El llamado “Corolario Trump” amplía el viejo intervencionismo estadounidense en América Latina. / actualidad.rt.com
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Espectáculo de la crueldad trumpista

La violencia, los memes y la propaganda brutal funcionan como herramientas de gobierno


Donald Trump ya consiguió su propósito en menos de un año en la Casa Blanca. Actúa como un rey absoluto. Se siente continuador del presidente Theodore Roosevelt, quien dio su nombre en 1904 al Corolario a la Doctrina Monroe, con el que reivindica la interferencia en los asuntos internos de los países latinoamericanos.

Si aquel inspiró el intervencionismo político y militar durante el siglo XX, ahora el Corolario Trump promueve una red de regímenes afines a su política y ejerce la máxima presión. Aparentemente, el fin último no es invadir, ocupar o cambiar un gobierno, sino dominar un amplio territorio en un plazo dilatado, en la medida en que se intentan cauterizar las rutas comerciales del adversario y obstaculizar movimientos políticos de izquierda, como se demuestra en la interferencia en las elecciones de Argentina, Ecuador y Honduras.

La administración difunde sistemáticamente videos crueles y brutales. A diario, las redes sociales muestran explosiones de barcos presuntamente dedicados al tráfico de drogas, migrantes esposados y llorosos bajo custodia de agentes enmascarados, o la puesta en escena de encarcelamientos en prisiones salvadoreñas.

El pensador estadounidense James Madison sostenía que todo gobierno se basa en la opinión pública. Esta configuración moral del electorado concede al presidente libertad de acción y lo que el mundo deberá enfrentar mucho después de su partida. En medio de este torrente de horrores, conviene preguntarse qué está haciendo la administración Trump al alma del mundo.

Videos oficiales glorifican la fuerza y normalizan la crueldad en redes sociales. /npr.org

El 2 de septiembre, un barco frente a Trinidad y Tobago fue objeto de ataques estadounidenses. Según reveló The Washington Post, el secretario de Defensa Pete Hegseth ordenó eliminar a todos los ocupantes, alegando que se trataba de narcotraficantes. Una primera embestida neutralizó la embarcación, dejando a dos supervivientes aferrados a los restos. Posteriormente, el almirante Frank M. Bradley ordenó un segundo ataque, asesinando a estos hombres indefensos.

Lejos de ofrecer análisis jurídicos rigurosos o justificaciones detalladas, la gestión Trump, glorificando la brutalidad, recurrió a memes, videos de asesinatos y escenas de violencia que incluso involucran niños.

Los más recientes sucesos en el país norteño encajan en ese perfil. En la víspera del Día de Acción de Gracias, la soldado Sarah, del condado de Webster, fue asesinada; y Andrew, del condado de Berkeley, resultó gravemente herido, presuntamente por Rahmanullah Lakanwal, un refugiado afgano residente en Bellingham, Washington.

Los primeros hallazgos sobre sus motivos no encajan con la narrativa del movimiento MAGA, según la cual los inmigrantes serían criminales peligrosos por naturaleza. En cambio, emerge un contexto estadounidense reconocible: el trauma inducido por el imperialismo, la falta de recursos e infraestructura para ayudar a los necesitados y el acceso a armas crearon condiciones de violencia. Este es un escenario muy estadounidense que la administración Trump utiliza para justificar y acelerar su agenda antinmigrante.

La glorificación de la muerte, los memes deshumanizantes sobre el sufrimiento ajeno y las promesas de violencia acompañadas de justificaciones absurdas convergen en un mismo punto: un ejercicio de poder sin límites que redefine la moral pública.

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