Ecuador celebra victoria de la ciudadanía en consulta popular. / bbc.com
Ecuador celebra victoria de la ciudadanía en consulta popular. / bbc.com

El NO ecuatoriano también resonó en Washington

El contundente triunfo del NO en el plebiscito celebrado en el país sudamericano frenó la Constituyente, bloqueó las bases extranjeras y envió un mensaje político y geopolítico: la soberanía no se negocia, ni con Daniel Noboa ni con Washington


Hay derrotas que en realidad son diagnósticos. Y hay victorias que, aunque se escriban con una sola palabra, condensan un país entero. El No que pronunciaron los ecuatorianos en el reciente referendo y consulta popular no fue apenas un desacuerdo constitucional ni un rechazo puntual a una reforma; fue la afirmación de un límite.

Un límite al miedo, a la improvisación, a la militarización disfrazada de salvación, a los laboratorios geopolíticos que otros quieren montar sobre territorios ajenos.

En menos de un año, el mandatario que prometió eficacia, mano dura y modernidad digital termina recibiendo un mensaje contundente de la ciudadanía: ni sus reformas, ni sus urgencias, ni sus alianzas internacionales gozan de la legitimidad necesaria para alterar la arquitectura institucional del país.

Si existiera –recordó Rafael Correa– un referendo revocatorio, el domingo habría funcionado como tal. Fue un revés político con dimensiones de revisión moral y constitucional.

Un límite popular a la Constituyente y a la manipulación del miedo

El primer eje del resultado fue inequívoco: Ecuador no quiso Asamblea Constituyente, no quiso nueva Constitución, no quiso abrir la Carta Magna aprobada en 2008 para convertirla en un instrumento ajustado al clima de inseguridad.

La narrativa oficial, esa que repetía que la Constitución “protege a delincuentes”, encontró en las urnas su refutación más firme. Noboa había justificado el llamado a una nueva Carta alegando que, sin un rediseño total, el país no podría enfrentar la violencia que lo carcome. Mas, el electorado no compró el atajo.

Tampoco aquella insinuación, tan desacertada como reveladora, de que la nueva Constitución podría escribirse con ayuda de inteligencia artificial.

Solo la provincia de Tungurahua apoyó la propuesta presidencial. En todas las demás, la negativa fue clara. Y no solo contra la Constituyente. También contra eliminar el financiamiento público a los partidos, contra reducir la Asamblea a la mitad, contra el corazón de la reforma constitucional que el oficialismo presentaba como la llave de la seguridad.

En las preguntas más sensibles, el NO superó el 60 por ciento. Ni el “malestar por la violencia” ni la propaganda digital financiada con más de siete millones de dólares lograron inclinar la balanza, según denunció la excandidata a presidenta Luisa González-

Militarización, bases extranjeras y el recuerdo de Manta

Pero si hubo un punto en el que el pueblo ecuatoriano habló con la fuerza de la memoria, fue en el tema de la soberanía.

La consulta que pretendía eliminar la prohibición constitucional de establecer bases militares extranjeras o cederlas a fuerzas de seguridad externas fue rechazada con la misma contundencia que las reformas políticas.

No se trataba de un asunto simbólico. En las semanas previas al referendo, la secretaria de Seguridad Nacional de EE.UU., Kristi Noem, había recorrido instalaciones militares en Manta y Salinas, evaluando potenciales escenarios para un despliegue ampliado de tropas. Manta, ese territorio donde funcionó hasta 2009 una base estadounidense –cuando Correa decidió no renovar el contrato y blindó constitucionalmente la prohibición– volvió a estar en el centro del debate.

La visita de Noem no fue un gesto protocolario: fue el espaldarazo visible a un proyecto mayor. La administración del presidente Donald Trump quería convertir a Ecuador en un laboratorio hemisférico de cooperación en seguridad, un caso piloto de “seguridad integrada” que reforzara el retorno del enfoque militarista de Washington en la región.

Para sectores de la oposición ecuatoriana, Noboa “compró esa idea” y la empacó para consumo electoral como si fuera la única salida frente a la violencia.

Blackwater, mercenarios y la sombra de la tercerización de la seguridad

El referendo deja, además, otra “viuda” política al norte: el ecosistema de empresas de seguridad privada articulado alrededor de Erik Prince, fundador de Blackwater, la empresa de mercenarios más conocidas del mundo.

Desde marzo, Noboa había anunciado alianzas estratégicas con el empresario para combatir el narcotráfico y proteger infraestructuras nacionales. Prince regresó en abril, acompañó operativos policiales en Guayaquil y mostró interés en convertir puertos y puntos críticos del país en espacios bajo supervisión de su compañía.

La ciudadanía entendió que abrir la puerta a bases extranjeras equivalía a abrirla también a estos actores privados, ajenos a cualquier control democrático. El artículo 5 de la Constitución no deja dudas: Ecuador es territorio de paz y no cederá bases ni instalaciones militares a fuerzas extranjeras.

Al rechazar modificar ese artículo, los votantes también frenaron las aspiraciones de quienes querían hacer del país un centro regional donde se concentran, coordinan y expanden operaciones de seguridad privadas

Un mensaje más profundo: soberanía, dignidad y límites al autoritarismo

La victoria del NO tiene dimensión política interna y también un carácter moral que no puede ignorarse. Luisa González lo dijo sin ambages: el pueblo “identificó los intereses reales del mandatario”, entendió el riesgo de convertir a Ecuador en plataforma para un conflicto ajeno y actuó en defensa de la soberanía.

Recordó, además, que la salida de la base de Manta fortaleció la seguridad interna y que durante los gobiernos progresistas Ecuador llegó a ser uno de los países más seguros de la región.

Desde la Confederación de Nacionales Indígenas del Ecuador (Conaie) el mensaje fue igualmente claro: la victoria “pertenece al pueblo movilizado”, a los movimientos sociales que denunciaron el carácter real de la consulta. Y agregaron una lista de urgencias: frenar el autoritarismo, detener la privatización encubierta, impedir que el Estado se use para beneficio particular.

El referendo, así, funcionó como un correctivo democrático: una ciudadanía que distingue entre inseguridad real y la inseguridad fabricada para justificar decisiones riesgosas.

La violencia que vive Ecuador no legitimó las apuestas de alto voltaje del oficialismo.

Lo que el NO deja para América Latina

El resultado ecuatoriano no ocurre en el vacío. Forma parte de un ciclo regional que muestra fatiga ante proyectos neoliberales, rechazo a la militarización permanente y escepticismo ante las recetas importadas para combatir el crimen.

Que la Constitución de 2008 –construida en medio de un proceso participativo amplio– haya sido ratificada por segunda vez constituye un hecho histórico, así lo recordó Correa. Ecuador reafirma, de esta manera, un modelo constitucional que protege bienes públicos y que apuesta por un Estado capaz de equilibrar derechos y soberanía.

El NO ecuatoriano es, en esencia, un SÍ a otras cosas. Sí a la soberanía. Sí a la dignidad. Sí a la memoria. Sí a la paz como principio, no como slogan. Sí a que las urgencias no se resuelvan recortando la Constitución ni cediéndole territorio a potencias externas o a mercenarios corporativos. Sí a que la seguridad no puede ser excusa para legalizar la injerencia.

Noboa dijo en redes que respetaba la voluntad popular y que “seguirá luchando con las herramientas que tiene”. Pero el mensaje de las urnas fue más profundo: Ecuador no quiere más experimentos con su futuro. No quiere IA escribiendo normas, ni bases extranjeras, ni reformas nacidas de la propaganda digital.

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