma para reconstruirme.”
No se trata solamente de escribir sobre lo vivido, sino de hacer de la palabra una herramienta para recomponer, comprender y volver a mirar. En esa idea, la escritura adquiere una dimensión íntima: puede ser refugio, búsqueda y también una manera de reconstruir aquello que la propia vida deja en fragmentos.
Pandora
muerdo la imagen que refleja el espejo
nacen de mí los pecados como plumas de avestruz
cuerpo lluvia que se expande como la miseria
embriago mis labios con la arcilla de mi creación
cedo a la curiosidad y muero por ella.
Casandra
castigo al apetito que roba mi aliento
me bautizaron con el arte de coser historias
y me maldijeron por contarlas
exijo mi corona de fuego y el trono de mi padre.
Helena
Mastico mis pétalos
expulso desechos de los ojos
observo al cisne que tiene plumas
y no puede volar.
Finjo en las noches la muerte
del honor la decencia y de mí.
Me extirpo el apéndice y la belleza.
Rescato del polvo pedazos de mis guerras.
Vitorean mi nombre después de mi muerte
evocarme desnuda
sentarme a la orilla
y descubrir a mi madre.
Levanto mi fuego y quemo mis pulmones.
Cenizas y restos recuperados de Troya.


























