El oficialismo logró consolidar su fuerza legislativa en Buenos Aires y otros distritos clave, pero el costo social y moral de su proyecto neoliberal empieza a pasarle factura
Argentina atraviesa una paradoja profunda. Mientras la inflación devora los salarios y los sectores populares sufren los embates del ajuste, el bloque gobernante de Javier Milei consigue ampliar su poder político tras las elecciones legislativas del 26 de octubre.
El resultado, que otorgó victorias en la provincia de Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba, Mendoza y la Ciudad de Buenos Aires, consolida la hegemonía libertaria, pero también desnuda la magnitud de la fractura social y del desencanto con las viejas estructuras partidarias.
Una victoria que reconfigura el poder
El avance del oficialismo marca un punto de inflexión en la política argentina. El reemplazo de Lisandro Catalán por Diego Santilli como ministro del Interior revela un cálculo fino: Milei busca proyectar autonomía frente a Mauricio Macri y afirmar un liderazgo propio dentro de la derecha liberal.
Santilli, figura con trayectoria en la administración porteña, representa un intento de reordenar el tablero político sin ceder poder real, al tiempo que envía un mensaje a los sectores empresariales y mediáticos que respaldan al presidente.
Sin embargo, este gesto político no oculta las grietas que recorren al oficialismo. Las tensiones entre el discurso libertario y las necesidades del aparato estatal son cada vez más evidentes.
Milei gobierna entre la promesa de “liberar al mercado” y la necesidad de sostener un país que se desangra entre deudas, recesión y desconfianza social.
El costo del ajuste y la ficción del orden
El experimento libertario avanza con una agresividad inédita. El recorte del gasto público, la apertura indiscriminada de las importaciones y la reducción drástica de los subsidios han dejado un panorama desolador: hospitales sin insumos, universidades asfixiadas, jubilaciones licuadas y un desempleo que crece silenciosamente.
El discurso oficial insiste en que “no hay plata”, pero el trasfondo político es otro: desmontar la estructura del Estado para favorecer la concentración económica.
Las privatizaciones en curso y el desmantelamiento de políticas sociales revelan el verdadero rostro del programa: un neoliberalismo de shock, que promete eficiencia mientras multiplica la pobreza y debilita la soberanía nacional.
La fractura social se expresa en la calle, donde los movimientos sindicales y estudiantiles denuncian la pérdida de derechos conquistados durante décadas. El “orden” del que habla Milei se sostiene sobre el miedo y la represión, mientras la “libertad” que proclama sirve de escudo para justificar la desigualdad.
Una Argentina alineada con Washington
n el plano internacional, el gobierno ha sellado su subordinación a Estados Unidos y a Israel, rompiendo con los BRICS y congelando los vínculos con América Latina. Las visitas de funcionarios estadounidenses, la cercanía con el Fondo Monetario Internacional y la retórica agresiva hacia gobiernos progresistas revelan una política exterior dependiente y complaciente con los intereses imperiales.
Argentina, que alguna vez fue pilar del Mercosur y promotora de la integración regional, parece hoy dispuesta a renunciar a su autonomía.
En nombre de la “modernización”, se abandona el sueño de una América Latina soberana y se reaviva la lógica del tutelaje financiero.
Desafío de la memoria y la soberanía
El ascenso político de Milei no solo expresa un voto de castigo a la clase política tradicional, sino también una derrota cultural. Se impone la lógica del mercado sobre la del bien común, el individualismo sobre la solidaridad, la desmemoria sobre la historia.
La pregunta que se abre para la Argentina —y para toda la región— es si este experimento neoliberal puede sostenerse sin destruir el tejido nacional. Porque detrás de las cifras, las reformas y las consignas libertarias, hay un país que se empobrece, una sociedad que se desarticula y una democracia que se vuelve rehén de los intereses del poder financiero.
El desafío, entonces, es recuperar la conciencia crítica que alguna vez hizo de Argentina un faro del pensamiento latinoamericano. La historia enseña que los pueblos pueden ser engañados por un tiempo, pero no eternamente.



















Un comentario
Argentina vs Milei Apocalípsis del infierno.