Un modelo biomédico revela cómo grupos de células cancerosas ingresan al torrente sanguíneo
Nunca llega con prisa. Tampoco golpea la puerta. Se desliza. Se siembra. En silencio. A veces en el pulmón, otras en el hígado, en el colon, en los huesos, en los ganglios. No se detienen en un solo lugar. Esa es su naturaleza. Su proceder no es el estruendo, más bien la persistencia.
La llaman metástasis a la expansión de la enfermedad. En su danza invisible, toma células que ya dejan de obedecer y las convierte en viajantes oscuros. Van en grupo, se protegen entre ellas, se defienden del sistema que intenta detenerlas. Sin necesidad de romper nada. Les basta con persuadir. Y lo hacen.
Transforman su entorno. Corrompen las paredes de los vasos. Alteran el lenguaje de las células. Convierten al cuerpo en un terreno disponible, un mapa en disputa. Circulan en enjambre. Se multiplican ilimitadamente. Nadie las ve llegar. Cuando sucede, es porque ya están en todas partes.
Durante años, ese desplazamiento mortal fue un misterio. Un relato contado a pedazos, del cual no hay imágenes. Hasta ahora; porque, por primera vez, alguien las ha visto cruzar. Las ha seguido y comprendido sus métodos. Y en ese acto de observar lo invisible, abre una grieta. Una oportunidad.
Quizás –solo quizás– la muerte ya no tenga tanta ventaja.
A escala mundial, el cáncer sigue siendo una de las principales causas de morbilidad y mortalidad. En el año 2022 se registraron aproximadamente 20 millones de nuevos casos de cáncer y 9.7 millones de muertes asociadas a esta enfermedad, lo que equivale a cerca de una de cada seis defunciones en todo el mundo, según la Organización Mundial de la Salud.
Las proyecciones para el año 2050 son alarmantes, con un aumento estimado de 75 por ciento de casos y de 90 en las muertes, según reporta el diario británico The Guardian.
La metástasis es el proceso por el cual células cancerosas se desprenden del tumor original, entran al torrente sanguíneo o al sistema linfático y forman nuevos tumores en otros órganos. Explica la revista científica Nature, también británica, que constituye la principal causa de muerte por cáncer, responsable de más de 90 por ciento de los fallecimientos relacionados con esta enfermedad.
Este fenómeno implica varias etapas complejas: invasión local, intravasación (entrada a los vasos), circulación, salida del flujo y colonización de nuevos tejidos. Solo un número muy reducido de células logra completar esta migración con éxito.
El inicio de ese instante crítico fue observado este año en un estudio publicado en la revista de acceso abierto iScience, en el que investigadores crearon un modelo tridimensional y captaron imágenes en tiempo real del momento exacto en que las células tumorales penetran la vasculatura, es decir, todos los vasos sanguíneos en un individuo, de parte del cuerpo o de un órgano concreto. Es la primera vez que se observa la intravasación desde dentro.
El hallazgo representa un hito visual y constituye un giro conceptual: las células no invaden por ruptura, más bien inducen al propio vaso a colaborar en su escape. Se trata de una forma de metástasis sofisticada, donde el cuerpo participa, sin saberlo, en su propia rendición.
El estudio involucró la experiencia y recursos de diversas instituciones académicas y de investigación en Japón. Entre ellas, destacan el Instituto de Ciencias Industriales y el Departamento de Bioingeniería de la Universidad de Tokio, el Departamento de Farmacología y Toxicología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Kyorin, así como la División de Genética del Instituto de Investigación del Cáncer, junto con el Instituto de Nanociencias de la Vida WPI, ambos de la Universidad de Kanazawa.
El equipo detrás del estudio reúne una sólida trayectoria en indagaciones sobre microambientes tumorales, modelos tridimensionales y dinámica celular. Varios de sus integrantes han colaborado previamente en estudios relacionados con la migración celular y la ingeniería de órganos en chip. Sus líneas de trabajo convergen con las del doctor Hiroyuki Yamamoto, quien ha desarrollado modelos matemáticos sobre la evolución clonal y la metástasis. Esta sinergia entre la biología celular, la ingeniería de tejidos y el modelado dinámico ha permitido generar un dispositivo capaz de observar en tiempo real el momento exacto en que las células tumorales escapan hacia la sangre.

Dentro del laboratorio
Para capturar el fenómeno invisible de la intravasación, los investigadores diseñaron un sistema tridimensional basado en tecnología de sistemas microfisiológicos.
Los investigadores emplearon pequeños organoides tumorales –estructuras tridimensionales cultivadas a partir de células de cáncer colorrectal humano– que fueron insertados en un soporte de colágeno, simulando el tejido de un organismo. A su alrededor, se construyó una red de microvasos fabricados a partir de células endoteliales humanas que recubren los vasos sanguíneos.
Este modelo, llamado “tumor-chip”, logró recrear el microambiente de un tumor y observar en tiempo real el momento en que los clústeres entraban al flujo sanguíneo.
El equipo comparó dos líneas celulares: una con mutaciones comunes (AP) y otra más agresiva (AKTP), que resultó mucho más propensa a invadir. Descubrieron que los clústeres tumorales no atraviesan la pared vascular como un martillo, sino como una llave molecular: activan rutas bioquímicas, especialmente la señal TGF‑β y activina, relacionadas con un gran número de procesos celulares. Estas rutas bioquímicas debilitan las uniones entre células endoteliales, permiten su paso y no causan daño estructural visible.
El hallazgo tiene consecuencias importantes. La inhibición de TGF‑β con moléculas específicas logró detener por completo el proceso de intravasación, bloqueando los invadopodios –estructuras con las que el tumor se ancla– y restaurando la integridad del vaso sanguíneo.
La identificación temprana de la intravasación podría permitir intervenciones dirigidas que impidan su avance, lo cual tendría un impacto notable en la evolución de múltiples tipos de cáncer.
La muerte, siempre paciente, ha sido testigo de incontables huidas. Sabe que el cáncer no ataca de golpe. Lo ha visto mil veces. Sin embargo, algo cambia cuando se le arrebata la ventaja. Es una grieta abierta en el muro del misterio.
Esta nueva plataforma científica no detiene aún el cáncer, mas ilumina su trayecto. Permite imaginar un futuro donde el enemigo no se mueva en las sombras, y los tratamientos lleguen antes de que el daño sea irreversible. Y eso, en un mundo en el que millones de personas temen cada día escuchar esa palabra, no es poca cosa.
Donde antes había sólo silencio y resignación, ahora se tiene datos. En lo que era oscuridad, hoy hay una ventana. Quizás la muerte siga al acecho, pero la ciencia, paso a paso, está aprendiendo a cerrarle las puertas.


















