Pese a las presiones diplomáticas de Washington, 130 Estados respaldaron el reclamo de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero contra la Isla
La votación del 28 de octubre en la Asamblea General de Naciones Unidas dejó una escena marcada por el debate previo. Estados Unidos hizo gestiones para reducir el respaldo a Cuba y, desde la tribuna del organismo, su embajador pidió a las delegaciones que votaran en contra de la resolución. Aun así, fue aprobada. La presión no logró que un reclamo que la mayoría de los Estados considera legítimo quedara en minoría.

Más revelador que el marcador de 130 votos a favor fue lo que ocurrió antes. El embajador estadounidense ante la ONU, Mike Waltz, pidió a otros Estados que rechazaran el proyecto cubano y evitaran darle, en sus palabras, otra “victoria propagandística”.
En un foro pensado para la igualdad soberana de los Estados, Washington cambió el debate por una exhortación para condicionar el voto de otros gobiernos. Mientras la delegación estadounidense pedía cerrar filas, buena parte de la comunidad internacional cuestionó la política que Washington mantiene contra Cuba.
La diplomacia de la presión
La intervención de Waltz llegó tras semanas de denuncias de La Habana sobre una campaña diplomática encabezada por el secretario de Estado, Marco Rubio, con la intención de persuadir a varios gobiernos de cambiar su voto.

El Departamento de Estado confirmó contactos con mandatarios de la región para coordinar posiciones sobre Cuba en Naciones Unidas. Por su parte, el canciller cubano, Bruno Rodríguez Parrilla, denunció presiones que, según afirmó, incluyeron amenazas de restricciones de visados, sanciones económicas, aranceles y la suspensión de programas de cooperación.
Más allá de la magnitud de esas gestiones, el resultado expuso una contradicción: Washington movilizó su influencia con el propósito de debilitar el respaldo a Cuba y, aun así, no impidió una nueva condena mayoritaria al bloqueo.
La insistencia de Waltz en negar la existencia del bloqueo chocó con el centro del debate. Las delegaciones no juzgaron el sistema político cubano. Buena parte de las intervenciones se centró en cuestionar una política unilateral que restringe el comercio, afecta las relaciones financieras con terceros países y tiene efectos extraterritoriales, rechazados ampliamente dentro de la propia ONU.
El costo de una política que sigue cobrando factura
Cuba llevó a la Asamblea algo más que argumentos políticos: cifras que buscaban mostrar el costo económico y humano de una política sostenida durante casi siete décadas.

Ese reclamo se apoyó en un informe que La Habana presentó en septiembre. Según el documento, entre el 1.⁰ de marzo de 2025 y el 28 de febrero de 2026, las pérdidas atribuibles al bloqueo ascendieron a 8 083.3 millones de dólares, un 7 por ciento más que en el período anterior. El gobierno cubano calcula el daño acumulado desde el inicio de la política en más de 178 700.5 millones de dólares, a precios corrientes.
Durante su intervención, Rodríguez subrayó que ese balance apenas incluye el primer mes de las restricciones energéticas anunciadas por Washington a finales de enero. Por eso, el cálculo aún no refleja el impacto completo del endurecimiento posterior del cerco sobre el combustible.
Este dato sitúa el debate en el presente. El bloqueo ya no es solo una herencia de la Guerra Fría: es una estrategia que suma nuevos mecanismos de presión económica.
El cerco energético: la nueva vuelta de tuerca
El recrudecimiento del cerco energético impuesto por Estados Unidos en 2026 marcó la votación.
Las nuevas restricciones al suministro de combustible añadieron una dimensión especialmente severa a las sanciones. El petróleo dejó de ser solo un problema económico y empezó a afectar la vida cotidiana: la generación eléctrica, el transporte, la producción de alimentos, la distribución de mercancías y el funcionamiento de los hospitales.
Rodríguez llevó esa realidad al centro del debate. Mientras los representantes deliberaban en Nueva York, un contador exhibido por la delegación cubana acumulaba más de 22.9 millones de dólares en pérdidas durante una sola jornada.
El contador ilustraba la denuncia cubana: el costo del bloqueo no queda en los informes anuales, sino que crece mientras la política continúa.
Las voces de la mayoría y la solidaridad con Cuba
Mientras Estados Unidos pedía expresamente rechazar la resolución, la Asamblea la aprobó con 130 votos.

El resultado estuvo acompañado de intervenciones que cuestionaron los argumentos de Washington y expusieron las consecuencias de su política.
Varios grupos denunciaron las restricciones que obstaculizan el suministro de combustible, las operaciones bancarias y las relaciones comerciales de Cuba con terceros Estados: el G77+China, el Movimiento de Países No Alineados (Mnoal) y la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (Asean).
Las medidas no afectan solo a Cuba y Estados Unidos. Alcanzan también a otros países y limitan sus posibilidades de relacionarse libremente con nuestro país.
México, por su parte, defendió en la Asamblea el levantamiento del bloqueo por considerarlo contrario al derecho internacional. Su representante permanente, Héctor Vasconcelos, rechazó las medidas coercitivas unilaterales y reivindicó la soberanía de los Estados y el diálogo, vía para resolver diferencias. Nicaragua también ratificó su respaldo a Cuba y rechazó tanto la continuidad como el recrudecimiento de las acciones estadounidenses, una postura de principios compartidos entre ambos pueblos.
Desde Asia, Vietnam recordó los vínculos históricos de cooperación con nuestro archipiélago y cuestionó el alcance extraterritorial de las sanciones. Su representante adjunto, Nguyen Hai Luu, reclamó además que Cuba fuera retirada de la lista estadounidense de supuestos patrocinadores del terrorismo y defendió su derecho a elegir su propio camino sin injerencias externas. La cooperación bilateral, señaló, continúa mediante proyectos destinados a fortalecer la seguridad alimentaria, incluida la producción de arroz y maíz.
Las intervenciones de países africanos y asiáticos coincidieron en advertir sobre las dificultades que las restricciones generan en la población cubana y el desarrollo nacional. Asimismo, representantes de la Unión Europea cuestionaron aspectos del bloqueo durante el debate. Pese a las diferencias sobre otros asuntos, varios Estados expresaron una preocupación común por las consecuencias de las medidas unilaterales y su extensión a las relaciones con terceros.
Frente a la exhortación de Mike Waltz para que las delegaciones votaran contra Cuba, estas posturas defendieron principios que reconoce la Carta de Naciones Unidas: la igualdad soberana, la no intervención y el respeto al derecho de cada Estado a establecer sus relaciones económicas y comerciales.
Por trigésima cuarta vez, la resolución presentada por Cuba fue aprobada en Naciones Unidas. Esa resolución no levanta automáticamente el bloqueo ni modifica por sí sola la legislación estadounidense, pero deja a Washington frente a una evidencia incómoda: una gran parte de la comunidad internacional sigue cuestionando una política que el país pretende justificar.


























