El Nobel 2025 de Medicina reconoce el hallazgo de las células T reguladoras, una promesa para tratar enfermedades donde el cuerpo se ataca a sí mismo
A los 23 años, Daniela despertó un día con las manos rígidas y la piel manchada. Los médicos hablaron de lupus, una enfermedad autoinmune.

Mientras ella lidiaba con el cansancio y el miedo, tres científicos –Shimon Sakaguchi, Mary E. Brunkow y Fred Ramsdell– seguían la pista a un misterio parecido: ¿por qué el sistema inmunitario, en lugar de protegernos, a veces nos destruye?
La respuesta estaba escondida en una población de células hasta entonces inadvertidas: las T reguladoras (Tregs), capaces de frenar el impulso agresivo del sistema inmunitario y mantener el equilibrio.
Su hallazgo, confirmado por décadas de trabajo, les valió el Premio Nobel de Fisiología o Medicina 2025, anunciado el 6 de octubre por el Instituto Karolinska de Suecia.
En palabras de Olle Kämpe, presidente del Comité del Nobel: “sus descubrimientos han sido decisivos para nuestra comprensión de cómo funcionar el sistema inmunológico y por qué no todos desarrollamos enfermedades autoinmunes graves”.
Detrás del descubrimiento
Este resultado, sin embargo, no fue casual ni inmediato. Fue el fruto de años de persistencia y de una pregunta obstinada: ¿cómo se enseña al cuerpo a no odiarse?
En los años 70, cuando Shimon Sakaguchi estudiaba Medicina en la Universidad de Kioto, la inmunología era un terreno de certezas absolutas. Se creía que el sistema inmunitario actuaba parecido a un ejército disciplinado: reconocía al enemigo y lo destruía.
Pero el joven japonés antepuso la observación paciente a la estridencia y empezó a sospechar sobre la complejidad del sistema. Había casos donde los animales, incluso sin infecciones, sufrían inflamaciones devastadoras. Un componente interno –no un virus, no una bacteria– parecía desatar el caos.
En 1995 hizo un descubrimiento revolucionario en esta disciplina: al eliminar un tipo particular de linfocitos en ratones, los animales desarrollaban rápidamente enfermedades autoinmunes graves.
Era la prueba de la existencia de un grupo de células encargado de mantener la tolerancia inmunitaria, una especie de freno interno sin el cual el cuerpo se destruye. A esas células las llamó T reguladoras o Tregs.
Durante años su hipótesis fue recibida con escepticismo. Sin embargo, Sakaguchi persistió y desde su laboratorio siguió demostrando que las Tregs existían y tenían una función esencial.
En paralelo, a miles de kilómetros, dos científicos estadounidenses confirmaban desde otro ángulo lo ya intuido por Sakaguchi.

Según explica la Agencia SINC en 2001, Mary E. Brunkow –formada como doctora en la Universidad de Princeton– y Fred Ramsdell –doctorado en la Universidad de California en Los Ángeles– trabajaban con una línea de ratones particularmente predispuesta a desarrollar trastornos autoinmunes y localizaron una alteración en un gen llamado Foxp3. Al profundizar en el estudio, comprobaron que esa misma clase de fallo, cuando aparece en seres humanos, desencadena un síndrome autoinmune extremadamente severo.
Esto permitió comprender la actuación de ese gen como un interruptor maestro: sin él las células T reguladoras no se desarrollan y el sistema inmunitario pierde el control. Fue un hallazgo trascendental el cual unió genética y fisiología, laboratorio y clínica.
Hoy, explica el canal de televisión France 24, Brunkow continúa vinculada a proyectos de biología de sistemas en Seattle, Estados Unidos.
Su nombre se suma a una corta lista de féminas galardonadas con el Nobel dentro de esta área y su aporte no es solo científico, es también simbólico.
El tercer galardonado, Fred Ramsdell, hacía una excursión de senderismo cuando otorgaron los resultados de la distinción sueca.
Aunque llevaba décadas sumergido en la biología, Ramsdell no esperaba la aparición de su nombre incluido entre los homenajeados este año.

En una entrevista dada a la revista estadounidense Wired confiesa siempre haber considerado su investigación valiosa, incluso decisiva a la hora de abrir nuevas rutas terapéuticas, pero jamás imaginó recibir el mayor reconocimiento científico del mundo. Esa incredulidad tenía una explicación íntima: hace años ya había sido distinguido en Suecia junto a Shimon Sakaguchi con el Premio Crafoord, un galardón anticipador de trayectorias excepcionales que rara vez se asocia a futuros Nobel.
Para él aquella distinción había sido una especie de “cima inesperada”; por lo que asumir la llegada de una más alta parecía, según sus propias palabras, “demasiado improbable”.
Ramsdell insiste en no sentir el mérito individual. Asegura que hubo un ejército de investigadores –estudiantes, técnicos, colegas de laboratorio y colaboradores remotos– trabajando a su lado, muchos de ellos indispensables, cuyo aporte, dice, “no suele aparecer en los titulares”.
Nuevas esperanzas
El legado conjunto de Sakaguchi, Brunkow y Ramsdell no es solo un avance técnico: es una nueva filosofía del cuerpo humano y abre el camino hacia el desarrollo de terapias celulares personalizadas, las cuales se están probando en estudios experimentales.
Hoy, más de dos centenares de ensayos clínicos exploran la manera de emplear esas células como herramienta terapéutica. No es un camino corto. Empresas biotecnológicas de punta intentan convertir la teoría a tratamiento real: desde compañías emergentes asociadas al propio Ramsdell, hasta gigantes farmacéuticas interesadas por combatir enfermedades que erosionan la vida cotidiana, como las afecciones inflamatorias crónicas.
Laboratorios en Estados Unidos, Japón y Europa han trabajado con tratamientos basados en la expansión y transferencia de Tregs para frenar enfermedades autoinmunes, prevenir el rechazo de trasplantes y mejorar la eficacia de terapias contra alergias crónicas.

Por ejemplo, la empresa polaca PolTREG S.A. ha anunciado avances en su tratamiento Treg PTG-007, el cual mostró remisión clínica prolongada de hasta 7–12 años en algunos pacientes con diabetes tipo 1, incluso hasta 18-24 meses de independencia de insulina dentro de un subgrupo.
Asimismo, dicha empresa desarrolla terapias de Tregs modificadas genéticamente (CAR-Tregs) en una serie de enfermedades, como la esclerosis múltiple y la esclerosis lateral amiotrófica.
La Agencia SINC resume: los tres laureados “han transformado el modo en que entendemos la autoinmunidad y la tolerancia”.
Y mientras el mundo celebra su hazaña, ellos continúan mirando hacia adelante como exploradores conscientes de que cada respuesta abre un terreno mayor de preguntas. Porque en el universo del cuerpo humano –ese cosmos tejido de células, decisiones químicas y equilibrios frágiles– las historias más decisivas suelen contarse en voz baja.


















