Israel se burla de la última declaración de la Asamblea General de la ONU, y se acerca más a EE.UU. Aunque maltrecha, Palestina sigue en pie
El genocidio de Israel contra el pueblo palestino está lleno de sadismo; se mata con cuentagotas, con una calculada frialdad que pasma el alma. Lo apreciado por muchos como un crimen horroroso, es estimado por los compinches del sionismo israelí una hazaña. E incluso se jactan de cultivar una sólida amistad, tal cual expresó recientemente el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, en su visita a los territorios ocupados palestinos en compañía del criminal número uno de nuestra época, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu.
Este actúa de espaldas a los reclamos de un número no despreciable de conciudadanos, cansados y temerosos de recibir impactos de misiles desde Yemen (en solidaridad con Palestina), del masivo reclutamiento de soldados y del peligro real que corren varios de sus familiares todavía en poder del Grupo de resistencia Hamás. Dicho sea de paso, una resistencia burlada reiteradamente en la mesa de negociaciones favorable a un cese del fuego.
Es más: Israel intentó asesinar a los dirigentes de Hamás en Catar, cuando analizaban una última propuesta de posible distensión. El primer ministro y Canciller de Catar, Mohammed al Thani, refiriéndose a esas agresiones declaró: “Lo que alienta a Israel es la incapacidad de la comunidad internacional para responsabilizarlo (…) no fue un ataque contra un lugar, sino contra el principio mismo de la mediación”.

Al Thani calificó la acción de “terrorismo de Estado” con el propósito de desestabilizar la región, pues todo apunta a futuros planes contra Irán (el gran contrincante), el empeño sionista de conquistar tierras libanesas y sirias, y mantener en caliente su proyecto colonizador de Palestina. Este 17 de septiembre 2025 el diario español El Mundo titulaba: “Operación terrestre israelí en ciudad de Gaza: ¿qué pasará después? ¿Cómo influirá en los rehenes? ¿Y en la negociación?”.
Sopesando el anterior rótulo esta comentarista se cuestiona: ¿dónde queda una mínima preocupación hacia los palestinos?, ¿acaso ya los dan como algo desechable? Lo confieso: hay días en que el pesimismo ronda frente a preguntas semejantes. Durante esta última incursión terrestre, Arvichay Adraee, portavoz de las fuerzas militares de Israel, transmitía en árabe para un mejor entendimiento de la población gazatí: “El ejército ha comenzado a desmantelar infraestructura terrorista”.
Igual lo han proclamado a lo largo de casi dos años y sus víctimas han sido médicos, periodistas, activistas de la ONU, maestros. Esgrimieron similar falacia al bombardear hospitales, escuelas, mezquitas, museos… Cierta esperanza, sin embargo, aflora a partir del dictamen de Navi Pillay, vocero de una comisión investigadora de la ONU, el cual concluye: “El Estado de Israel es responsable de no haber impedido el genocidio, de cometerlo y de no castigarlo contra los palestinos en la Franja de Gaza”.
No se puede ser indiferente, ni observar despreocupadamente tanta muerte y tanta devastación, porque hay dos cosas ciertas: Estados Unidos es incondicional aliado de Israel, pues comparten moral e ideología, y el pueblo palestino constituye genuina muestra de los enormes sacrificios de una nación empeñada en la soberanía.























