La Encuesta Bioconductual (EBC) revela realidades con un enfoque en la seroprevalencia del VIH, sífilis y hepatitis B y C. Las cifras requieren una respuesta nacional que aborde la atención médica desde las estrategias de prevención y tratamiento hasta la educación y concienciación. BOHEMIA analiza estos indicadores, donde un factor esencial constituye la actual crisis de condones
POR. / ALEJANDRA MOREJÓN FUENTES, HÉCTOR ALEJANDRO CASTAÑEDA NAVARRO Y TANIA RENDÓN PORTELLES
Estefany, a sus 28 años, es una mujer trans que sobrevive mediante el trabajo sexual. Cada vez que revisa su perfil en Facebook, busca posibles “contactos. No siempre usa preservativo: “Los clientes pagan más sin protección”, asegura. Desconoce que forma parte del 52,5 por ciento de las mujeres trans de La Habana que practicaron sexo transaccional en los últimos 12 meses, y de aquel 51,3 por ciento que refirió utilizarlo “en ocasiones” en la relación sexual de trabajo comercial, de acuerdo con la primera Encuesta Bioconductual de seroprevalencia del Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH), sífilis, hepatitis B y C y vigilancia del comportamiento en grupos de población clave (HSH y mujeres trans)[1] realizada en Cuba entre 2022 y 2023.
Por otro lado, Miguel, de 35 años, y quien tiene sexo con otros hombres, revela que en su relación ocasional “solo lo usa algunas veces” por dificultarse el acceso a este método. Ignora, asimismo, su clasificación dentro del 43,6 por ciento de los HSH en la capital que usan preservativo en determinados momentos con su pareja masculina casual.
Estas realidades ilustran dos situaciones que no son aisladas y gracias a la Encuesta Bioconductual se dispone, por primera vez, de las prevalencias estimadas de diversas infecciones de trasmisión sexual en La Habana y en los municipios de Cienfuegos y Bayamo.
Los resultados muestran que los registros de VIH en las mujeres trans habaneras constituyen uno de las más altos en la región latinoamericana.
Panorama de emergencia
Conocer los resultados de una prueba puede ser un momento de quiebre. Jessica, una joven de 28 años, recuerda la fría sensación que la envolvió al escuchar el diagnóstico positivo de VIH. No se trataba de un resultado médico, sino de un cúmulo de emociones que la llevaron a cuestionar su propia vida, relaciones, y el futuro que alguna vez había imaginado. En su mente el mundo se desmoronaba a su alrededor. Su historia se entrelaza con la de Pedro, de 45 años, que tras recorrer un laberinto de estigmas y prejuicios en gran parte de sus vivencias, finalmente encontró el valor para buscar atención médica. La reparación de su autoestima, aplastada por las miradas reprobatorias y la incomprensión, no fue fácil.

Ambos relatos encapsulan pesos devastadores, extendidos mucho más allá de las paredes de la consulta médica. En Cuba, donde el 60 por ciento de las personas diagnosticadas con el virus en 2022 pertenecen a grupos vulnerables como HSH y personas trans, la epidemia representa un problema de salud pública.
El panorama global dejar ver que, en 2023, aproximadamente 38 millones de personas viven padeciéndolo en todo el mundo y que en 2021 se contabilizó un alarmante promedio de 4 000 contagios diarios. Pese a ello, la Actualización sobre el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA) de 2023 destaca un avance significativo: “el libre acceso al tratamiento ha evitado casi 20,8 millones de muertes relacionadas con el SIDA en las últimas tres décadas”.
En 2022 casi el 71 por ciento de las personas, que convivían con él, habían logrado suprimir la carga viral, lo que les permite disfrutar de una vida prolongada, además de minimizar el riesgo de transmisión. Sin embargo, la investigación también señala que el SIDA, en ese período, sigue arrebatando una vida cada un minuto. En igual año, alrededor de 9,2 millones de individuos con VIH no contaban con tratamiento adecuado y aproximadamente 2,1 millones de ellos recibían terapia, pero sin alcanzar la supresión viral necesaria.
A la par, el análisis especial de la ONUSIDA de 2022 revela datos inquietantes sobre el peligro de adquisición del virus. Las trabajadoras sexuales enfrentan un riesgo de superior (30 veces) al de las mujeres adultas promedio. De esta forma, hombres homosexuales que tienen sexo con hombres presentan una probabilidad 28 veces mayor de infección, mientras que las mujeres transgénero tienen un nivel unas 14 veces más elevado en comparación con sus pares en la población general.
Conforme con la Encuesta Bioconductual, el país enfrenta una notable epidemia de esta enfermedad viral caracterizada por su predominancia en la transmisión sexual, esencialmente en HSH y personas trans. Al finalizar 2022, el 60 por ciento de los diagnósticos correspondieron a estos grupos.
La vulnerabilidad ante el VIH entre estas comunidades no surge únicamente de comportamientos individuales, se encuentra arraigada en un entorno social y estructural que incrementa el riesgo. Existe un telón de fondo que empuja hacia una mayor vulnerabilidad al virus: la discriminación, la exclusión laboral, la pobreza, entre otros factores.

