Acordes de historia y patriotismo

Entre las efemérides culturales de la segunda mitad de noviembre, destaca el nacimiento de María Cervantes, nacida en La Habana el 30 de noviembre de 1885, quien se convirtió en una figura de gran importancia en la música de nuestro país.

María era hija de Ignacio Cervantes, considerado por muchos como el músico cubano más destacado del siglo XIX. Heredó de su padre un estilo pianístico único y poseía un profundo conocimiento en la interpretación de sus danzas.

Su debut profesional tuvo lugar en el teatro Campoamor en 1929, el mismo año en que grabó sus primeros discos en los Estados Unidos con la compañía Columbia. Tras regresar a la capital, su nombre comenzó a aparecer en las carteleras de los escenarios más importantes, compartiendo el escenario con artistas de renombre como Rita Montaner y Bola de Nieve.

Durante décadas, su carisma, auténtica cubanía y la calidez de su interpretación, acompañada por su piano, le valieron la admiración y el cariño del público. Tras la muerte de su esposo se retiró de la escena, pero el prestigioso musicólogo Odilio Urfé le instó a volver: “Se acabó el retiro, a trabajar”. Así, reapareció en un concierto masivo en el Museo Nacional de Bellas Artes el 22 de abril de 1965, un evento memorable.

Desde ese momento y hasta poco antes de su fallecimiento, María mantuvo una constante presencia en los escenarios, siendo querida y respetada por su pueblo, que reconocía su gran estatura artística.

Para conmemorar su vida y obra, volvemos la mirada al artículo “¡María Cervantes: Una gran artista!”, escrito por José Manuel Otero, con fotografías de Rafael Calvo, publicado en la edición no. 24 del 11 de junio de 1965, en la sección Estampas de hoy y de siempre. En este texto, a propósito del mencionado concierto, se realiza un recorrido por su trayectoria artística, destacando la relación especial que mantenía con su padre, la influencia de este en su vocación y su amor por la patria, así como anécdotas sobre el magistral pianista y compositor. También se revelan aspectos de su personalidad fuera de las luces y los aplausos.


¡MARÍA CERVANTES: UNA GRAN ARTISTA![1]

Por. / José Manuel Otero

Autor: E. Castro; fecha de publicación: 13 de febrero de 1981. / Archivo de BOHEMIA

Una presentación nunca está de más… Aunque la presentada sea toda una consagrada. Me refiero a María Cervantes… ¿Quién no la conoce…? Una larga historia musical respalda su apellido y una honda y acendrada cubanía pone énfasis en su música que tiene sus orígenes en Ignacio Cervantes. Porque María no es otra cosa que una fiel admiradora y discípula de su padre. De él habla constantemente y por él se produce, de él le viene su patriotismo y por él su amor a Cuba, de él le nació la música y por él vibra a cada compás. Decir María es pensar en Cervantes. “Mi madre era una excelente pianista… ¡Figúrese si yo no salgo músico!” (¡Está bien el masculino, o mejor sería decir artista!). Hay que decir que cada ser humano tiene su modelo, su punto de orientación. María, desde niña, sintió dentro de sí el camino que le indicaba su padre. No tiene necesariamente que haber una mano señalando. No. La guía espiritual se produce siempre sin que uno lo advierta siquiera. Máxime cuando el que proyecta bienhechoramente hacia los demás, tiene una recia personalidad y su genio artístico es tan poderoso que influye en aquellos que están en derredor. Y ese era el caso del gran músico Ignacio Cervantes. De quien María ha recibido una herencia tan valiosa que a cada tramo de su vida va dejándola como para que nunca sea olvidada.

María es joven. Tiene la misma edad que nuestra Revolución. ¿Qué no puede ser…? Verá usted… Joven es aquel que ama entrañablemente el pasado, mira sin reservas el futuro y se alegra, como cualquiera, con los triunfos del presente. Y esas tres cualidades las tiene María. La última de las cualidades es la que más ha ahondado en ella. La Revolución cubana llena hoy en día su vida de artista. Por ella es que abandonó su retiro y reapareció ante el público. Por ella y por Fidel —a quien quiere conocer— está dispuesta a darlo todo, porque “ahora estoy impulsada y no hay Dios que me detenga”. Por ello es que tiene la misma edad que nuestra Revolución. Aunque María tenga ya los ochenta años cumplidos…

