Sensibles, exquisitos, profesionales, el primer actor Alden Knight, y la primera actriz Corina Mestre, nunca olvidada, son referentes para consagrados y jóvenes creadores. / Yasset Llerena
Sensibles, exquisitos, profesionales, el primer actor Alden Knight, y la primera actriz Corina Mestre, nunca olvidada, son referentes para consagrados y jóvenes creadores. / Yasset Llerena

El arte que quiero ver en las pantallas mediáticas

Renombrados creadores aportan saberes y vivencias de notable trascendencia en el quehacer de consagrados, jóvenes y públicos de diferentes edades


“Todavía sigo pensando en esa película y los conflictos de una mujer erosionada por el paso del tiempo y el olvido familiar”. Esta reflexión suele marcar la memoria de quienes descubren en el cine y los audiovisuales sentimientos propios y ajenos.

Ventanas abiertas a la existencia establecen dinámicas de sociabilidad frente a las grandes y las pequeñas pantallas. También crecen frivolidades y transnacionales hegemónicas en plataformas abiertas al actuar de manera personalizada.

El cine y la televisión motivan el ver y el sentir de los públicos. ¿Lo analizamos en profundidad? En ocasiones, guionistas y directores aportan creaciones renovadas. Huyen de fórmulas establecidas, laberintos transitados; incluso renuevan temáticas, conceptos y estéticas.  Pero no siempre ocurre así. Es preciso mantener alerta la inteligencia lectora. Las redes digitales indican el interés de las mayorías hacia producciones ficcionales diversas.

A veces, buenas historias se frustran en su desarrollo debido a deficiencias dramatúrgicas, puestas facilistas y actuaciones imperfectas.

¿Qué hacer ante este panorama? ¿La clásica e inteligente pregunta motiva a quienes validan proyectos imperfectos? Urge meditarlo: el arte no es expresión de las emociones; sino el fluir de las emociones en combinaciones sintácticas, los creadores las experimentan para producir efectos axiológicos deseados en las audiencias.

En la era de la comunicación cultural, las ficciones audiovisuales recrean intimidades, ideas y pensamientos que son necesarios compartir entre todos. El gesto corporal, la intencionalidad del bocadillo necesario estructurado en el guion y bien dicho llega a las almas y las conciencias.

Dilemas interiores, miradas lacerantes, gritos ahogados aportan verosimilitud durante la recreación del relato si tienen justificación dramatúrgica; nunca lo consiguen parlamentos sin sentido, tramas encausadas en géneros dramáticos que buscan determinada detonación crítica; esta, como el resto de los elementos narrativos deben tener su razón de ser en el relato. La espiritualidad, al tratar lo sensorial, supera siempre la violencia burda.

Nunca olvidamos testimonios del primer actor Alden Knight y de la primera actriz Corina Mestre, lamentablemente desaparecida. Ambos expresaron a BOHEMIA que asumen e interiorizan sus personajes al comprender en toda su magnitud la historia que ellos y otros actores cuentan en la escena.

De ningún modo los públicos suelen “leer” explícitamente la moraleja de la narración; esta debe expresarse en valores icónicos y lingüísticos, incluso a través de silencios parlantes en voces disímiles.

Al enfrentar la realidad ningún artista toma la realidad para copiarla tal cual. Al apropiársela, la convierte en soporte de significaciones de carácter humanista. Para transgredir formas de contar es preciso conocer lo sedimentado.

En un mundo interconectado, el cine y la tv influyen el enriquecimiento cultural de las mayorías. Las ficciones llevan implícitas teorías filosóficas, desentrañarlas requiere involucrarse, ser conscientes de manipulaciones vigentes para colonizar. Se establecen modas, gustos, afinidades, estereotipos arraigados en el disfrute del “me gusta” o “no me gusta”, apreciaciones primarias al uso, cómodas; prevalecen por doquier, pensémoslo.

La competencia, lectora de contenidos y fábulas, propicia explorar actitudes y afectos en los otros. Las artes intercambian indicios, elipsis, preguntas, suelen fecundarse entre sí mediante incitaciones temáticas, estéticas y expresivas.

Estar atentos a las revoluciones visuales sin precedentes es un desafío para la sociedad en Cuba. Sí, el asunto compete a creadores jóvenes y consagrados, espectadores, directivos. Estos tiempos demandan inteligencia, empeños cuestionadores, espíritus críticos, reflexiones serias sobre la realidad y la cultura para seguir enrumbando hacia la conquista del arte que necesitamos.

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