Desde 2023, Israel ha asesinado a más de 60 000 palestinos; de ellos 18 000 niños, muchos muertos por hambre
Gaza se muere; la matan de hambre. Pero hay una realidad ocultada deliberadamente: Gaza no renuncia a ser palestina y el corolario de tal valentía es el asesinato, ser llevados al exterminio total, al hambre. El cinismo sionista e imperial puede argumentar que se les han dado opciones de vida… En el exilio, sí. La historia universal recoge epopeyas parecidas de pueblos decididos a defender la patria hasta las últimas consecuencias. No obstante, en este siglo de hiperconectividad, la hambruna de menores no puede ser escondida bajo la alfombra, y nos laceran las imágenes de una infancia en los huesos, similares a la de los campos de concentración nazis.
Hasta los más fríos calculadores han debido reconocer que Israel retiene la ayuda y los gazatíes están hambrientos. Y si bien buena parte de la economía mundial está engranada con la israelí, la alta política europea y estadounidense empieza a preocuparse. La causa palestina, y en estos momentos particularmente la de Gaza, se ha ganado el corazón de la gente y muchos gobiernos del Sur Global mantienen la radical postura de exigir el fin del genocidio.
Cuba históricamente ha sostenido una solidaridad militante con Palestina. En ese sentido, el ministro de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez Parrilla, este 29 de julio de 2025 condenó el bloqueo del gobierno de Tel Aviv a la entrada de alimentos, calificó la retención de política de hambruna y urgió a Israel a cesar el cerco.
Utilizar el hambre es vieja táctica militar: se usó en la reconcentración de Weyler en el campo cubano, debido al afán español de frenar el avance mambí; en las intenciones del actual cerco de EE.UU. a Cuba en el trasnochado anhelo de derrumbar la Revolución; otrora, en el bloqueo fascista de la ciudad de Leningrado, durante la segunda conflagración mundial. Ahora de nuevo se practica en una población desarmada.

Las fatales cifras
La Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de la ONU indica cómo entre el 27 de mayo y el 21 de julio más de 1 000 personas murieron a manos del ejército sionista mientras intentaban acceder a alimentos. Entretanto, el Informe sobre Seguridad Alimentaria (IPC) de la ONU certificó en julio a uno de cada tres habitantes de Gaza (39 por ciento de la población) viviendo en el espacio de varios días sin comida. Y en la primera quincena de julio, el nivel de desnutrición “creció impetuosamente y alcanzó el estado de hambre en la ciudad entera”.
Más de 20 000 niños fueron diagnosticados con desnutrición aguda, 3 000 en estado grave (la forma más letal) y más de 320 000 –toda la población menor de cinco años de Gaza– están abocados a sufrir malnutrición aguda, otros miles padecen malnutrición aguda grave. La misma fuente certifica que se trata de un panorama casi apocalíptico, donde han colapsado los servicios nutricionales esenciales, cebándose en los lactantes, ya no tienen agua potable, sustitutos de la leche materna o alimentación terapéutica.
Es difícil entonces hacer sobre el tema un análisis desapasionado. A los fervientes partidarios de la “objetividad” a secas, aquí va la declaración de Philippe Lazzarini, el comisionado general de la Agencia de la ONU para los Refugiados Palestinos (UNRWA): “Hoy más niños murieron, sus cuerpos consumidos por el hambre.” Persona non grata a ojos sionistas y yanquis, en las redes sociales señaló el control ejercido desde Israel en todos los aspectos del acceso humanitario, fuera y dentro de la Franja.
Mujer admirable
Otra demostrada persona de bien es Francesca Albanese. Fue cuestionada por el secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, de amplio prontuario en medidas y sanciones coercitivas a medio mundo. Él criticó a la funcionaria y a los esfuerzos de justicia y respaldo de la Corte Penal Internacional (CPI) en las intenciones de enjuiciar a estadounidenses o israelíes partidarios del genocidio. Llegó a objetar la capacidad de la italiana, acusándola de “vomitar antisemitismo descarado, expresar su apoyo al terrorismo y mostrar un desprecio abierto hacia Estados Unidos, Israel y Occidente.”
El articulista Christopher Lynn Hedges apuntó: “Cuando se escriba la historia del genocidio en Gaza, una de las defensoras más valientes y francas de la justicia y el respeto del derecho internacional habrá sido Francesca Albanese, la relatora especial de las Naciones Unidas, sancionada hoy por la administración Trump (…) recibe regularmente amenazas de muerte y soporta campañas de calumnias bien orquestadas dirigidas por Israel y sus aliados, busca valientemente que rindan cuentas los que apoyan y sostienen el genocidio. Ella critica duramente ese tipo de ‘corrupción moral y política del mundo’, propiciatorio de la continuidad de la barbarie”.