Se sabe que un sinnúmero de contagiados se ocultan ante los sistemas de vigilancia epidemiológica, dificultando una evaluación precisa en cuanto a magnitud e impacto.
Iniciativas como la EBC son cruciales para romper este ciclo de invisibilidad, pues permiten dimensionar adecuadamente a las comunidades clave, identificar la presencia del VIH y otras infecciones de transmisión sexual en la nación, además de comprender las complejas redes de riesgo que enfrentan.
La vigilancia epidemiológica cubana, centrada en estos grupos, no consiste en un mero ejercicio académico, representa el acto de reconocer la realidad de la epidemia y, por tanto, el primer paso insoslayable para diseñar políticas públicas en pos de detenerla.
Invisibilidad y verdad
Los resultados de la EBC muestran contundencia: la prevalencia estimada de VIH entre mujeres trans de La Habana se sitúa en un preocupante 54,9 por ciento, posicionándose en una de las más altas del continente. Por su parte, la cifra de HSH en la capital alcanza el 37,9 por ciento. La disparidad también se refleja en la sífilis activa, al afectar a un 16,24 por ciento de las mujeres trans frente a solo el 2,52 por ciento en HSH de la ciudad. En contraste, las hepatitis B y C presentan bajos niveles de prevalencia, indicando una circulación limitada de estos padecimientos.
“Cuando me dijeron el resultado, el mundo se me vino encima”, comparte Estefany, quien se realizó la prueba durante la encuesta. “Siempre creí que no me pasaría a mí. Verlo en un papel, con tu nombre, cambia todo”. Para Miguel, pese a recibir un diagnóstico negativo experimentó una sensación igualmente abrumadora. “Saber que casi 4 de cada 10 de nosotros en La Habana vivimos con el virus me hizo cuestionar todo. ¿Y si el siguiente soy yo?”
La epidemia presenta características diversas, incluso dentro del propio país. En el caso de los HSH, la urbe capitalina (37,9 por ciento) exhibe dígitos notablemente superiores a las de Cienfuegos (25 por ciento y Bayamo (14,2 por ciento). Estas informaciones trascienden lo estadístico; manifiestan redes de transmisión activas, muchas veces silenciosas, y evidencian un sistema de prevención que no logra ser efectivo para todos.

La iniciación temprana y sus sombras
La primera experiencia sexual constituye un momento decisivo en la vida de las personas. En los grupos analizados, los registros revelan una tendencia hacia inicios precoces no siempre elegidos voluntariamente.
Para los HSH de las tres localidades estudiadas, la edad media de su primer encuentro sexual fue de 16 años. En La Habana y Cienfuegos, uno de cada cinco se introdujo en esta vivencia antes de cumplir 15, en tanto en Bayamo el número es de uno de cada cuatro. La curiosidad y el deseo personal emergen como las principales motivaciones. Mas, un fundamento preocupante aparece en el horizonte: aunque el 98,9 por ciento afirma que su primera relación fue voluntaria, un 1,1 por ciento de los HSH en La Habana y un 0,7 por ciento en Bayamo reportaron experiencias de coerción, concretamente, violación. No se documentaron casos similares en Cienfuegos.
“Mi primera vez fue con un amigo mayor, a los 14”, recuerda Miguel. “Fue por curiosidad, sí, pero también por presión. Él insistía y, al final, cedí. No fue violento, pero tampoco fue algo que controlara del todo”.
En contraste, las mujeres trans experimentan un inicio aún más temprano, con una edad media de 15 años. Un 36,4 por ciento relata haber tenido su primera relación sexual antes de ese tiempo. Si bien muchas lo hicieron por deseo propio o curiosidad, igualmente se arrojó que un 1,2 por ciento describe su vivencia de “forzada”.
Estefany guarda silencio por un momento antes de hablar. “Fue a los 13. Con un hombre del barrio. No fue… consentido plenamente. Después de eso, muchas cosas cambiaron para mí”.
Ese podría tornarse también la vivencia de Juan Carlos, quien con 16 años sabía de su atractivo hacia los demás chicos de su edad. Él sufrió el acoso de un hombre mayor, al punto de convertirse en su primera relación sexual que, “lejos de ser hermosa –como lo soñamos en ese tiempo- fue traumatizante para mí, llena de violencia”.
El peligro de lo ocasional