Primer tiempo

Estaba ensayando… No se cansó de tocar. El Petrof parecía dócil ante sus manos que se movían ágiles, llenas de vida. Había pocos oyentes. A ella le bastaban. Todas las canciones que recordaba las interpretó. Había que verla. Dos veces subió al escenario para complacer al pequeño auditórium. “Y hubiera seguido tocando”, dijo después. “No me gusta dejar a nadie sin oír lo que quiere”. Y siguió tocando y acariciando el Petrof, desde temprano hasta casi oscureciendo. No tenía descanso. “Estaba impulsada”, decía. Cantó, volvió a cantar y de nuevo repitió pasajes completos de una obra. “Vamos ya, María”, le decían. Y ella no oía porque estaba con su piano. Un piano es siempre del artista que sabe sentarse ante él…

Autor: E. Castro; fecha de publicación: 15 de julio de 1977. / Archivo de BOHEMIA

…La sala estaba vacía. Pocos éramos los que la escuchábamos. Y ella se sentía bien. Nos imaginamos la sala de Bellas Artes colmada de público. Sabíamos que muchos irían a verla. No podían faltar a un espectáculo de resonancia. Una artista que reaparecía, tras una larga ausencia de los escenarios. Y el público respondió. Pues tal cual nos imaginábamos la sala, así sucedió en realidad. A veces la realidad es tan poderosa como la imaginación. Y esta vez la superó. La sala se abarrotó de un público que estaba ansioso de ver tocar de nuevo a María Cervantes. Y encontró a la misma de siempre…

… Nada había cambiado. La María artista, la María mujer-… No hubo nada que hiciera añorar épocas pasadas. Se evoca lo que ya no puede regresar y solo queda el saboreo en el recuerdo. Pero María estaba allí. Como siempre. Sin que hubiera sido mutilada por el tiempo: la misma gracia, la misma fuerza para decir sus canciones y acompañarlas al piano, el mismo temperamento. Cada interpretación era rubricada con una estruendosa salva de aplausos. Las canciones, que nunca murieron ni morirán, volvían de nuevo al escenario. Incluso tres danzas inéditas de Ignacio Cervantes tocadas a cuatro manos con el maestro Feto Bergaza…

…¿Pero qué tiene María Cervantes…? Simplemente que la música —su música— tiene mucha carga de cubanía. Y es una creadora… “No me gusta cantar con un programa preparado”, nos dijo. En efecto, las canciones van saliendo de sus manos y de su garganta como las cartas le aparecían en la mano a aquel prestidigitador famoso de que habla Hobbe. El inicio de cada compás anuncia lo que va a venir y, por la expresión de su cara, sabe el público que tipo de canción va a interpretarse. Nunca se había arremolinado tanta gente. Y, a decir verdad, los remolinos aparecen como anuncio de tempestad. Y la presencia de María en estos días ha sido una tremenda tempestad artística que, por lo que se ve, va a durar mucho. Un acontecimiento ha sido la reaparición de esta artista.

… Sindo Garay, el glorioso viejito, fue a verla y su voz se dejó oír en saludo a María. ¡Otra de nuestras glorias musicales…!

Autor: Enrique Castro; fecha de publicación: 16 de enero de 1976. / Archivo de BOHEMIA

Segundo tiempo

…María en persona. Lejos del bullicio y de los aplausos del público. Se anuda constantemente el pañuelo que trae al cuello y con él se cubre las rodillas. Se nota en ella una mujer presumida. Pues cuando deja al artista en el piano, se convierte en una mujer. “Yo soy una cosa frente al piano y otra muy distinta lejos de él”. Y es verdad. “Como mi padre, yo soy de temperamento triste, aunque pase inadvertido para los demás”. Agrega: “Cuando mi padre tenía tres años, andaba ya con un tipio haciendo sus noticas musicales. Un día se le pierde a mi abuela y tras fallidas búsquedas, se lo encuentra detrás de un escaparate. Mi abuela le pregunta: “¿Qué haces ahí, muchacho?” Y mi padre le contesta: “Estoy triste”. Yo heredé esa tristeza de mi padre. Que solo se manifiesta cuando me siento al piano”…