Insiste el periodista estadounidense: “(…) su último informe enumera 48 empresas e instituciones, entre las que se encuentran Palantir Technologies Inc., Lockheed Martin, Alphabet Inc. (Google), Amazon, International Business Machine Corporation (IBM), Caterpillar Inc., Microsoft Corporation y el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), junto con bancos y empresas financieras como BlackRock, aseguradoras, empresas inmobiliarias y organizaciones benéficas, que, en violación del derecho internacional, están ganando miles de millones con la ocupación y el genocidio de los palestinos”. Con verticalidad y valentía encomiables, este 3 de julio Albanese dio a conocer indagaciones minuciosas en “De la economía de la ocupación a la economía del genocidio”. Demuestra cómo, sin esa red de empresas, ni respaldo político y moral, Israel no hubiera podido sostenerse durante casi dos años, y menos desde 1948.
El régimen colonialista israelí y los socios (antiguos colonialistas de “sangre azul”) se justifican con argumentos de legítima defensa a “existir” e, incluso, en el paroxismo de la desfachatez, Israel miente al decir que Hamas se esconde tras los civiles de Gaza. La realidad sitúa a la resistencia palestina en el frente de batalla todavía dando golpes puntuales o intentando sacar adelante un acuerdo de tregua, negociado, aceptado, pero luego violado desde Tel Aviv, de espaldas a sus propios ciudadanos y rehenes.
Lynn Hedges es categórico: “El ataque contra Albanese presagia un mundo sin reglas, en el que Estados rebeldes, como Estados Unidos e Israel, pueden cometer crímenes de guerra y genocidio sin rendir cuentas ni sufrir restricciones. Pone al descubierto los subterfugios que utilizamos para engañarnos a nosotros mismos y tratar de engañar a los demás. Revela nuestra hipocresía, crueldad y racismo. A partir de ahora, nadie se tomará en serio nuestros compromisos declarados con la democracia, la libertad de expresión, el Estado de derecho o los derechos humanos. ¿Y quién puede culparlos?”

Tener Estado, un derecho
Van en aumento los países a favor de la creación de un Estado palestino, tanto en el Sur Global como en los industrializados, dígase Francia o Gran Bretaña; esta última lo hará solo si Israel persiste en el genocidio. Otras naciones son Andorra, Finlandia, Islandia, Irlanda, Luxemburgo, Malta, Nueva Zelanda, Noruega, Portugal, San Marino, Eslovenia y España. Por su parte, un grupo de legisladores estadounidenses instaron a la administración Trump a ejercer presión efectiva para alcanzar un alto el fuego. Por su parte, el demócrata Bernie Sanders sostiene que ha llegado el momento de que el Congreso “detenga la financiación de la guerra ilegal y atroz de Israel contra el pueblo palestino.”
Y aunque todavía son pasos insuficientes, el propio reconocimiento de la existencia de “genocidio” significa un avance, considerando que meses atrás se reprimía cualquier manifestación popular propalestina (aún se hace); la tricolor bandera de la nación árabe ondea a la redonda. En el camino a la implementación de la solución de dos Estados, los Gobiernos de Francia y Arabia Saudita auspiciaron una conferencia de alto nivel en Nueva York.
Allí el secretario general de la ONU, António Guterres, fue enfático: “El Estado palestino es un derecho, no una recompensa.” ¿Cuál es la alternativa? –preguntó al auditorio– ¿un Estado único donde los palestinos vivan bajo ocupación permanente, sin igualdad de derechos? Eso no es paz ni justicia, ni está permitido por el derecho internacional (…) la solución de dos Estados está más lejos que nunca, pero esta cruda realidad nos obliga a redoblar los esfuerzos para alcanzarla.”
En aras de evitar toda duda, recalcó: “Gaza ha caído en una cascada de catástrofes (…) la población entera ha sido desplazada una y otra vez. El hambre acecha. Y el mundo observa”; exigió un alto al fuego inmediato y permanente, la liberación de todos los rehenes, acceso humanitario total y respeto al derecho internacional, así como el fin de la anexión de los territorios palestinos ocupados y del desplazamiento forzado. “Estas medidas no son condiciones previas a la paz. Son su fundamento (…) nada justifica la destrucción de Gaza, la hambruna infligida a la población, ni la matanza de decenas de miles de civiles (…) lo de Gaza es una crisis moral que desafía la conciencia global”.
¡La historia pasará factura!


















