Arte callejero, grafiti en un muro de Madrid, España. / elespanol.com
Arte callejero, grafiti en un muro de Madrid, España. / elespanol.com

Aliciente

“Se disipó la bruma del tedio con Fellini al hombro y los apremios de la gata que olisquea recelosa las migajas de pan, sustitutas de una rolliza ballena donde hincar el diente. Me desperecé del cabeceo en vuelos de palomas, ofrendas a la ceiba y lecturas cruzadas.

   “De todas formas seguirá doliendo y se acrecentará si detrás de la puerta solo se espera el infinito al tejer la fantasía de una esperanza crucial, de extender un mantel a cuadros de familia feliz. Siempre a cuadros.

  “¡Oh Dios de los talentos diversos!, desperté conminada por el halo de una inmensidad rústica con ribetes de refinamiento, y, así, es imposible quedarse varada. Busco, rebusco y una jugarreta consoladora me hace imaginar los frescos de Miguel Ángel, en esa Capilla Sixtina, de una belleza grande ajena al entorno circundante de libros amontonados, bata desgastada, y, polvo, ¡tanto polvo!

   “Sabes que miento poco. Créeme que no da ningún gusto confesar el logro de estas menudencias a empujones, diarias, pero a empujones, aunque bien mirado el flamboyán volvió a florecer y por eso…”.

  – ¡Mamiii!, llevo un siglo tocando. ¿Otra vez en la escribidera? Vamos, deja esa interminable novela tuya, con un personaje central que nadie entiende y que para colmo nombraste Ofelia. Asúmelo: nunca serás, ni de lejos, Shakespeare. Cuidado no termines como ella, desguazando margaritas. Dale, ve a la cocina. Te espero.

   La vieja obedeció. Hizo a un lado la máquina de escribir; acarició con leve roce el brazo del hijo ignorante: “¡entenderá algún día!”. Sonrió de medio lado, y, complaciente, fue a tomar el mañanero café que ya olía.

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Un comentario

  1. Al fin pude capturar el momento propicio de luz-conexion para poder abri Bohemia y leer.
    Lindos y creativos los
    flashazos evocados por el pensamiento literario fantasioso de la escritora aficionada, o de su personaje, en medio de las rutinas domésticas, como la de tender el mantel a cuadros… Me estoy imaginando a la gata mordiendo a la ballena para comérmela.
    Me molestó, creo me dolió. la actitud indolente y desamorada del hijo que la desalienta.
    En fin, otra feliz aventura literaria de Maria Victoria que, si bien por ahora ella rechaza la idea, creo veremos algún día ensamblada en la arquitectura de un libro, digital o impreso, continente grato de sus cuentos.

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