El núcleo de la transmisión del VIH reside en las prácticas sexuales, particularmente en el uso inconsistente del preservativo. Miguel, un joven que ilustra esta tendencia peligrosa, confirma un escenario crítico: el 86,7 por ciento de los hombres que tienen sexo con hombres en La Habana con una pareja masculina estable ha practicado sexo anal en los últimos seis meses. Un poco más de la mitad de ellos afirma utilizar el condón de manera constante; un 42,6 por ciento lo usó ocasionalmente y un 5,8 por ciento “nunca”. “Él es mi pareja, confío en él”, repite Miguel, un mantra que contradice la estadística reveladora: el 37,9 por ciento de sus compañeros en la ciudad se les ha confirmado el VIH.
En Cienfuegos, el hecho difiere. Aquí, el 87,7 por ciento de los HSH en relaciones estables utiliza el preservativo de forma habitual, sugiriendo que existen modelos de conducta más seguros. En contraste, en Bayamo la cifra fue de 43,7 por ciento.
Entre las mujeres trans con parejas masculinas estables resulta similar. Aunque el 56,4 por ciento tuvo sexo anal con su pareja durante los últimos seis meses, la mayoría utilizó el condón de manera constante. Un 38,4 por ciento lo empleó ocasionalmente y un 6,3 por ciento nunca.
En cuanto a las relaciones ocasionales masculinas, se multiplica el riesgo. En La Habana, el 62,5 por ciento de los HSH tuvo al menos una pareja fortuita en el último año y, aunque el uso del profiláctico en la última interacción fue relativamente alto (82,1 por ciento), únicamente el 50,4 por ciento lo empleó con estas parejas.
Para las mujeres trans, el panorama resulta grave. Casi el 70 por ciento tuvo parejas masculinas ocasionales en los últimos 12 meses, con un 30,4 por ciento reportando entre cinco y nueve parejas, y un 18,6 por ciento entre 10 y 20.
“Con los clientes ocasionales a veces depende del dinero”, explica Estefany. “Si ofrecen el doble por hacerlo sin condón es una tentación enorme. Al final, hay que luchar el pan de hoy”.

dificultad de comprar preservativos. / Ilustración: Alma Mater
La supervivencia… a cualquier costo
La práctica de intercambiar sexo por dinero, regalos u otros beneficios representa un alto riesgo, especialmente para las mujeres trans y, en menor medida, para los hombres que tienen sexo con hombres, evidenciado en la reciente encuesta, la cual destaca la relevancia de este fenómeno en la vida de quienes participan en él.

Para Estefany, por ejemplo, es una forma de subsistencia. Según los archivos, el 52,5 por ciento de las mujeres trans en La Habana ha estado involucrada en relaciones transaccionales durante el último año. Un hecho es que el 11,7 por ciento declaró haber tenido este tipo de encuentros sexuales con más de 99 parejas en ese mismo período. El uso del preservativo en dicho contexto alcanza niveles rojos, pues el 41,4 por ciento afirma utilizarlo siempre, mientras que un 51,3 por ciento lo emplea ocasionalmente y un 7,3 por ciento nunca.
“Es mi trabajo”, comparte Estefany. “No me gusta, pero es lo que hay. A veces, cuando el cliente es conocido o parece estar sano, bajo la guardia. Sé que puede ser un error, pero la necesidad aprieta más fuerte”.
Referido a los HSH, si bien el sexo transaccional es menos común, sí está presente. La capital se destaca por prácticas más riesgosas: el 27,8 por ciento de los HSH habaneros que participan en sexo transaccional utilizan el preservativo de manera habitual. En contraste, en Cienfuegos, esa cifra asciende al 90,1 por ciento y, en Bayamo, al 77,6 por ciento.
¿Cómo te cuidas?
Desde 2020 la escasez de preservativos se ha convertido en un problema para la población cubana. A pesar de que los condones no se producen localmente y su importación es necesaria, esto no ha llevado a una reducción en la actividad sexual. Los consumidores anhelan la época en que estos productos se encontraban disponibles incluso en las cafeterías: método esencial, en este caso, para la prevención de enfermedades.
Carlos, de 24 años, tiene claro que cuidarse es fundamental, incluso con su relación estable. “Los consigo en el mercado informal, no importa su costo”, comenta. Él y su pareja prefieren invertir en su salud sexual. “Así que a veces me duele el bolsillo, pero vale la pena”, dijo.
La disponibilidad de profilácticos no se ha mantenido al ritmo de la demanda. Para aquellos que optan por lo seguro el dilema ya no consiste en el riesgo de padecimientos, sino también sobre el costo que implica esa decisión, en la que su precio puede oscilar entre 50 y más de 100 pesos en el mercado no regulado.



