Foto. / Ingrid Lobaina
Foto. / Ingrid Lobaina

Canto de amor imprescindible

El colectivo Aire Frío, liderado por el guionista, director de teatro y audiovisuales Eduardo Eimil, estrenó en la sala Adolfo Llauradó una nueva versión de Magnolias, inspirada en la obra original de Robert Harling


Magnolias continuaba a teatro lleno, casi en las últimas funciones de su más reciente temporada de estreno. Quienes llegaron a la habanera sala Adolfo Llauradó para disfrutar de esta versión de la obra Magnolias de acero, del escritor, productor y director de cine Robert Harling, fueron testigos no solo del aluvión de espectadores, sino también, de su heterogeneidad.

Con escasos recursos se reta al espectador a imaginar el espacio físico y los objetos que componen una peluquería. / Ingrid Lobaina

Allí se agolparon “teatrómanos” o “teatrodictos” de distintas edades y procedencias culturales. Desde cincuentones hasta personas muy jóvenes aguardaron pacientes y expectantes en la larguísima cola que antecedió a cada espectáculo del colectivo Aire Frío, liderado por Eduardo Eimil, uno de los directores de la puesta, junto a la actriz Yaité Ruiz.   

Magnolias es una comedia dramática en la que la amistad y la solidaridad femenil devienen sentido de supervivencia y crecimiento humano entre seis mujeres, cuyas vulnerabilidades y fortalezas afloran en medio de los chistes, las historias y la chismografía que suelen tejerse en un salón de belleza cualquiera en cualquier lugar.     

El estadounidense Robert Harling concibió la obra en 1987 y se inspiró en las vivencias de su hermana Susan Harling Robinson, fallecida a causa de complicaciones diabéticas.

El concepto escénico concebido por el dueto Ruiz-Eimil (re)significa las dinámicas y las atmósferas que suelen operar en el contexto de un salón de belleza. / Ingrid Lobaina

Tras el estreno teatral fue llevada al cine en 1989 con guion del propio autor y un elenco de excelsas actrices (Sally Field, Dolly Parton, Shirley Mac Laine, Julia Roberts, Daryl Hannah y Olimpia Dukakis), entre las cuales resaltó Julia Roberts al conquistar un Globo de Oro y una nominación a los Oscar en la categoría de mejor actriz de reparto.

Durante más de dos décadas Eduardo Eimil abrazó la idea de traer a la escena cubana este texto de altísima calidad dramatúrgica, el cual adquirió con bastante esfuerzo y preservó hasta ahora en que lo asumió como montaje.

Aun cuando la partitura dramática primigenia está ambientada en una ciudad norteamericana, en los años 80 del pasado siglo, Eduardo Eimil en su adaptación no se aparta de las esencias y la espiritualidad que emana la obra. Le confiere excepcional coherencia y un carácter sugestivo encomiable que la aproxima al espectador antillano, a través de su particular estilo de asumir el tono de comedia y por los sutiles guiños con la realidad cubana contemporánea.

Repleta de hilaridades y tintes melodramáticos, Magnolias se sumerge en temáticas que desde siempre preocupan y desuelan a la mujer. La maternidad como experiencia biológica, psicológica y espiritual; el advenimiento gradual y continuo de la vejez; la soledad asociada a sentimientos de incomprensión, tristeza e inseguridad; los prejuicios sociales en nuestras culturas patriarcales; y la sexualidad femenina y su conexión vital con el cuerpo humano, los deseos, las fantasías, las creencias religiosas son algunas de las cuestiones a que se hace referencia en la obra.

Magnolias exhibe un encomiable trabajo de dirección, apreciado en la precisión para sostener el tono de comedia que alterna con matices de melodramáticos excepcionalmente interpretados. / Ingrid Lobaina

El dueto Ruiz-Eimil construye un concepto escenográfico minimalista. Con solo unas pocas sillas, de factura sencilla y funcional, se reta al auditorio a imaginar, recrear, el espacio físico y los objetos que integran una peluquería o centro de belleza; al propio tiempo, (re)significa las dinámicas y atmósferas que operan en tales contextos.

Sin duda, ante la vista de todos, “con solo” esas “pocas sillas” emerge una composición coreográfica rica, precisa y cuidada que genera un juego escénico lleno de simbolismos, referencias y lecturas plurales.

La nómina de intérpretes es heterogénea en cuanto a generaciones; no obstante, exhibe los avatares de un trabajo de dirección relevante, pulido y armónico, aun en las circunstancias en que hoy se crea teatro en Cuba.

Las actrices evidencian versatilidad a la hora de construir sus personajes y logran loables desempeños que se mueven en distintos niveles: del drama circunspecto a la más bulliciosa humorada; de la ironía a la candidez; de la rectitud al desparpajo más acriollado.

Magnolias representa un canto de amor imprescindible entre las alternativas por reivindicar un más que merecido espacio en la sociedad; representa, como ha revelado Barbarella D’ Acevedo en el programa de mano, “ese reconocimiento mutuo, de hermanas, en que cada una sabe lo que cuesta ser mujer, incluso tras tantos avances en materia de derechos y reconocimientos”.

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