El gobierno interino sirio tiene la declarada intención de recomponer el país. Las disputas sectarias y étnicas lo dificultan. Israel se aprovecha de la coyuntura. EE.UU., como siempre, aplaude
Buena parte de los conflictos bélicos y de agresión responden a causas de índole económica. Siria, pieza importante del Levante, también lleva esa marca; allí se mueven fichas en una maniobra casi inadvertida por el gran público. Se trata de la reanudación de operaciones de la Bolsa de Valores de Damasco. Notas de France 24 y Reuters se refieren al simbolismo del gesto luego de 14 años de “guerra civil”, “ofensiva rebelde” y “nuevos líderes” al frente del país –ahora sin el sambenito de “terroristas”– y de “alivio de sanciones internacionales” (dígase de Estados Unidos).
El pasado año, el mundo asistió asombrado a la caída relámpago de Bashar al-Assad, aliado de Rusia, amigo de Irán y de cuanta causa justa se dirime en la región. En ese momento, Bohemia se preguntaba por qué los hombres del grupo vencedor, el Hayat Tahrir Al-Sham (HTS, sus siglas en inglés) no se enfrentaba a Israel mientras, aprovechando la situación caótica, Tel Aviv atacaba zonas del Golán ocupado, lo que en opinión de esta comentarista debilitaba la soberanía de Siria y abría la posibilidad al primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, de, además de querer tomar la totalidad de esa área, se lanzara contra Damasco bajo cualquier pretexto. Eso sucedió este 16 de julio.

Pero volvamos a la Bolsa de Valores siria. En esa oportunidad, el ministro de Finanzas, Mohammed Yisr Barnieh, declaró que la plataforma se erigiría desde las bases de una empresa privada, conformándose en verdadero centro para el desarrollo económico de Siria, facilitaría operaciones comerciales, y abriría el camino a prometedoras posibilidades de inversión, en especial en el sector digital, según la Agencia noticiosa local Sana.
Sin embargo, lo esencial se asienta en la necesidad de restaurar el servicio de distribución de energía, pues sin esa fortaleza el despegue nacional es impensable. Y es aquí donde entra la noticia bomba: La Bolsa de valores damasquina comenzó sus operaciones poco después de un “histórico acuerdo energético de 7 000 millones de dólares con un consorcio internacional liderado por Qatar.”
Las ramificaciones de este consorcio llegan a Turquía y a los Estados Unidos, cosa que al ambicioso Netanyahu no debe haberle despertado ninguna simpatía; de un lado, la enemistad con Ankara; del otro, lo contrario: la relación carnal de Israel con Washington. Y si bien entra en el campo de la especulación, el presidente Donald Trump debe haber visto un filón de negocios, muy acorde a su estilo personal de gobernar, porque la voracidad hacia los recursos naturales ajenos está en la misma naturaleza del imperialismo desde los tiempos de Vladimir Lenin, y se evidenció en 1898, en Cuba. Siria todavía hoy tiene, en lo formal, un rumbo nada sujeto a los Brics, aunque sigue sufriendo el robo de petróleo y de trigo, instaurado en época de Barak Obama. La lectura es clarísima: Washington juega a las dos caras.
Repasemos los acontecimientos últimos: este 16 de julio, pretextando la existencia de animadversión en el actual mandatario sirio, Al-Sharaa, de confesión sunita (igual el HTS) contra quienes no lo son, Israel decidió “proteger” a la minoría drusa de casi 150 000 personas (muchos en Israel y en los ocupados Altos del Golán), y bombardeó puntos claves en la capital siria y de Sueida. Netanyahu declaró que haría de todo para evitar movimientos de “yihadistas disfrazados” en su frontera oeste, sur sirio.
Lo sintomático de una manera de gobernar mentirosa se dio semanas atrás, específicamente el 5 de julio de 2025, cuando Damasco y Tel Aviv tuvieron un acercamiento de negociaciones tendientes a la “buena vecindad”. En la plataforma X, el canciller sirio, Asaad al-Shibani, aseguró también haber intercambiado con el Secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, a favor de impulsar la cooperación bilateral. Mientras, el canciller israelí, Gideon Saar, había manifestado el interés de “establecer lazos diplomáticos oficiales con sus viejos enemigos, interesado en ampliar el círculo de paz y normalización de los Acuerdos de Abraham. Tenemos interés en añadir países como Siria y Líbano, nuestros vecinos, al círculo de paz y normalización, salvaguardando al mismo tiempo los intereses esenciales y de seguridad de Israel.”
Y justo en esa última línea, salta la liebre: “intereses esenciales”. Los drusos lo son, más lo serán asimismo las riquezas naturales del Golán, discutir sobre Palestina o mayor acercamiento, por ejemplo, a China y a los Estados Unidos. El sionismo, tanto como el imperialismo, es colonialista, despiadado, y no alberga ningún remordimiento frente el asesinato en Gaza de la población civil, periodistas, médicos, sacerdotes o niños.
En una contradicción aparente, luego de hablar de “buena vecindad”, la eventual fluidez de las finanzas en una Bolsa de Valores en el Oriente Medio estorba, pues le daría cierta soberanía a Siria, y esta consolidaría lazos con los yanquis, en una reconfiguración otra de la región, alejada quizás del Proyecto del Gran Israel. Traigo entonces a colación los criterios del profesor y analista internacionalista español Andres Piqueras: “Pecaríamos de excesiva ingenuidad si no abordásemos la cuestión siria dentro del escenario más amplio de pugna geopolítica”.
Al reunirse en Arabia Saudita (mayo de 2024), el presidente sirio Ahmed al-Sharaa y Donald Trump, este le había instado a normalizar los lazos con Israel; empero, ahora, en su papel de padrino de un sionismo ampliado, le pide a Damasco “retire sus fuerzas militares con el fin de permitir que todas las partes puedan reducir la tensión.”
El malabarismo en política exterior. Y otra vez Israel de victimario a víctima, otra vez el encubrimiento de una usurpación colonial en la región (Tel Aviv se anexionó los Altos del Golán en 1981, tras arrebatar a Siria la mayor parte de la zona en la Guerra de los Seis Días de 1967). Otra vez el lobo disfrazado de oveja.


