“Las muchachas de la Red Transcuba a veces traen -dice Estefany-, mas es insuficiente. Cuando se acaban, toca negociar con el cliente sin protección o perder el dinero en eso”.
Anteriormente, estos artículos eran tan comunes en cualquier establecimiento económico; ahora, su ausencia en farmacias y comercios genera frustración. Varios que solían criticar la venta de condones en lugares poco convencionales, hoy lamentan que ya no se hallan al alcance de todos.
Medios oficiales han avalado que la crisis de los preservativos tiene sus raíces en los desafíos económicos y sociales que intensificaron con la pandemia de la COVID-19. La prioridad en la adquisición de insumos médicos ha relegado la compra de preservativos, lo que ha propiciado una dependencia del mercado informal. Si bien existen promesas de reanudar las importaciones de estas necesidades básicas, el contexto actual obliga a muchos a recurrir a fuentes no oficiales, en las que el precio lo dictan las ganancias de quienes traen el producto.
Mientras que algunos grupos poblacionales, como las personas trans y aquellos que viven con VIH, tienen acceso -limitado- a los preservativos, la situación de la mayoría es inquietante.

informal. / Foto: artemisadiario.cu
Lo que se cree saber
Tener información clara y precisa constituye el primer paso para la prevención. La propia encuesta reveló que el nivel de conocimiento sobre métodos preventivos es bajo, en particular respecto al VIH.
En cuanto a las vías de transmisión, muchos conocen algunas formas no contagiosas -compartir alimentos o picaduras de mosquitos-, pero su capacidad para identificar todas las vías reales de contagio es insuficiente, con un 29,6 por ciento de respuestas correctas en ese sentido. Por ejemplo, un poco más de un 50 por ciento reconoció a los fluidos vaginales como una vía de transmisión.
Los hombres que tienen relaciones con otros hombres presentan un patrón similar. Miguel refirió su confusión: “Sabía que se transmitía por sangre, por sexo y de madre a hijo; mas, pensaba que, si mi pareja y yo éramos solo nosotros dos, no había problema”. La falta de información, junto con el acceso limitado a métodos anticonceptivos, deja a estos grupos vulnerables, sin las herramientas necesarias para protegerse.
Hacia una respuesta nacional
La Encuesta Bioconductual ha puesto de manifiesto una realidad que a menudo permanece oculta tras el estigma y la exclusión. Las historias de Estefany, Miguel, y otros tantos que prefirieron el anonimato al compartir sus testimonios, representan experiencias palpables de esas estadísticas.
La epidemia de VIH en Cuba es el resultado de una combinación de factores como la iniciación sexual temprana, prácticas de riesgo, escaso acceso a insumos y un deficiente conocimiento general. Todo ello ocurre en un panorama social que empuja a estas poblaciones hacia los márgenes, donde la lucha por la supervivencia diaria eclipsa la preocupación por la salud a largo plazo.
Estefany guarda su celular y se prepara para salir, a la vez, Miguel apaga la luz de la cocina y se une a su pareja en la sala. Sus vidas recuerdan que la batalla contra el virus se gana no solo en los laboratorios y consultorios, sino en las calles, en las políticas públicas, en las aulas y en la lucha cotidiana por una sociedad en la que nadie tenga que elegir entre su dignidad y su supervivencia, ni entre el pan de hoy y la salud de mañana.
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*Este reportaje incluye las historias de Estefany, construida a partir de cuatro relatos de mujeres trans entrevistadas; y Miguel, desde las experiencias de tres hombres que han mantenido relaciones sexuales con otros hombres. Cabe destacar que las identidades de las fuentes han sido protegidas a solicitud de los propios participantes.
[1] Según las organizaciones de Naciones Unidas (ONU), como la ONUSIDA, y la Panamericana y Mundial de la Salud, hombres que tienen sexo con hombres (HSH) incluye a gais y bisexuales; personas transgénero (mujeres trans y personas de género diverso); y aquellas que ejercen el trabajo sexual (TS).




















