El vetusto buque de guerra Maine hizo explosión en el lugar y momento equivocados
Por Ernesto Fernández Domínguez
La explosión del acorazado estadounidense Maine en la bahía de La Habana, en febrero de 1898, ha sido un tema muy divulgado en la historiografía nacional. Sin embargo, BOHEMIA trae ahora a sus lectores datos poco conocidos de ese suceso.
El USS Maine fue un acorazado de segunda clase construido en respuesta al auge de las fuerzas navales del continente; su disposición combativa era similar a la de navíos británicos e italianos: sus dos torretas principales estaban escalonadas una a cada costado de la nave: a estribor la de proa y a babor la de popa, con cortes en la superestructura para permitir el fuego a ambos lados. EL buque funcionaba a vapor.
La puesta en marcha del acorazado brasileño Riachuelo en 1883 y la adquisición poco después de otros modernos buques blindados en Europa por Argentina y Chile, alarmaron al gobierno de estadounidense. De hecho, la marina brasileña se había convertido en la fuerza naval más poderosa del hemisferio occidental.
Estos acontecimientos ayudaron a dar actualidad a una serie de debates que habían tenido lugar en el consejo asesor naval norteamericano desde 1881, el cual tenía conocimiento, además, de que la flota de los Estados Unidos no era rival para ninguna de las principales escuadras navales del mundo. El miedo “imperaba” en el naciente Imperio.
El mencionado comité asesor naval se veía enfrentado ahora a la posibilidad concreta de buques de guerra hostiles operando frente a las costas norteñas y comenzó en 1884 a planear navíos con el objetico de proteger dicho litoral.
Los barcos defensores debían ser capaces de operar desde los puertos existentes y tener poco calado para poder utilizar las bases navales estadounidenses. Su manga máxima (anchura de un navío en su parte media) se fijó de manera similar y el comité determinó una eslora (largo de la embarcación) en torno a los 300 pies, así como un desplazamiento máximo de unas 7 000 toneladas.
Un año después, el Buró de Construcción y Reparación de Buques (Bureau of Construction and Repair) presentó dos diseños al secretario de la Armada, William Collins, uno para un acorazado de 7 500 toneladas (t) –el del Maine– y otro de 5 000 t, los cuales fueron autorizados en agosto de 1886.
Nos ceñiremos a las especificidades del primero: el Maine debía desarrollar una velocidad máxima de 17 nudos (un nudo꞊1.8 kms/hora), poseer espolón de proa, doble fondo y ser capaz de transportar dos torpederos. Su armamento debía componerse de cuatro cañones de 254 mm, seis de 152 y varios de menor calibre, y seis tubos lanzatorpedos. El armamento principal debía ser capaz de disparar por proa y popa. El espesor del blindaje y otros muchos detalles también se especificaban pormenorizadamente. El diseño ganador fue el de Theodore Wilson, quien había servido como jefe de construcciones del ya señalado Buró de Construcción y Reparación de buques; y era miembro del consejo asesor naval.
Finalmente, el proyecto Maine quedó de la siguiente forma: eslora máxima de 98.9 metros (largo de la embarcación), manga de 17.37 metros, un calado máximo de 6.9 metros, un desplazamiento de 6 789 t yestaba dividido en 214 compartimentos.
La construcción del acorazado duró un inusual período de nueve años, debido a las limitaciones de la industria estadounidense en aquel momento. ¿Qué pasó durante esos años? Las estrategias y la tecnología naval cambiaron totalmente, lo cual dejó al Maine obsoleto desde su nacimiento y con un futuro incierto dentro de la Marina: ya se demandaba naves más rápidas y ligeras, evitando el blindaje donde fuera prescindible.
Por su parte, el Maine carecía de armas y coraza de primera línea y también de la velocidad exigida a un crucero; la posibilidad de sufrir daños a sí misma por un fuego cruzado y transversal en cubierta, hizo que su armamento principal quedara anticuado en el momento de entrar en servicio.
En conclusión, el flamante barco de guerra, que supuestamente conjuraba el miedo a la temible armada latinoamericana, era un verdadero desastre: su artillería principal, erróneamente situada en cubierta, se inundaba con mal tiempo; los cañones estaban montados demasiado hacia los extremos, lejos del centro de gravedad de la nave, por lo que era propenso a un mayor balanceo con mar gruesa; la disposición del armamento principal limitaba su capacidad de efectuar andanadas completas laterales, un factor clave cuando se utiliza la táctica de línea de combate.
No obstante, en su momento, se convirtió en el mayor buque construido por un astillero de la Armada de los Estados Unidos. Fue botado el 18 de noviembre de 1889, amadrinado por Alice Tracy Wilmerding, nieta del secretario de la Armada, Benjamín F. Tracy.
El vetusto buque se hunde
El USS Maine entró finalmente en servicio el 17 de septiembre de 1895, bajo el mando del capitán Arent S. Crowninshield; dos meses después navegó hasta Nueva Jersey y Rhode Island, y finalmente a Portland, en Maine, donde se presentó al escuadrón del Atlántico para ejercicios navales. Pasó su vida operativa con dicha escuadra, operando a lo largo de la costa este de los Estados Unidos y el Caribe. El 10 de abril de 1897, el capitán Charles Dwight Sigsbee relevó a Crowninshield al mando del buque.

