Foto. / Yasset Llerena / Archivo de Bohemia
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El rostro cambiante de La Habana

Ayer y hoy de seis lugares bien conocidos


Inexorablemente, las ciudades se renuevan, cambian, cada cierto tiempo. ¿Por qué habría de ser una excepción la capital cubana? Sus actuales municipios no solo tuvieron antaño otros nombres y demarcaciones, también en ellos han ocurrido procesos de reconstrucción, remodelación, cambios en el uso del suelo. Un recorrido por sitios emblemáticos de la urbe provee ejemplos de esas transformaciones. 

El majestuoso Capitolio habanero se asienta en el área destinada otrora a la Estación de Villanueva. Al decir de Oireniel Torres, en el libro Ferrocarril, historia, espacio y patrimonio en Cuba, el edificio principal de “los que se llamaron Caminos de Hierro de La Habana […] se convirtió desde su inauguración en 1840 en precursor de la tipología que tendrían las edificaciones de terminales y apeaderos de ferrocarril” en la Cuba decimonónica. Disponía de “oficinas, estafetas de correos y telégrafos, sala de espera y baños [además] de un área cubierta que daba cobijo al andén del tren”.

Del Cementerio General, o de Espada –apellidado así en honor al obispo que lo estableció–, abierto en febrero de 1806, solo perdura este muro en el Callejón de Aramburu. Debido al crecimiento urbano y demográfico, el camposanto pronto resultó insuficiente. Resultó forzoso agregar nichos adosados a paredes. En 1844 la condesa de Merlín describió de esta forma la entrada: “un pórtico de piedra de muy buen gusto, adornado de bajos relieves y rodeado de árboles, cuyas frutas y flores caían con profusión sobre las urnas cinerarias colocadas a los lados del edificio”. Y agregó: “El cementerio se compone de dos anchas calles de losas, que forman una cruz griega, dividida en cuatro brazos iguales, y rodeadas de una verja y de cipreses de prodigiosa altura”. Según refiere el historiador Emilio Roig de Leuchsenring, fue “clausurado, por acuerdo de las autoridades eclesiásticas y civiles, en 1878”.

Foto. / Yasset Llerena
Foto. / Archivo de Bohemia

En el mismo Barrio de San Lázaro, donde ahora se alza, frente al Parque Maceo, el hospital Hermanos Ameijeiras, funcionó desde el siglo XIX la Casa de Beneficencia y Maternidad, una institución que acogía a niños abandonados o cuyas familias no podían sustentarlos. Finalizando los años 50 de la siguiente centuria fue demolida para erigir en ese terreno el Banco Nacional de Cuba. El proyecto se desestimó en la década de los 60 y a lo ya construido se le asignó un nuevo destino, la citada institución hospitalaria, la cual abrió sus puertas en diciembre de 1982.

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Oficialmente el Mercado de Colón quedó inaugurado en 1885. Ocupaba la manzana comprendida por las calles Monserrate, Zulueta, Ánimas y Trocadero. Ya en 1925 se habló de clausurar la también llamada Plaza del Polvorín, pues el trasiego de las mercancías, el ruido, la afluencia de compradores, los residentes en el piso superior, no se avenían con las funciones y empaque del cercano Palacio Presidencial. Sin embargo, los funcionarios municipales y la ciudadanía clamaron en contra. Algunos arquitectos defendieron la solidez y armonía de su diseño, el carácter patrimonial. Pero no pudieron salvarla. A partir de 1954 ocupa esos predios el moderno Museo Nacional de Bellas Artes.

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Frente al hotel Riviera aún vemos la Plaza y Fuente de la Juventud, estrenadas en julio de 1978. Tres decenios atrás, en la denominada entonces intersección de Paseo y Mar, una obra pretendió seguir los pasos del Madison Square Garden y ofreció desde 1944 competencias de baloncesto, boxeo, lucha, voleibol; asimismo espectáculos circenses y patinaje sobre hielo. En los meses previos a su apertura, la prensa reveló varios datos, por ejemplo: el Palacio de Convenciones y Deportes “sería un alarde verdadero de la ingeniería moderna”, podía acoger a 10 000 personas, e incluía una piscina “de veinticinco metros de extensión y surtida con agua del océano”. Aunque en 1954 los responsables de emprender la ampliación del Malecón habanero aseguraron que el inmueble no se vería afectado, sí cayó bajo la piqueta destructora antes de concluir la década.

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Vedado, calle P, entre 23 y Humboldt. Nada indica el esplendor y la popularidad de aquella edificación de varias plantas donde prosperaron en el siglo XX el afamado cabaret Montmartre –en él actuaron incluso relevantes artistas foráneos– y posteriormente el restaurante Moscú. Este último ofrecía platos típicos rusos y estaba ambientado de manera similar a los locales moscovitas. Un incendio arrasó el lugar en 1989; tras varios decenios en mal estado, fue derribado.

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Como cualquier tejido vivo, La Habana continuará modificándose. Lo que en su aniversario 506 consideramos algo corriente será en el futuro motivo de curiosidad y asombro.

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