/Veneranda Rivera
/Veneranda Rivera

La panadería de la Zona 6

Cuando se trabaja con equipos viejos, no siempre los resultados son los esperados. Los primeros pasos de la producción cooperada en esta unidad presentaron ciertos inconvenientes con la calidad; mientras sacaban los primeros panes, “corrían el tiro” con las máquinas, inactivas por más de siete meses. El detalle cobró factura


A los mayores pregunto: ¿recuerdan aquella bola conformada con ligeras plantas secas, que rodaba entre el polvo y el viento, como un personaje más en las películas del Oeste? Conocido como estepicursor, siempre aparecía en los momentos clímax de cualquier filme. Un ejemplo: cuando los personajes interpretados por Clint Eastwood hacían acto de presencia y mostrarse como vaqueros invencibles.

Cual un estepicursor, corrió la noticia: “¡Van a reabrir la panadería de la Zona 6!”. Todos se pusieron en acción porque el establecimiento había permanecido sin prestar servicio durante siete u ocho meses a falta de materias primas. Mientras tanto, sus trabajadores cumplían las respectivas jornadas haciendo guardias y, aunque nunca hubo una información certera, respondían a los interesados en conocer acerca del reinicio de la producción. La noticia creó el ajetreo propio de los barrios urbano-periféricos.

Yo, vecina del lugar y necesitada del “pan nuestro de cada día” –porque el de la canasta básica no tiene horario fijo–, fui. La cola era bastante discreta, en apariencia. Pregunté sobre varios detalles: precio, tipo de pan y demora en el horno; me dijeron que valdría 250 pesos.

Me equivoqué, al menos ese viernes 2 de octubre. Bastó una mirada a aquel carro lleno de panes y mi decepción fue total. Mi pregunta inmediata a la dependienta fue:

–¿Por qué ese pan es tan pequeño y socato?

Su respuesta llegó de inmediato, con total indiferencia:

–No sé. Se debe preguntar a los panaderos…

Ese fue el fósforo que encendió la llama, porque la pólvora estaba lista. Tomé varias fotos con el objetivo de tener una muestra gráfica: lo consideraba una estafa. Estamos viviendo tiempos muy duros. No se deben permitir cosas así. Quería exponer mi descontento; no podía esperar al tiempo de edición y la demora de su publicación en la revista. Decidí publicar en mi muro de Facebook lo siguiente:

“Acabo de comprar estos dos panes en la panadería de la Zona 6 de Alamar. Miren ese tamaño, que bien lo puede convertir en el hermano menor de los hechos en otros establecimientos, al mismo precio: 250 pesos. Fíjense en la textura, donde más se aprecia la mala calidad.

“Quienes compraron ayer, día de la reapertura –porque estuvo mucho tiempo cerrada, no entiendo con qué fin–, expresaron que los panes eran más grandes y de mejor calidad. Seguro tendrían visita.

“Yo pregunto: ¿hasta cuándo se va a seguir maltratando a la población con precios altos y calidad baja?

“Espero que alguien tenga respuesta”.

Alguien respondió

Hubo en mi muro 262 reacciones; lo compartieron 17 veces y lo comentaron ocho seguidores. En mi chat de Messenger recibí una solicitud de mensaje de Yilbert Miguel García Núñez. Al no conocer quién era el remitente, la borré; de todas formas, recibí la siguiente nota: “Le escribe el responsable de la mipyme que empezó a trabajar en la panadería de la Zona 6. Me interesaría verla en persona para explicarle sobre la calidad del pan, ese día, no fue buena después de tanto tiempo cerrada. Si no pudiera ser, le escribo por acá, si usted me lo permite. De ser posible, hágamelo saber. Le deseo un buen día”.

En la panadería hay 17 trabajadores, divididos en cuatro turnos, durante 24 horas. /Veneranda Rivera

Fui a la panadería. Me presenté. Para mi sorpresa –por lo que ocurre hoy con los dueños de negocios, quienes consideran que vendernos sus productos o trabajar para nosotros es una dádiva, olvidando lo caro que nos resulta–, encontré a un hombre con un elevado sentido de la ética y capaz de reconocer la crítica cuando es constructiva.

