África los espera
Cuando empezamos a teclear esta sección, una de las históricas de BOHEMIA, ya estaba a punto de subir el telón de los IV Juegos Olímpicos de la Juventud, Dakar 2026. La importante cita se celebrará del 31 de octubre al 13 de noviembre, por primera vez en suelo africano. Cuba estará representada por 12 atletas: tres muchachas del atletismo, una judoca y ocho integrantes del equipo de béisbol5, cuatro de cada sexo. En las tres ediciones anteriores el desempeño de nuestro país nos colocó en el décimo lugar, con un acumulado de 24 medallas.
El maratonista descalzo
Roma, 1960. Cae la noche y un corredor etíope avanza por las calles sin zapatillas. Abebe Bikila no busca llamar la atención: había entrenado también descalzo y el calzado probado antes de la carrera le provocaba ampollas. Cruza primero la meta olímpica. En Tokio, cuatro años después, vuelve a conquistar el maratón, ahora con zapatos. Dos oros consecutivos, dos maneras de correr y una misma lección: la grandeza no siempre entra por los ojos.
Un deporte sin árbitros
Imagine una competición mundial en la cual los jugadores señalan sus propias faltas. No es una fantasía. En el Ultimate, practicado con un disco volador, los participantes aplican el reglamento y dirimen las incidencias mediante el diálogo. Su principio rector se llama Espíritu de Juego: competir con intensidad sin sacrificar el respeto. La Federación Mundial del Disco Volador mantiene esa responsabilidad compartida incluso en sus campeonatos. Una rareza capaz de recordarnos algo elemental: la honestidad también puede formar parte del marcador.
La primera
París, 1900. Mientras el deporte femenino apenas encuentra espacio en el programa olímpico, la británica Charlotte Cooper gana el torneo individual de tenis. Se convierte en la primera mujer campeona olímpica de una prueba individual. No se conforma: obtiene otro oro en dobles mixtos junto a Reginald Doherty. Ya era una figura del tenis y terminaría reuniendo cinco títulos individuales de Wimbledon. Su victoria abrió una página decisiva, aunque todavía faltaba un largo camino hacia la igualdad.
El salto de espaldas
México, 1968. Dick Fosbury se aproxima al listón, gira el cuerpo y pasa de espaldas. El estadounidense conquista el oro olímpico con 2.24 metros. Su técnica, conocida después como “Fosbury flop”, desconcierta a quienes estaban acostumbrados a otros estilos. No fue el único atleta que exploró saltos semejantes, pero su triunfo impulsó una transformación duradera. A veces, el progreso consiste en mirar el obstáculo desde otro ángulo. O, en este caso, en darle la espalda.
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Hubo una época en la cual tirar de una cuerda podía llevar al podio olímpico. El tira y afloja integró el programa de varios Juegos hasta 1920. En Londres 1908, tres equipos policiales británicos se repartieron todas las medallas. La competición dejó además una polémica: los estadounidenses protestaron por el calzado de sus rivales de Liverpool, al considerarlo ventajoso. La reclamación no prosperó. Cuesta imaginar hoy semejante escena bajo los cinco aros, pero ocurrió. La historia del deporte conserva sorpresas que ninguna ficción necesita exagerar.


