El 25 de enero de 1898 el Maine llegó al puerto de La Habana, con el pretexto de realizar una “visita amistosa”, aunque su presencia no era sino un eslabón más en la cadena de presiones que el gobierno norteamericano venía ejerciendo sobre el español. Además, el acorazado constituía un preludio de la preparación de una intervención en Cuba con propósitos expansionistas.
Según la prensa de entonces, fue la mayor embarcación de guerra que jamás hubiera entrado en la bahía habanera. En la tripulación había numerosos emigrantes; sin embargo, casi todos eran ya ciudadanos norteamericanos o residentes permanentes en proceso de obtención de la ciudadanía. No es cierto que la mayoría de los tripulantes fueran negros: estos eran menos de la quinta parte. El racismo vigente en la sociedad estadounidense se reflejaba también en la composición étnica de los marineros.
La tripulación constaba de 355 personas: 26 oficiales, 290 marineros y 39 infantes de marina
A las 21:40 horas del 15 de febrero de 1898 hubo una enorme explosión a bordo. Investigaciones posteriores revelaron que más de cinco toneladas de las cargas de pólvora de los cañones de 203 y 152 mm habían detonado y destruido un tercio de la parte delantera del buque. Los restos se hundieron rápidamente y quedaron en el fondo del puerto.
De la tripulación, 261 perecieron de inmediato y otros fallecieron con posterioridad como consecuencia de las heridas.

La mayor parte de los marineros se encontraba descansando en los dormitorios de la parte delantera en el instante de la detonación. El capitán Sigsbee y la mayoría de los oficiales sobrevivieron porque sus áreas de descanso estaban en la parte trasera.
Los restos humanos localizados fueron enterrados en el Cementerio Nacional de Arlington y la parte intacta del casco de la embarcación fue puesta a flote y hundida ceremonialmente en alta mar, el 16 de marzo de 1912.
Comienza el aquelarre
El 21 de marzo de 1898, un consejo de guerra naval en Cayo Hueso, Florida, declaró sin pruebas, ni investigación, que la causa de la explosión había sido una mina española. Comenzó así un torbellino propagandístico en favor de la entrada de los Estados Unidos en la guerra hispano-cubana.
Sumado al hecho de que el hundimiento del Maine pretextó el inicio de la primera guerra imperialista del mundo, dio pábulo también al surgimiento, por primera vez, de la denominada “prensa amarillista”.
El New York Journal, propiedad de William Randolph Hearst,, y el New York World de Joseph Pulitzer, ambos magnates de la prensa norteamericana, se dieron a la tarea de azuzar los ánimos antiespañoles de su público y sirvieron “en bandeja de plata” al agresivo gobierno de su país un motivo con el cual entrar en el conflicto hispano-cubano prácticamente ganado por los mambises.
Además del “cuento” de la mina, esos diarios achacaron a las autoridades españolas la poca garantía del puerto de La Habana. El pueblo estadounidense, ya agitado por las noticias de la guerra en Cuba, fue conducido a un auténtico estado de histeria.