Al explicarme lo sucedido con el pan ese viernes, acordamos volver, con el propósito de ofrecer una adecuada información a quienes frecuentan el lugar. Conocí como en la actualidad la producción es cooperada entre la mipyme Miguel García –titular de la entidad homónima– y la panadería Zona 6 (Alamar), de la Cadena Cubana del Pan Habana, representada por Anisley Sardiñas Díaz en condición de administradora por la parte estatal. El primero garantiza las materias primas, mientras la parte estatal pone el local, el equipamiento y el capital humano encargado de garantizar las 24 horas de servicio.

“Yo siempre he comprado la misma harina, dice Yilbert, nos afecta la demora. Esta materia prima tiene un ciclo: la turca tarda tres meses en llegar a un tercer país y luego emprender camino a puerto cubano. No obstante, nos mantenemos vigilantes de este detalle y de los inconvenientes que puedan surgir durante el proceso productivo. De esa manera, el pan –de corteza dura, a 250 pesos, y el suave, a 110– hoy presenta mejor calidad; pero si la estufa no está en óptimas condiciones, pasa lo que usted apreció el día 2 de octubre. Le digo más: al día siguiente nos ocurrió lo mismo y nos vimos obligados a venderlo a un precio inferior. La situación de la estufa y el horno nos impuso el cierre durante dos días. Son riesgos de usar equipos viejos”.

“En las etapas de prueba sobre la marcha –interviene Anisley– podemos detectar errores. En la estufa se desarrolla el pan: es un paso indispensable. Si no alcanza el volumen requerido, al colocarlo en el horno, lejos de crecer, se reduce. Cuando los equipos no están óptimos, sucede. No debemos olvidarlo, una causa del cierre de los establecimientos de la Cadena Cubana del Pan fue el aumento acelerado del precio de la harina. Los equipos se mantuvieron inactivos un buen tiempo”.

Estamos tratando de lograr un funcionamiento estable –afirma Yilbert–. Disponemos de materiales de reservas para un tiempo considerable. No sabemos qué pueda suceder más adelante; la materia prima es importada y el mercado está cada vez más exigente con los precios”.

Ellas forman parte de la lista de clientes que expresan su satisfacción con la calidad del pan. /Veneranda Rivera

La aspiración de este colectivo, integrado por 17 trabajadores, es ofrecer otras variedades, mas las condiciones actuales solo les permiten la oferta del suave y el de corteza dura.

El pan, como el arroz, es un producto de altísima demanda, especialmente en estos momentos. La crítica de los primeros días ha ido dando paso a cierto nivel de satisfacción respecto a la calidad. Les queda la duda en cuanto a la frecuencia; en ocasiones, la espera es larga. A modo de testimonio, el miércoles 21 de octubre, a la vez que a la población le anunciaban esperar dos horas para reiniciar la venta, esta reportera fue testigo involuntario de cómo –alrededor de las 7:30 de la noche–, por la parte trasera del establecimiento, tres revendedores salían con sendos sacos del producto.

En tanto sucedan estas cosas, un negocio no será próspero; no en cuanto al hecho de llenar los bolsillos, sino al de satisfacer las necesidades de quienes concurren al lugar para adquirirlo, porque las personas que no puedan comprarlo, si tienen alguna urgencia, terminarán en manos de las sanguijuelas, pagando 100 y hasta 150 pesos por encima, algo injusto e ilegal.

Son motivos del movimiento del murmullo, el comentario, el cotilleo…, se mueve a una velocidad superior a la del estepicursor de las películas del Oeste, entre el viento y el polvo –entiéndase chanchullo–, con una fuerte dosis de negatividad y más dañino que las pistolas de los personajes intérpretes del hoy nonagenario Clint Eastwood.

¿Cuántos? Sin comentarios. /Veneranda Rivera

Comparte en redes sociales:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Te Recomendamos