… María es una gran conversadora. Uno solo tiene que poner oídos a lo que ella dice y la entrevista camina como sobre rieles. No hay que hacer muchas preguntas. “Estoy inspirada, aunque no lo creas. Desde que estos muchachos fueron a mi retiro y me sacaron de él, estoy impulsada. Pues bien… Me llevaron a la Escuela de Cuadros del Consejo Nacional de Cultura y tan pronto me bajé de la máquina pedí un piano. No sé, pero sentí como un “fuetazo” dentro de mí. Mi padre decía que cuando un artista pasa mucho tiempo lejos del piano, el primero que se da cuenta de su inactividad es él; después, los familiares y, por último, el público… “El piano es un instrumente muy ingrato, pues no perdona al pianista que no lo utiliza”. El piano conoce a María y su agilidad demuestra que con ella no ha sido ingrato. “Este Petrof le ha dado un golpe al imperialismo tremendo. ¡No hay piano americano que se le compare…! Estoy enamorada de él”…

…. En María el patriotismo le viene del padre… Ella nos cuenta una anécdota: “Ignacio daba conciertos y las recaudaciones de los mismos iban a parar a los fondos de la Revolución mambisa. Enterado Balmaseda lo llamó a su presencia y le dijo: “Tengo noticias de tu trabajo revolucionario. Por ello es que te pido que salgas inmediatamente del país”. “Ya que ha sido sincero conmigo, yo lo voy a ser también con usted. Claro está que me voy, pero para un país cerca de mi patria, a fin de poder seguir contribuyendo a la causa de la independencia”, le contestó mi padre.

Autor: Pola; fecha de publicación: 7 de diciembre de 1973./ Archivo de BOHEMIA

… “Ignacio componía con mucha facilidad, tenía un torrente de inspiración. Cualquier motivo resultaba al final una composición. Una vez concurrió con un amigo a una fiesta en París. A la sazón él se encontraba en la capital francesa. Ya en la calle, el amigo le dijo: “Tú te atreves a componer una pieza inspirada en lo que viste en la fiesta”. “Yo creo que sí”, le respondió mi padre. Y hay que ver en la forma tan magnífica que lo hizo. El compuso ciento y pico de danzas y contradanzas, pero solo se han podido salvar hasta la fecha unas setenta”…

… “Tiene una ópera inédita. Esta obra titulada Maledetto, de mucho valor, la terminó mi padre completa, es decir, letra y música, ya que Dacosta que era el que la estaba escribiendo, enfermó y murió. Y así muchas cosas, que se pudieron salvar, tales como estas tres danzas inéditas que mi madre antes de morir quiso que yo me las aprendiera. ¡Son unas danzas bellísimas!…

Autor: Enrique Castro; fecha de publicación: 15 de julio de 1977. / Archivo de BOHEMIA

Tercer tiempo

… “Desde chiquitica ya yo bailaba con un compás que no he perdido. Mi padre empezaba con una danza, pasaba para una mazurca, seguía con un danzón, al mismo tiempo que iba yo marcando y saltando de ritmo como una consagrada. ¡Y tenía 3 años!”…

… “Ninguna de las canciones mías las tengo escritas. Hice mi debut en el Encanto —que estaba en Neptuno—. Desde siempre no me he salido de lo mío. Interpreto mis canciones de acuerdo con mi temperamento. “En qué parará la cosa, Clemente». Clemente Vázquez Bello estaba ese día en el teatro Campoamor y yo le decía a Gaullón: “Esta vez no nos salva nadie”. El comienzo de la canción era, sin mucho preámbulo, una crítica al gobierno de Machado. Estuve también en el Teatro Nacional con Pablo Santos”…

… “Pero yo solo cantaba en privado. Nunca lo hice en público. Grabé en Estados Unidos para la Columbia. Aleccionada por José Bohr, aquel gran artista, me presenté ante el empresario como autora, intérprete y acompañante.”

Autor. Enrique Castro; fecha de Publicación: 10 de junio de 1976. / Archivo de BOHEMIA

Epílogo

El lector verá que lo que pudo haber ido antes, fue después o al final. La razón es bien sencilla (digo mi razón): María Cervantes reaparece ahora como si fuera la primera vez que lo hiciera. Sus deseos son cantar para el público ahora que hay una Revolución que construye el socialismo en Cuba. Por ello es que empieza con su actuación en el Palacio de Bellas Artes, luego de un Preludio. Si usted, lector, no está de acuerdo conmigo, le prometo no volverlo a hacer. Pero es que quise ponerme a tono con María en no seguir el curso de un programa, al modo tradicional, y hacer las cosas según vayan saliendo.


[1] Publicado en BOHEMIA, edición no. 24, del 11 de junio de 1965, páginas 20-11, sección Estampas de hoy y de siempre.

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