Tanto el Journal como el World comenzaron a utilizar el slogan: “¡Recordad el Maine, al infierno con España!”.
Varias comisiones estadounidenses y españolas han investigado las causas de la explosión. Sin embargo, no hay un acuerdo tácito sobre el hecho. BOHEMIA le ofrece la última indagación realizada en el 2002 por el canal televisivo History Channel, cuyos resultados fueron expuestos en un episodio de una serie de documentales sobre casos no resueltos titulado ‘Death of The USS Maine’ (La muerte del USS Maine ), en el cual se utilizaron testimonios de expertos navales, información de archivos y fotos.
La conclusión dada por el History Channel fue que el carbón bituminoso utilizado en las carboneras de esa época –muy inflamable– causó la implosión, y se identificó un punto débil en el mamparo separador de los pañoles de munición, lo cual podría haber permitido el pase del fuego hacia los proyectiles.
Debe recordarse: la combustión espontánea de las carboneras de los cruceros norteamericanos de la época, era bastante frecuente. Puede citarse la ocurrido en el Missouri, fondeado en Gibraltar en 1885; la explosión en las calderas del crucero Atlanta en 1891; y los incendios de carboneras en los cruceros Olimpia, Wilmington y Cincinnati, así como en el acorazado New York de 1897.
Últimos días del Maine
El 18 de febrero de 1912, los restos del viejo buque fueron remolcados por el USS Osceola y los cadáveres hallados en su interior fueron trasladados al crucero USS North Carolina para su repatriación.
El 16 de marzo de ese año, lo que quedó del Maine fue llevado a cuatro millas de las costas cubanas por el Osceola, escoltado por el North Carolina y el crucero USS Birmingham para hundirlo en las profundidades. Las tres embarcaciones dispararon salvas de saludo.
Las partes recuperadas del Maine, un buque de guerra con más penas que glorias por paradojas de la historia, posee muchos más monumentos en su memoria que cualquier otro: en Fort Allen Park, perteneciente al estado de Maine, se encuentra un cañón; el mástil de popa en la Academia Naval de EE.UU. de Annapolis, estado de Maryland; el de proa en el Cementerio Nacional de Arlington, estado de Virginia. Existe un Monumento Nacional dedicado a esa embarcación en Nueva York con un grupo escultórico del artista Attilio Piccirilli. En 1914, una de las seis anclas del navío fue llevada del astillero Washington Navy Yard a un parque del estado de Pensilvania.
Una escotilla de latón recuperada de un tubo lanzatorpedos está expuesta en el Lakeside Park de Oakland, California. Un monumento consistente en el escudo y volutas de la proa de la nave se encuentra en Bangor, Maine; y un proyectil de la artillería principal frente a la entrada del ayuntamiento de la localidad de Lewiston, en el mismo Estado. Existen algunas tarjas y otros sitios más en tierras norteamericanas dedicados a la embarcación siniestrada.
En 1926, el gobierno de Cuba erigió un monumento a las víctimas del Maine en el Malecón habanero, cerca del Hotel Nacional. En 1961, el águila de la parte superior, símbolo imperial, fue retirada por el Gobierno Revolucionario.

Datos de interés
Dos oficiales y 251 marineros/infantes de marina murieron en la explosión o en el hundimiento.
Siete fueron rescatados, pero fallecieron por las heridas recibidas.
Un oficial murió posteriormente de afección cerebral por el shock (algunas fuentes se inclinan por suicidio).
De los 94 supervivientes 18 eran oficiales, 19 resultaron heridos.

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Fuentes consultadas
El libro de Loyola Vega, Oscar y Torres-Cuevas, Eduardo. Historia de Cuba. Formación y liberación de la nación (1492-1898). Placer Cervera, Gustavo. La explosión del Maine, 123 años después (lajiribilla.cu),15 de febrero de 2021. Carmenate, Rogelio La explosión del Maine, hace 125 años (cubadebate.cu), 15 febrero de 2023.


















